Relato jaqueado
Ciertos usos del Estado por funcionarios también debilitan la promesa moral.
ADRIÁN PECOLLO adrianpecollo@rionegro.com.ar
Alberto Weretilneck tiene un cometido y dos dilemas. Quedó comisionado al liderazgo del gobierno justicialista y tiene que aprovechar esta oportunidad para su surgimiento político. Ése es su trazado. Sin embargo, lo persiguen las originales limitaciones de su poder y el legado del prometido “cambio” de políticas y dirigentes, como también el mandato de la autoridad moral arengada. Ésos son hoy sus dilemas, siempre vinculados con los problemas coyunturales. La crisis de la fruticultura vuelve y aporta inquietud a su presente. La Nación negó más plata para los productores. Esta contundencia colocó al gobernador en un delicado lugar tras su compromiso inicial a los chacareros de que levantaran la cosecha que después llegaría una ayuda especial. Advierte una complicación. El senador Miguel Pichetto y también su hijo y ministro Juan Manuel no creyeron en sus recetas que, por ejemplo, derivaron en la paralización de aquel proyecto para proponer una estructura estatal de comercialización. Dudan también de la conveniencia de otra asistencia directa, pero igual se alistan en la peregrinación de nuevos aportes y beneficios fiscales. Este apremio incomodó a Weretilneck. La reacción autóctona convergerá en la redistribución de los fondos ya prometidos, como la asistencia para el granizo: con un esfuerzo adicional se incrementarán los 18 millones originales. Hay trabajos circulando para el análisis y la instalación del debate de un sinceramiento en la actividad, a partir de la existencia de unidades de negocios no sustentables y 31.000 hectáreas en estado de abandono, insistiendo en una mayor diversificación. Son esbozos genéricos de un programa aún ausente que, otra vez, se estrellará con la coyuntura. La otra última turbación de Weretilneck fue la resolución de su primera sustitución en el equipo concebido por el gobernador Carlos Soria. Comenzó con Seguridad a conformar su tripulación. Dispuso el alejamiento de Chao Monzón en la secretaría y nombró a Miguel Bermejo, que regresa a la misma función que ocupó hace algo más de cuatro años. La dejó para sumarse al Ministerio de Seguridad de Nación, primero con Aníbal Fernández y luego con Nilda Garré. Amplió su experiencia y su capacitación en su paso nacional, según el historial difundido. Pero ¿quién fue Bermejo en Río Negro? Fue decisivo durante cuatro años y medio –entre mediados del 2004 y diciembre del 2007– en las políticas del gobierno de Miguel Saiz. Primero estuvo en Asuntos Penitenciarios y luego en la conducción de la secretaría, que mantuvo bajo su subordinación a la jefatura policial de Víctor Cufré. Así, en su período, esta fuerza acumuló desaciertos y delitos que Bermejo escudó. Pueden consignarse aquella sucesión de yerros en la desaparición y el asesinato de Otoño Uriarte, las muertes –como otras– por quemaduras de dos jóvenes en un calabozo de Mainqué y su protección a los policías investigados por su relación con la prostitución. Además, su secretaría recibió y contuvo al exagente de la SIDE Carlos Lorenzatti, que fue designado director de Análisis Delictivo y que está imputado por el juez federal Daniel Rafecas por su participación en la represión durante la dictadura militar. Obviamente, Lorenzatti –que renunció en el 2009– mantenía un sigiloso andar pero sí tuvo cierta exposición el 20 de junio de 2007 cuando Bermejo se reunió con el fiscal Ricardo Falca para denunciar destrozos en Casa de Gobierno en una marcha de la Uocra. Aquél concurrió con Lorenzatti, que portaba múltiples fotografías. ¿Qué dice Weretilneck? Relativiza su pasado y valora su capacitación. Cree que su llegada será un sólido lazo con Nación, esencialmente con Seguridad, y que representará aportes especiales para la fuerza policial. Destaca el arribo de técnicos formados con el exministro bonaerense León Arslanian. Weretilneck priorizó su deferencia a la Nación. Esa incorporación la decidió con la ministra Garré y Pichetto. Ambos