Así es La Campiña donde Mónica Cahen D’Anvers reinventó su vida a los 91 y honra el legado de César Mascetti
Cómo es la nueva vida de Mónica Cahen D’Anvers en La Campiña de San Pedro: el proyecto que compartió con César Mascetti, el rol de su familia y el lugar que combina campo, naturaleza y gastronomía.
¿Se puede volver a empezar a los 91 años? La historia de Mónica Cahen D’Anvers demuestra que sí. Pero no desde cero, sino desde algo mucho más poderoso: todo lo que construyó a lo largo de su vida.
Según lo publicado por revista Caras, la histórica periodista encontró en La Campiña de San Pedro una forma de reorganizar su día a día tras la muerte de César Mascetti en 2022, manteniendo vivo no solo el recuerdo, sino también el proyecto que los unió.
De la televisión al campo: una nueva rutina con sentido
Lejos de la televisión y de la exposición constante, hoy su rutina gira en torno a un ritmo más pausado, pero no por eso menos activo. En La Campiña, recibe visitantes, recorre el predio y acompaña de cerca el funcionamiento del lugar, manteniéndose conectada con el día a día del proyecto. Cada fin de semana, cientos de personas llegan a San Pedro, generando un vínculo directo que sigue siendo clave en esta etapa de su vida.
La Campiña: un proyecto vivo que creció desde cero
El proyecto no surgió de un plan rígido. Todo comenzó con un gesto simple: la plantación de un naranjo en un terreno que todavía no tenía forma definida. Con el tiempo, ese primer paso se transformó en un espacio productivo, un destino turístico y un emprendimiento gastronómico que hoy funciona como un sistema integrado, donde todo está conectado: lo que se produce, se consume y se comparte con quienes visitan el lugar.
La Campiña, ubicada en Río Tala, a pocos kilómetros de la Ruta 9, es mucho más que un campo: es un espacio pensado para desconectar del ritmo cotidiano y reconectar con la naturaleza. Lo que comenzó en 1979 con apenas 12 hectáreas y plantaciones de naranjos, hoy se transformó en un predio de gran escala con cientos de hectáreas, miles de frutales y cultivos.
Quienes la visitan pueden recorrer sus plantaciones, caminar por espacios como el rosedal, la huerta o el palomar, y conocer de cerca cómo se trabaja la tierra. La experiencia se completa con un restaurante de cocina criolla y artesanal, un almacén de campo y distintas visitas guiadas y actividades.
El legado, la familia y el vínculo con la gente
En ese crecimiento también se sostiene el legado de César Mascetti, que va mucho más allá de lo material. Está presente en la forma de hacer las cosas, en el trabajo cotidiano, en el contacto con la gente y en la apertura del espacio. No es un homenaje estático, sino un legado en movimiento.
En esta nueva etapa, la continuidad también está garantizada por la familia. Según detalla Caras, su nieta Sol Mihanovich tiene un rol activo en el proyecto, acompañada por Iván “Vane” Mihanovich y también por Sandra Mihanovich, sumando además propuestas artísticas como shows musicales en el restaurante.
Hay algo que no cambió en la vida de Mónica: su vínculo con el público. Cada visitante que llega forma parte de un ida y vuelta que hoy ocupa un lugar central. En ese contacto aparece también una forma de agradecimiento: La Campiña no es solo un recuerdo, sino una experiencia viva que se renueva todos los días.
A los 91 años, Mónica Cahen D’Anvers no solo encontró una nueva forma de vivir, sino también de proyectar. Entre el legado, la familia y el movimiento constante del lugar, su historia confirma que cuando hay un proyecto con sentido, siempre hay una forma de continuar.
Comentarios
Estimados/as lectores de Río Negro estamos trabajando en un módulo de comentarios propio. En breve estará habilitada la opción de comentar en notas nuevamente. Mientras tanto, te dejamos espacio para que puedas hacernos llegar tu comentario.
Gracias y disculpas por las molestias.
Comentar