“¡Qué indignación!”

Fue muy grande mi indignación –y supongo la de muchos– cuando por los medios de comunicación me entero que liberaron al muchacho que es el único sospechoso de golpear, violar y robar en Centenario a una ancianita de 85 años. Este joven tengo entendido que fue visto por un testigo saliendo de la casa de esta indefensa mujer, y según lo que leí de las declaraciones del juez de acuerdo a la figura legal, hasta que no se lo condene puede permanecer en libertad porque dicen los magistrados que toda persona es inocente hasta que se demuestre lo contrario. Bueno, yo le preguntaría a los jueces que son tan tolerantes –por ejemplo, le diría al magistrado–: ¿qué tal si un joven de 18 o menos edad se mete en la casa de su madre, la golpea, la viola y la roba, y después sale corriendo y es atrapado; o si a la única hija de un juez un delincuente le da una trompada, la hiere y después le roba la cartera? Le puedo garantizar que si el juez es familiar de cualquiera de estas dos mujeres muy maltratadas va a hacer pesar la ley en lo que más pueda a quien sea. Para que la ley pese los que administran justicia deberían pensar en el dolor ajeno. También me gustaría saber qué pensó tiempo atrás el exalcalde de Nueva York cuando cambió más de cien jueces. Ese ataque a esa anciana es algo más que un hecho de sospecha, porque también se ha sumado al testigo que lo vio huir a este individuo de la casa de la ancianita, entonces éste no debería recuperar la libertad por mucho tiempo. No sé del Código Procesal, pero el hecho de hacer algo tan aberrante como golpear y violar a una mujer de tanta edad es terrible. Debería estar, como mínimo, 20 años preso. La ley no tiene que tener tantas vueltas, porque lo que está mal, está mal, y debe pagarse severamente con prisión. Creo sin temor a equivocarme que cualquier persona que haga algo malo debería tener una pena mínima de 10 años inapelable, y si tiene antecedentes, 20 o más años. Y estoy seguro de que en poco tiempo la delincuencia va a disminuir en un alto porcentaje y, por supuesto, creo que en las cárceles todos los presos deberían trabajar para ganarse su pan, como lo hacen todos los ciudadanos. Que trabajen estos delincuentes caraduras. Después empezarán a sentirse bien porque cuando se den cuenta de lo que es vivir en paz muchos cambiarán de oficio. Y si no quieren trabajar, un mes de solitario. Y si sigue en esa postura, todo el tiempo solo, hasta que cambie de idea. Seguro que la gran mayoría pide trabajar, porque el ser humano no puede vivir en soledad, y desde ya la prisión no tiene que ser un lugar de reunión con sus iguales. Todos los presos deberían ser monitoreados permanentemente. Cuando se sospeche de algo indebido dentro de la cárcel, ver con la cámara días atrás y se verá si hizo algo malo, así será imposible realizar cosas incorrectas en prisión. Las personas son como las frutas: si una se pudre hay que sacarla enseguida del cajón, sino se pudre todo. Los seres humanos son estados mentales y si no se saca de circulación una mente pervertida, ésta corrompe otra. Y así está el país, con una inseguridad tremenda, porque los delincuentes entran por una puerta y salen por la otra para seguir enseñando y perfeccionado en el oficio a sus colegas. Si no son suficientes las cárceles pueden construir nuevas los presos, controlados por gente eficiente –que hay mucha–. Desde ya llamar a concurso a personas interesadas en seguridad carcelaria. Nada de acomodos políticos, porque empiezan los turbios negociados. Horacio Marcote DNI 11.233.956 Neuquén


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