Rai Torterola en Bariloche: arte para denunciar la violencia de género

La artista visual y performer activista brasileña no pide permiso. Ella lleva su trabajo militante por el mundo. En Bariloche, donde estuvo en el Pechakucha, realizó una conmovedora performance contra el femicidio. “Río Negro” habló con ella sobre su arte.



“Luego de una violación, en mi proceso de sanación me atravesó el activismo y ahora tengo que lidiar con eso porque ya no hay marcha atrás”. Tras diversas intervenciones artísticas sobre la violencia de género en países de Latinoamérica durante el último año, la artista visual y performer activista brasileña Rai Torterola encabezó una acción frente a la iglesia Catedral donde Mariano Cordi asesinó a su expareja, Valeria Coppa, la tarde del 29 de enero.
“Fue asesinada delante de una catedral, símbolo de la religión y del matrimonio clásico. La frase que dicen: ‘los declaro marido y mujer’, como si ser mujer fuera estar casada. Es algo viejo. Y ‘hasta que la muerte los separé’, que un hombre asesine a su expareja frente a este espacio es fuerte”, planteó.
La artista visual que se define como “una activista con preocupación estética” nació en Porto Alegre y reside en Montevideo, Uruguay, desde hace 5 años.
Su primer proyecto consistió en que las mujeres enviaran fotos de sí mismas, mirando a la cámara con la intención de generar “un diálogo de miradas en el que las historias fueran contadas, sin decir nada”. Se exhibieron unos 200 autorretratos. Fue el puntapié inicial para que se generara un espiral de historias relatadas por diversas mujeres. “De pronto, quedé involucrada en esas historias y de alguna manera, el activismo fue ocupando mi vida cotidiana”, admitió la brasileña de 30 años.

Rai Torterola. Performance en la puerta de la Catedral

“Siempre cuento que fui víctima de violación, reconoció, porque después de eso, las mujeres me ven parada resistiendo, viviendo, amando, teniendo nuevas relaciones, siendo feliz. Y dicen yo también puedo”, señaló.
Torterola advirtió que ninguna performance se repite. Una de sus últimas acciones tuvo lugar en México semanas atrás. “Puse mi cuerpo para hablar de una violación que ocurrió en 2016. Consistió en un círculo en el piso donde estaba yo, con 5 hombres alrededor. Tenía que salir de ahí en 37 minutos”, explicó la mujer y puntualizó: “Cuando ese caso fue juzgado, la Corte dijo que no hubo reacción de la víctima, que no hubo una negación a ser violada por 5 hombres. Esto fue un intento de reaccionar y comprobar que una no puede luchar contra 5 hombres. Más allá de que no pude salir, sufrí una fractura del pie”.
El año pasado, una mujer le confió a Rai que su madre había sido asesinada por su pareja el 19 de marzo del 2018. “El tipo no fue juzgado por femicidio y la jueza dijo que la mató por estafa cuando él mismo dijo que la mató porque ‘la amaba’. Había una orden de restricción, denuncias de violación y violencia”, recordó Torterola.
“La apelación de la familia fue rechazada, continuó, y este caso empezó a dolerme. Caminé desde el lugar donde fue juzgado el hombre hasta la Suprema Corte vestida con un mameluco químico y allí, exploté la bomba de humo verde, como metáfora de lo tóxico. Estaba la hija de la víctima, su hermana y sus sobrinos. La hija me abrazó y llorando me dijo que nunca nadie había hecho nada por su madre”.

Me focalizo en el cuerpo desnudo porque tiene que ver con el cuerpo en carne viva. Con el cuerpo violado, traumado, atado”.

P- ¿Cuándo tomó impulso la ferviente militancia feminista?
R- En 2017, fui víctima de una violación y me sacudió mucho. Mi trabajo empieza con este proceso de sanación que no es hablar de mi violación sino hablar de mí como mujer. Mi trabajo ya venía conectado con el cuerpo porque fui bailarina por 20 años. En agosto del 2018 sentí que necesitaba hablar de mi violación pero nadie estaba preparado para que yo narre mi proceso traumático de cómo fui violada. Directamente iban a empatizar y sufrir conmigo y eso no sería algo sanador sino que traspasaría mi herida.

P- ¿Cómo se combina el arte con el mensaje?
R- Mi trabajo no está tan centralizado en lo estético sino en que el mensaje sea claro, directo y obvio a todos los niveles intelectuales. Trabajo en la calle y no en galerías de arte y, no pido permiso. Es una decisión política.

P- ¿Y por dónde pasa este activismo estético?
R -Por invadir, prender fuego, explotar una bomba. En mis vacaciones, estuve en Chile donde hicimos una performance. Me puse a un chico en los hombros durante 45 minutos frente a los tribunales para hablar de los pesos que la sociedad impone, como el patriarcado.

P- ¿Todo está focalizado en la provocación?
R- Todo es una provocación constante. En Brasil, decimos ‘mi cuerpo es política’. Todo lo que se hace o no se hace es un discurso político y busca generar una respuesta del otro. En Latinoamérica, muchos países están bajo el control de la extrema derecha y la respuesta es cada vez más fuerte. Acá “Ni una menos” y la legalización del aborto, en Chile las manifestaciones son masivas porque hay mucha represión.


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