¿Quién le teme a “6, 7, 8”?
Cynthia García, una de las panelistas de “6, 7, 8” sintetizó en pocos caracteres lo esencial: “Pongámoslo claro: 6-7-8 el programa puso en discusión el rol de los medios. Visibilizó las intenciones detrás de las noticias. Desnudó a Clarín”. Más adelante: “No aceptan a @678elprograma por lo que hizo: revelar el entramado político en lo mediático. Cuestionar los discursos PÚBLICOS”. Tal es el estado de la cuestión, desde que “6, 7, 8” se transformó en cuestión de Estado. A Mauricio Macri, cuando se le preguntaba sobre el programa, respondía secamente: “Se cierra”. Sin más. Estamos hablando de un programa de televisión, de hora y media de duración, satirizado por la entonces oposición mediática y su periodista estrella Jorge Lanata como un programa “que no ve nadie”. Se recordará que en el debate de los dos candidatos antes del balotaje, Macri lanzó a Scioli lo que le pareció una estocada mortífera : “¿En qué te has convertido, Daniel? Parecés un panelista de ‘6, 7, 8’”. Allí, en la mesa grande en que se establecían debates de la gran política nacional, se sentó muy orondo un extraño invitado. Hernán Lombardi, en conversación con Víctor Hugo Morales, expresó que eran inadmisibles para un medio público las “formas agresivas y fanáticas” en que se ejercía el periodismo en ese programa, para justificar un destino inapelable. Así, los que vienen a cerrar “la grieta” que presuntamente desunió a los argentinos en la última década, con alegría y por el 51% de los votantes, la abisman para el otro 49% que se verá privado en pocos días de un evento iconográfico que marca un espíritu de época. Un psicoanalista sabe cuál es el riesgo cuando se cosquillea en otro “lo imposible de soportar” (Lacan). Entonces la pregunta pertinente es: ¿y qué es lo imposible de soportar del programa “6, 7, 8”? ¿Por qué debe ser eliminado? ¿Por qué es sometido a la deshonra y a la maledicencia? ¿Por qué es un trofeo que hay que arrebatar para glorificar hasta el embeleso de un triunfo final? La mala noticia que difunde “6, 7, 8” es que la noticia no es el reflejo de la realidad y sí su simulacro La noticia es carente de inocencia política. Como el periodismo independiente y objetivo, es una gran fábula difundida por quienes quieren imponer una ideología única. A su vez que la cosa noticia está construida por las técnicas de información que son utilizadas para “informar desinformando” (Ignacio Ramonet, Universidad de París VII). El mismo que acuñó la expresión “censura democrática” para dar cuenta de este fenómeno universal de velar, ocultar, enmascarar y manipular la información que realizan los grandes medios de comunicación bajo el gran paraguas de la libertad de expresión. El poder real sin aceptación social es un poder que se reconoce débil. Necesita de un saber, el llamado conocimiento vulgar, que sea lo más ampliamente compartido. El ejemplo brutal: las chicas se embarazan para cobrar la AUH. Ese poder/saber es el interpelado en el programa. Lo expone y deconstruye para que permita emerger nuevas relaciones de sentido que a su vez crea un simétrico contrapoder. Inviste, ahora se dice empodera, a la audiencia del poder/tener su propia caja de herramientas para decodificar los mensajes públicos. Si se quiere, más que un programa periodístico “6, 7, 8” es una enorme usina pedagógica que actúa como denunciador de lo dado como naturalizado y ya sabido. Pero lo dicho, el poder real no admite la disidencia ni que le cosquilleen en sus entrañas. Cada grupo humano instituye un saber para confirmar un sistema invariable de relaciones de poder. Construye sus mitos, sus héroes y el propio relato de su historia. Se escucha decir, como lograda definición de la alta política, “queremos ser un país normal”. Pero lo no dicho es ¿cuál normalidad? ¿Para quiénes? ¿Y quiénes son entonces los anormales no incluidos? Surge así la figura del anormal, de lo monstruoso deformado, la del “loco”. Esos líderes que denuncian la impostura y a los impostores. Implacable como una sentencia caerá sobre ellos la normalización. Primero la sanción y luego los más despiadados mecanismos de exclusión social. Así, podríamos decir que “6, 7, 8” es el “gran loco” de la familia periodística argentina. El gran perturbador. El denunciador de la codicia del relato totalizante o totalitario. La sinrazón de la razón de los grandes medios formadores de opinión pública. Es el genio maligno que subleva a las voces silenciadas. Y a lo demoníaco se le teme. Y a lo temido se lo encierra, se lo exorciza o se lo calla. (*) Psicoanalista. Psicólogo social
Opiniones
Alberto Rafael Laría Psicoanalista. Psicólogo social.