Ramírez mantenía a sus víctimas siempre controladas

Redacción

Por Redacción

Cipolletti

La resolución del juez García Davini hizo hincapié en la situación de “vulnerabilidad” que todas las víctimas presentaban y que fue “aprovechada” por los imputados. Casi todas las historias son repetidas: las jóvenes trans eran captadas mediante redes sociales como Facebook y eran buscadas por Ramírez o algún enviado en sus provincias de origen con la promesa de “mejores condiciones” para el ejercicio de la prostitución en el Alto Valle. Apenas arribaban a Cipolletti eran alojadas en la casa de “Mamucha” y así se forjaba el primer lazo de confianza. Las chicas “nuevas” rápidamente ganaban clientela y por eso “cotizaban” mejor. A cambio debían pagar un canon diario como “derecho a una plaza” en el sector de la ruta que les asignaran. Las menos cotizadas pagaban semanalmente. El canon tenía que abonarse sin importar que las mujeres no hayan trabajado por estar enfermas o convalecientes de alguna violación, paliza o robo. Sin ahorrar en violencia, Ramírez también se encargaba de proteger sus zonas de exclusividad ante prostitutas ajenas a la organización, al tiempo que castigaba a “sus” chicas si “caminaban” más allá del límite permitido.

Una vez ambientadas a la zona, según surge de numerosos testimonios, Ramírez les gestionaba un lugar para vivir, preferentemente cerca de su casa para poder mantenerlas vigiladas. Se les controlaba el horario de salida y llegada, el cumplimiento de seis jornadas semanales de trabajo y la obtención de “metas” diarias en cuanto a la cantidad de clientes.

Profesionales de la Oficina de Rescate de víctimas de trata de Nación intervinieron para contener a las ocho jóvenes damnificadas, quienes siguen siendo asistidas, en la medida que lo aceptan, por referentes de organismos delegados de Río Negro y Neuquén. (Redacción central)


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