Reflexiones sobre el empleo público
GUSTAVO CHOPITEA (*)
El hecho de que Chile haya ingresado este año a la OCDE ha permitido conocer alguna información pública que no está fácilmente disponible en las sociedades en desarrollo. En este caso se trata de la referida al empleo público, una de las herramientas predilectas de los políticos que se especializan en generar dependencia en el electorado, negocio que siempre se mide en votos. Éste es el caso, por ejemplo, de algunas ciudades patagónicas en las que contar con un empleo público parece una suerte de hábito (cuando no un pretendido derecho) capaz de generar adicción. Pero –cuidado– no estamos solos. En todas partes aparece el mismo fenómeno. Hasta en los países de la OCDE, presuntamente los más avanzados y ordenados del mundo. Entre ellos ciertamente Chile, donde el 44% de los empleados públicos permanece más de diez años en su puesto. Hablamos de más de 700.000 chilenos. Ese porcentaje de permanencia es, en cambio, de apenas un 18% en el sector privado, que emplea –en Chile– a unos 4.000.000 de trabajadores. ¡Vaya contraste! Entre las “ventajas” de trabajar para el fisco está la de realmente no tener un patrón con cuerpo y alma. Con frecuencia nadie, en rigor, “manda”. Todos son casi patrones, creen. Además está la de gozar de “estabilidad”, esto es no poder ser dejado cesante salvo casos absolutamente excepcionales. Lo que no ocurre en el sector privado, ciertamente. Finalmente está también la capacidad de poder cumplir, más o menos flexiblemente, con la disciplina y los compromisos de trabajo, desde que en el sector público nadie está demasiado preocupado por eso que en el ámbito privado llamamos “productividad”. Ocurre que los salarios públicos no tienen demasiado que ver con el esfuerzo o el rendimiento; son, más bien, consecuencia de las presiones políticas y gremiales, íntimamente asociadas en países como el nuestro. Quizás por todo esto hablamos de que este tipo particular de empleo puede generar alguna dependencia, si no una cierta ansiosa desesperación por obtenerlo y conservarlo. Porque todos advertimos que es un privilegio del que –sin embargo– no todos gozamos. (*) Analista del grupo Agenda Internacional
GUSTAVO CHOPITEA (*)
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