Qué hace esta artista plástica mexicana con nuestra comida, en el Alto Valle

Arte y alimento. Yéssica “La Tragona” Díaz pasa este enero en la Residencia Artística Barda del Desierto. Qué está tramando en Contralmirante Cordero.



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Yéssica “La Tragona” Díaz(Foto: Mauricio Morón )

Por Victoria Rodríguez Rey

Al parecer el alimento y el arte es una deliciosa combinación histórica, prehistórica. Al entender que la comida comienza con la recolección, la caza, la selección de la semilla, se identifica que el arte alimentario está plasmado en cavernas prehistóricas con escenas de caza, por ejemplo. Y así siguió la manifestación en relieves, pinturas en murales, tumbas, estatuillas, maquetas, de las civilizaciones egipcias, griegas, romanas desde donde se reconstruye la manera de interpretar el mundo de cada periodo histórico. En el Renacimiento, en la Modernidad, la comida es fuente de inspiración artística y a pesar de su característica intangibilidad (aquello que no perdura en el tiempo), la intervención del arte como herramienta de registro, permite sacar radiografías de ese momento.

Tantísimos artistas abordaron esta combinación entre alimento y arte en el siglo XX. Andy Warhol, en los setentas, identifica elementos cotidianos y representativos de la cultura de masas de esa época. La conocida sopa Campbell en serie representa la masificación de la sociedad de consumo.

Hacia el siglo XXI, en México, la artista plástica Yéssica Díaz, avanza desde hace 15 años hasta esta parte con proyectos vinculados al alimento. “¿Cómo hacer del hambre un movimiento?, ¿Cómo hacer de la gula una arritmia?, ¿Cómo hacer del antojo un objeto móvil?” son algunas de las inquietudes que la movilizan y avanza. Escucharla inspira a la imaginación, abre el apetito y del intercambio se prolongan sus caminos. Yéssica “La Tragona” llegó hace unos pocos días a la región del Alto Valle. Durante este enero se encuentra sumergida, como adobando una nueva pieza de arte, en la Residencia Artística Barda del Desierto. En la Escuela Primaria N°135 de Contralmirante Cordero, mientras los niñas y niñas se zambullen en los canales de riego, se generar un espacio de experiencia, de formación y de creación. De la Residencia Artística no sólo se enriquecen a los artistas, sino que contribuye al encuentro con la comunidad donde se lleva a cabo.

Nacida en Tlalmananco de Velázquez, al pie del volcán Iztaccihualt, en México, formada en la Universidad de Toluca y con residencias itinerantes en los puertos del mundo Jéssica Díaz lleva entre sus pertenencias preguntas que van guiando su formación y recorrido. Qué sucede entre los alimentos y el cuerpo, cómo cada decisión repercute en el cuerpo, en tanto posicionamientos, organización, grados de conciencia, reflexión, son ingredientes de base que guían los proyectos individuales y colectivos de la artista. En Colombia “se desataron las nostalgias”, sostiene y fue así que comenzó esta experiencia de abordar artísticamente el alimento que entiende “es inagotable”.

Escribir 250 invitaciones a personas en Madrid que cumplan el 5 de diciembre para que la acompañen a compartir una torta colectivamente y celebrar su cumpleaños en un espacio público de la ciudad; estar durante una hora amasando entre tres personas 15 kilos de harina con agua y levadura y explorar la materialidad de los cuerpos; llenar una heladera con las imágenes de la gráfica de los supermercado de alimentos en oferta que promocionaron durante seis meses y conocer las interpretaciones de lo que es la comida y el poder de la mercadotecnia son apenas algunas de las inquietudes relacionales, las necesidades de compartir, las estrategias de convivencias y que generalmente terminan en piezas artísticas.

En esta ocasión, y durante el mes que dura la Residencia, seguirá avanzando con el proyecto “JUNTOS. Prácticas para reunirnos a comer”, en donde indaga sobre cuáles son las formas, los medios para juntarnos, qué, cómo y por qué nos vinculamos con y mediante el alimento. “No encuentro diferencia entre la práctica artística y la práctica de vida, no encuentro en qué momento se separan. Quizá es así que todo lo convierto en pieza artística.” Y así, la vida de Yéssica es una constante obra de arte. Ahí está, en un aula de una escuela primaria, recorriendo mercados locales, armando talleres, generando espacios de intercambio, con la receta del platillo de tortitas de camarón seco que hacía su abuela, con sus pendientes de cuchara y tenedor, con su piel impresa de cucharones y espumaderas.

Indagar sobre su objetivo de intervención en esta región promete combinar lo colectivo, los recursos y sus prácticas. Sin embargo la paciencia y la inquietud sobresalen. Sea cual fuera el resultado, el registro artístico de Yéssica será, una vez más, testimonio y aporte cultural de este rincón del mundo hacia la generación de nuevas cartografías alimentarias.

Más información:

fb bardadeldesierto

https://bardadeldesierto.org

http://yessicadiaz.blogspot.com


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Qué hace esta artista plástica mexicana con nuestra comida, en el Alto Valle