estarán mañana en la asunción. ¿El senador qué dice? Resaltó la necesidad de ocuparse de un “tema tan sensible” como el de la seguridad y abandonar el recurso de los policías retirados. Alentó el encuadre al “modelo democrático y formación” de la Nación. “No hay muchos civiles expertos” en el área y, aun sus antecedentes en Río Negro, “Bermejo lo es y es una instancia superior a lo que había”, redundó Pichetto frente a las quejas. Comparte el costo y calla ciertas dudas. El resto del PJ se anotició de la decisión y quedó absorto. Reinaron el silencio y el mando gubernamental; incluso se callaron hasta los más molestos e involucrados, como la legisladora Susana Diéguez, denunciante de Lorenzatti y víctima de la represión militar. Esa moderación alcanzó al intendente Martín Soria, que calló reproches y anunció finalmente que limitó su influencia a Roca. Será el inicio del desapego con la gestión provincial. Weretilneck despliega su domingo mientras cada miembro de la congregación sorista intenta sobrevivir en un mundo que cada vez le es más lejano salvo el vicegobernador Carlos Peralta, que cree en su propio designio. En conclusión, el resultado de Bermejo se sabrá en el futuro. Por ahora, la primera percepción es que Weretilneck escogió un contrariado camino al repatriar al ejecutor central en lo ocurrido en Seguridad en parte de la administración radical. Parece su ratificación. Arroja además un valor personal para Weretilneck. La seguridad fue una materia que siempre lo preocupó y lo ocupó en sus gobiernos cipoleños. Aplicó sus ideas, disertó con sus logros y buscó perfeccionamiento, llegando a Canadá, Colombia y Chile. Ubicó a Monzón en la estructura de Soria. Era su tema. Hoy sabe que aquello no logró transformarlo en un plan y en un equipo válido. Pero la llegada de Bermejo transforma esa carencia también en una clara erosión al relato del cambio. Hay expectativas técnicas y disimulos políticos, pero las evidencias son inocultables. Bien lo transmitió un exfuncionario de Saiz y de Bermejo. En Facebook, el radical Santiago Ibarrolaza celebró la designación para concluir que “ratifica que el camino iniciado por el radicalismo era el correcto”. ¿Weretilneck tendrá realmente ese mismo juicio? El mandatario detectó esa contenida resistencia y salió a contrarrestarla con la rápida renovación de la jefatura policial, aprovechando que Jorge Uribe adelantó su partida por antiguos entreveros con Bermejo, que sería su próximo jefe. Se programó el anuncio para el miércoles pero los acontecimientos se precipitaron. “Un civil vuelve a conducir la Policía después de 23 años” fue la proclama. El elegido fue el exconcejal viedmense del ARI y asesor legal de Educación Ariel Gallinger. Antes se había desechado al exjuez Favio Igoldi y al barilochense Diego Puente. No hay que descartar otras acciones si subsiste el eje crítico en Seguridad. Difícil que sean reformas en el gabinete ya que, para eso, habrá que esperar dos o tres semanas. Weretilneck aún prioriza esos tiempos por una razón: entiende que se libera de cierta responsabilidad con la permanencia de los ministros impropios. Si el regreso de Bermejo degradó el discurso del cambio, hay atajos que derrumban el relato moral prometido por el Frente. Hay varios ejemplos de esa depresión por la utilización del Estado pero el reinado recae en el roquense Juan Huentelaf, que Soria promovió en diciembre en la presidencia de Horizonte. El informe de diciembre de Economía detalló 223 asalariados en la aseguradora. Reflejaba una sobrepoblación, producto del plan proselitista desplegado por el radicalismo. Se impuso un esquema de bajas aunque, llamativamente, llegaron otros nombramientos, tantos que se superó aquel número. En mayo ascendió a 244 empleados ya que Huentelaf –hoy presidente del Tribunal de Cuentas– sumó a 37 personas, entre ellos, a tres familiares directos. El nuevo titular, Leandro Gómez, está hoy dedicado a la corrección de esas andanzas radicales y la de sus iniciales aliados. El relato original está en crisis.
DE DOMINGO A domingo