¿Queremos bien al país los argentinos?






Nuestro primer error fue, ha sido y es, creer que este país es un ente de riquezas inagotables que siempre puede darnos y sobre todo no recapacitar en una verdad esencial: la Argentina somos nosotros,


Los que habitamos el suelo argentino, extenso, generoso, dador, preguntados sobre el tema, responderíamos que sí, que sí amamos el país que nos aloja. Pero, ¿es esto verdad?

Partamos de la aclaración primera de lo que consideramos es el amor, a lo que respondemos sintetizando: lo primero es conocer al ser amado, es elegirlo, cuidarlo, hacerlo crecer dándole de nosotros mismos. En definitiva hacernos cargo de él.

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¿Cuidamos los argentinos el suelo que pisamos? ¿Propendemos a su crecimiento? ¿Hacemos para que crezca y llegue a ser un gran país, una gran Nación?

Una respuesta sincera puede causarnos mucho dolor. Enfrentémosla.

El país de hoy, la Argentina en cuyo espejo nos vemos sus habitantes, puede sorprendernos desagradablemente. Manifestaciones multitudinarias, cortes de calles, protestas, denuncias de unos contra otros, una gran grieta separándonos, promesas políticas por el suelo aunque, eso sí, siempre esté presente la bandera argentina.

¿Es que nuestro sentimiento de amor a la patria solamente ha podido llegar hasta allí y quedarse alardeando con las letras del himno y otros cánticos, y más actos y discursos y promesas que siempre terminaron y terminan desbarrancadas?

Bien sabemos que hubo un tiempo histórico en que la nación Argentina descolló en el mundo y se transformó en tierra de promisión a la que muchos hombres de la tierra eligieron como hogar y donde vinieron a cumplir sus sueños de progreso.

Viéndola hoy, empezamos a reconocer lo poco que hemos construido los argentinos con el amor que decimos y cantamos y proclamamos tenerle a la Argentina.

En todo caso, y observando el país por el que debemos responder, bien podríamos confesarnos que por algún error de concepción y mucho de conducción, es más lo que de esta tierra hemos consumido que construido, es más los que hemos aprovechado de su generosidad que lo contribuido a su engrandecimiento, y la verdad es que le venimos quitado fuerzas, aliento, inteligencia, y hasta agotado sus posibilidades de superación.

Tal vez nuestro primer error fue, ha sido y es, creer que este país es un ente de riquezas inagotables que siempre puede darnos y sobre todo no recapacitar en una verdad esencial: la Argentina somos nosotros, la suma de sus habitantes del valor de cada uno de los argentinos.

Es decir- debemos repetirlo hasta el cansancio,- un país, cualquiera y también el nuestro, depende de la suma de la riqueza personal de sus habitantes, de sus hombres y mujeres, de sus jóvenes, de la suma de sus cerebros, de su inteligencia, de su propia superación. Somos los argentinos los que nutrimos o debilitamos al país. Siendo como somos.

Tal vez- y debiéramos revisarlo- nuestro error ha sido confiar la dirección del destino patrio en personajes dominantes, egoístas, interesados solamente en sí mismos, entrenados en el arte de convencer... y también saquear.

No dudamos de que siempre actuamos con buenas intenciones pero sí creemos, eso sí, que lo hicimos escasamente encaminados hacia claros fines. Entonces, ¿hemos puesto los argentinos como fines de nuestros actos cívicos el bien de la tan mentada patria?

Sería bueno pensarlo.

Necesitamos, para empezar, cuestionarnos una evidente inclinación a favor de nuestros bolsillos. Solo se escuchan pedidos y las consecuentes promesas de “llenar los bolsillos”, o expresiones semejantes, “llenar las heladeras” y entre tantas desmesuradas promesas electorales como “pagar viajes a egresados” sin tener en cuenta el vaciamiento consecuente de las arcas argentinas, en una notable picada hacia una escandalosa bancarrota.

¡Y para qué hablar de los políticos tan enriquecidos!

Sí, es evidente, los argentinos venimos empobreciendo el país, saqueando sus fuerzas, hipotecando su futuro… que es el nuestro.

El pan es sólo para hoy, no hay proyección hacia adelante, no se habla de trabajo, menos de esfuerzo (la palabra mérito está prohibida), y nada se exige para merecer el reparto de los interesados premios que se reparten… a granel con la sola y evidente intención de comprar votos.

Si no reaccionamos y cambiamos el rumbo demostrando un verdadero amor a la Patria, sumaremos pobreza más pobreza y nuestra mentada autoestima se desvanecerá como la riqueza de esta que pudo, y puede ser aún, una gran Nación.

* Educadora y escritora.


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