Recorramos, juntos, la Ruta 40
Un fotógrafo se sube al auto en Chos Malal. Avanza por la Ruta 40 con destino a Huinganco y Andacollo, en el corazón del norte neuquino. Detiene la marcha cada vez que algo despierta su curiosidad. Aquí comparte su viaje y una selección de ocho de las imágenes que tomó. ¿Te prendés en la recorrida?
Matías Subat subatm@rionegro.com.ar
Un ancho camino de tierra en buen estado. Pinos a los costados. Vacas y caballos aquí y allá. Todo muy limpio y carteles que piden respetar ese paraíso y no ensuciarlo. Esto es lo que ves cuando te desvías de la Ruta Nacional 40 con rumbo a Huinganco, después de Chos Malal y antes de Andacollo.
Pocos kilómetros antes de llegar al desvío hacía Huinganco por la 40 hay un pequeño valle. Si detenés la marcha ahí, quedás justo en un lugar con la altura justa para contemplar todo el cordón montañoso. Claro que también hay habitantes del norte neuquino que observan con curiosidad a los visitantes…
Cuando avanzás por la 40 rumbo a Andacollo en un momento la cordillera del viento te queda de frente, en toda su impresionante dimensión. Viene acompañándote todo el camino al costado y de pronto la ves así y por un segundo pensás que se termina el camino. Después de que recuperás el aliento, podés parar (fijate que haya un buen margen con la ruta) para sacar una foto inolvidable.
Una vez que pasás Huinganco el camino de tierra se hace más angosto. Lo que no cambia es la compañía de los pinos y las montañas, aunque el paisaje es más abierto. Por ese trayecto también podés llegar a Andacollo, pero tenés que tener cuidado porque es sinuoso en las alturas. Y hay tramos donde pasa un vehículo por vez o dos con muy poco margen.
Eso es lo que parece la famosa 40 cuando salís de Chos Malal. El asfalto es apenas un detalle entre la piedra negra y brillosa, con tajos como machetazos en las laderas. Alrededor, las pasturas viran del amarillo seco al verde pleno. La mejor referencia para advertir que es una ruta es el auto que avanza…
Cerca de Chos Malal hay un vallecito lindo como todos, pero que suma un detalle: formaciones rocosas que a la distancia parecen ruinas. En las laderas, el verde toma distintas tonalidaes. Antes de salir de la ciudad no olvides llenar el tanque. Podés comer y dormir en Huinganco y Andacollo.
Exactamente esa es la impresión que te causa el panorama en la margen izquierda de la ruta. Como si la hubiesen dinamitado. También te llama la atención cómo van variando los colores según cómo pegue el sol. Por tramos ves un tono negro volcánico. En otros domina el ocre. Y hay lugares donde brilla como el oro.
Y finalmente llegamos al punto final de este recorrido. Si bien ya venís relojeando el pueblo desde la ruta, en una de las últimas curvas aparece pleno, como sumergido en un pozo que en realidad es un hermoso valle. Desde ese punto panorámico ves la casas, el cordón montañoso y a la Virgen de Andacollo, omnipresente en el cerro.
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