“¿Qué proponen los candidatos?”

Redacción

Por Redacción

No hay más que escuchar a algunos candidatos de la oposición (¿?) al gobierno K para darse cuenta de que sus propuestas son sólo una puesta en escena en una campaña destinada a embaucar ingenuos que confíen en sus espectaculares anuncios. Empiezo por la verborrágica Carrió, la cual, en todo programa de tevé, utiliza los mismos latiguillos y disparadores (mientras mira a su alrededor para ver si es observada por algún enemigo oculto tras las cámaras) y sólo rememora ante sus interlocutores las constantes denuncias contra el régimen y también algunos opositores. Otro tanto sucede con el socialista Binner, quien se encuentra acurrucado en la bota santafecina como si no hubiese más espacio político que el de su propia provincia. Ni hablar de sus nuevos aliados, Stolbizer, el lenguaraz Luis Juez y el propio “Pino” Solanas. Sin dudas Norma Morandini ha sido víctima de esta componenda electoralista que posiblemente sólo aguante hasta el 24 de octubre. Estos personeros de la izquierda folclórica nacional tampoco exhiben coherencia con su propia ideología, si la tienen, más allá de su palabrerío inconsistente y vacuo. A estos candidatos se suma Ricardo Alfonsín, quien dejó de ser radical para convertirse en socialdemócrata (sin sacar los pies del plato de la Internacional Socialista), quien ‘coherentemente’ lleva como candidato a vice a Javier González Fraga, ex director del BCRA de Menem, asesor de bancos y entidades financieras, un exponente del más excelso liberalismo económico. Hablar de Rodríguez Saá, caudillejo puntano a perpetuidad al que puede parangonarse con el fallecido ex presidente, que cree estar convencido de que administrar un país de 40 millones de habitantes es como manejar la política doméstica de San Luis (su coto privado), con poco más de 400.000 (sexta parte del partido bonaerense de La Matanza), es una utopía o un delirio. Estimo que todos ellos deben ser muy celosos guardianes de sus proyectos, al punto de que no se les cae una idea. Todos estos políticos se refieren a las cuestiones fundamentales del país como aquellos que pretenden arreglar los problemas del mundo en una charla de cafetín. Parlotean sobre la crisis de la seguridad interior, del trabajo, de la energía, de los recursos naturales, de la justicia, de la educación, de la salud, etcétera, con una liviandad propia de quienes creen saber de todo y no pueden sostener sus propios conocimientos profesionales, si es que los tienen. Lanzan al éter ideas en carpeta que más allá de las buenas intenciones no respetan el mínimo de las reglas que rigen los proyectos científicos y serios para una población a la cual deben considerar semianalfabeta. Es fácil para ellos decir haremos tal o cual cosa, lo difícil es decir “cómo, cuándo, dónde y con qué”. Sin dudas que nuestra sociedad, al igual que muchas del orbe, ha abandonado en general la práctica de la lectura y por ende la búsqueda de información y, al decir de Pierre Bourdieu, se limita a sentarse frente al televisor a recibir instrucciones de algunos periodistas ‘seudoilustrados’ formadores de opinión que con una audiencia semicautiva lanzan datos y supuestas informaciones que el espectador toma como una verdad universal. La comunidad consume el mensaje y lo exhala entre sus relaciones más cercanas generando círculos concéntricos de desinformación en cuestiones importantes, igual que las trivialidades cotidianas que la máquina de corromper ideas (léase tevé) emana con regular frecuencia. Alguna vez deberán entender estos aventureros de la política que la misma se basa en el arte de lo posible y que su llegada al poder debería traer aparejada la más intensa responsabilidad frente a sus mandantes. Son muchas las preguntas que no contestan porque ‘no saben’, ‘no quieren’ o ‘no pueden’ y que son preocupación de la comunidad en general y de sectores de la misma en particular. Fernando Trebino, LE 7.826.484 – Plottier

