Pujas nucleares y electorales



Valgan mucho o valgan poco, las primarias ya dominan este tiempo.
“No hay que meterse en el debate de la Central. Esperemos hasta octubre”, repite Weretilneck. Ese control no es posible, especialmente con el giro de la ubicación.

Sierra Grande volvió a la lista, con firmeza. “Yo”, saltó Nelson Iribarren ante la pregunta de quién se lleva la central nuclear formulada por el jefe de Estado, Mauricio Macri, cuando el miércoles saludó a sus intendentes en Río Negro.

Nación resguarda tres o cuatro lugares mientras siguen los estudios. “Restan informes, pero la opinión final será política”, aceptan los técnicos. Sierra Grande estaba apartada cuando Macri y Weretilneck viajaron a China. ¿Qué pasó luego? Rotó la relación del gobernador e Iribarren, muy deteriorada. El vínculo se reparó en una reunión en Viedma, y el jefe serrano relató por qué la planta deberá construirse en su ciudad. Aquél aceptó esa opción, igualmente alejando el tema del cuadro electoral.

El martes, el subsecretario de Energía Nuclear, Julián Gadano, recibió finalmente a Iribarren y al diputado Sergio Wisky. En pocos días, los tres volverán a juntarse y será en Sierra Grande, como muestra de su reposición.

En Viedma –con la supuesta localización en Bahía Creek– hay inquietud pero el Municipio serrano garantiza, hoy cuanto menos, atención y expectativa.

El debate ambiental es un asunto riesgoso. La diputada y candidata María Emilia Soria bien lo supo el miércoles en la asamblea antinuclear. Asistió con su proyecto de controles, pero el ambientalista Elvio Mendioroz aprovechó para pedirle su “esfuerzo” contra la megaminería con cianuro. Silencio. La solicitud no fue inocente, sostenida en la derogación de la ley anticianuro de fines del 2011 por parte del gobierno del FpV, liderado por Carlos Soria.

Esos temas serán acaparados por Magdalena Odarda. “Ni central, ni megaminería”, ya repite. Otro aporte ajeno: la reactivación del proyecto Calcatreu. La senadora –que ahora se postula para la diputación– desalienta la nacionalización. Comparte esa necesidad con Juntos. Sus campos se achicarán si los extremos –macrismo y kirchnerismo– se instalan en Río Negro.

Weretilneck llamó a hurgar en el electorado de ARI y Cambiemos. El vice Pedro Pesatti despegó al oficialismo de Nación. Era lógico, pero sorprendió el calibre de las críticas. El gobernador puso reparos en la definición de políticas “ruinosas”. El “antimacrismo no nos votará, hay que ir por los otros votos”, se quejó.

Tiene razón. El FpV cuenta con un núcleo firme y, en todo caso, Martín Soria deberá afianzar sectores internos, como aquellos ligados a Miguel Pichetto y los seguidores de Mario Sabbatella, recién excluidos de las PASO.

La búsqueda de fidelización también explica la reunión del jefe de Gabinete, Marcos Peña, con los intendentes radicales, y sus reticencias.

El espanto alcanzó al oficialismo. Será difícil –pese al deseo de Weretilneck– correr a la gestión de la evaluación y, además, existe el latente riesgo de inoportunas protestas. Ocurrió el miércoles en un acto en Casa de Gobierno. La gremialista Cristiana Marcelini y, después, un grupo de mujeres irrumpieron con censuras al Consejo de la Mujer. Estos casos dejaron intranquilidad.

Esa prevención explica el abrupto cambio en el trato con ATE, clausurado tras los disturbios frente a la Legislatura. Entonces, el gobierno denunció al gremio por “violento” y Weretilneck llevó la acusación a “tentativas de homicidio”. Cuarenta días después, la prioridad es la quietud. Para eso, Trabajo reabrió el diálogo y Educación restituyó haberes suspendidos a porteros por excesos en sus franquicias gremiales. Antes, el mandamás de ATE, Rodolfo Aguiar, inquietó con su recado. “Habrá escraches”, adelantó a sus interlocutores. Fue suficiente.

Lo hecho o deshecho por el gobierno subsistirá en la campaña, a pesar de que Weretilneck siempre es el artífice y, también, el mejor maquillador de esas debilidades.

Sierra Grande se reinstaló

como sede de la central nuclear. “Restan informes, pero la opinión final será política”, plantean en Nación.

El oficialismo tendrá dificultades en apartar a su gestión de la evaluación electoral y existe el riesgo de las protestas. Volvió a negociar con ATE como método preventivo.

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Sierra Grande se reinstaló
como sede de la central nuclear. “Restan informes, pero la opinión final será política”, plantean en Nación.
El oficialismo tendrá dificultades en apartar a su gestión de la evaluación electoral y existe el riesgo de las protestas. Volvió a negociar con ATE como método preventivo.

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Pujas nucleares y electorales