Fernando Trebino, LE 7.826.484 – Plottier


No hay más que escuchar a algunos candidatos de la oposición (¿?) al gobierno K para darse cuenta de que sus propuestas son sólo una puesta en escena en una campaña destinada a embaucar ingenuos que confíen en sus espectaculares anuncios. Empiezo por la verborrágica Carrió, la cual, en todo programa de tevé, utiliza los mismos latiguillos y disparadores (mientras mira a su alrededor para ver si es observada por algún enemigo oculto tras las cámaras) y sólo rememora ante sus interlocutores las constantes denuncias contra el régimen y también algunos opositores. Otro tanto sucede con el socialista Binner, quien se encuentra acurrucado en la bota santafecina como si no hubiese más espacio político que el de su propia provincia. Ni hablar de sus nuevos aliados, Stolbizer, el lenguaraz Luis Juez y el propio “Pino” Solanas. Sin dudas Norma Morandini ha sido víctima de esta componenda electoralista que posiblemente sólo aguante hasta el 24 de octubre. Estos personeros de la izquierda folclórica nacional tampoco exhiben coherencia con su propia ideología, si la tienen, más allá de su palabrerío inconsistente y vacuo. A estos candidatos se suma Ricardo Alfonsín, quien dejó de ser radical para convertirse en socialdemócrata (sin sacar los pies del plato de la Internacional Socialista), quien ‘coherentemente’ lleva como candidato a vice a Javier González Fraga, ex director del BCRA de Menem, asesor de bancos y entidades financieras, un exponente del más excelso liberalismo económico. Hablar de Rodríguez Saá, caudillejo puntano a perpetuidad al que puede parangonarse con el fallecido ex presidente, que cree estar convencido de que administrar un país de 40 millones de habitantes es como manejar la política doméstica de San Luis (su coto privado), con poco más de 400.000 (sexta parte del partido bonaerense de La Matanza), es una utopía o un delirio. Estimo que todos ellos deben ser muy celosos guardianes de sus proyectos, al punto de que no se les cae una idea. Todos estos políticos se refieren a las cuestiones fundamentales del país como aquellos que pretenden arreglar los problemas del mundo en una charla de cafetín. Parlotean sobre la crisis de la seguridad interior, del trabajo, de la energía, de los recursos naturales, de la justicia, de la educación, de la salud, etcétera, con una liviandad propia de quienes creen saber de todo y no pueden sostener sus propios conocimientos profesionales, si es que los tienen. Lanzan al éter ideas en carpeta que más allá de las buenas intenciones no respetan el mínimo de las reglas que rigen los proyectos científicos y serios para una población a la cual deben considerar semianalfabeta. Es fácil para ellos decir haremos tal o cual cosa, lo difícil es decir “cómo, cuándo, dónde y con qué”. Sin dudas que nuestra sociedad, al igual que muchas del orbe, ha abandonado en general la práctica de la lectura y por ende la búsqueda de información y, al decir de Pierre Bourdieu, se limita a sentarse frente al televisor a recibir instrucciones de algunos periodistas ‘seudoilustrados’ formadores de opinión que con una audiencia semicautiva lanzan datos y supuestas informaciones que el espectador toma como una verdad universal. La comunidad consume el mensaje y lo exhala entre sus relaciones más cercanas generando círculos concéntricos de desinformación en cuestiones importantes, igual que las trivialidades cotidianas que la máquina de corromper ideas (léase tevé) emana con regular frecuencia. Alguna vez deberán entender estos aventureros de la política que la misma se basa en el arte de lo posible y que su llegada al poder debería traer aparejada la más intensa responsabilidad frente a sus mandantes. Son muchas las preguntas que no contestan porque ‘no saben’, ‘no quieren’ o ‘no pueden’ y que son preocupación de la comunidad en general y de sectores de la misma en particular. Fernando Trebino, LE 7.826.484 - Plottier

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