Republicanos, entre el cambio y la terca ortodoxia

Redacción

Por Redacción

WASHINGTON (AP).- Después de la derrota de Mitt Romney en el 2012, muchos republicanos de alto nivel concluyeron que el partido debía moderar su imagen en temas como la inmigración y los derechos reproductivos. Sin embargo, algunos legisladores de ese partido han hecho todo lo contrario: impusieron nuevas restricciones al aborto en varios estados, se resisten fuertemente a un amplio proyecto de ley de inmigración en la Cámara de Representantes de Estados Unidos, atacan sin cesar la ley de atención médica propuesta por el presidente Barack Obama y algunos en la Cámara de Representantes y el Senado se han comprometido a cerrar el gobierno si eso es lo que se requiere para obstaculizar la ley de salud promulgada por el Congreso en el 2010. Estas tendencias preocupan a la conducción republicana y ponen de manifiesto una división creciente en el partido, impulsada más por la estrategia de campaña que por la ideología. Un bando se centra principalmente en las elecciones presidenciales y dice que los republicanos deben cambiar de rumbo para competir en el 2016 y en adelante después de haber perdido el voto popular en cinco de los últimos seis comicios. El otro bando es un ala del Congreso impulsada en gran medida por los conservadores de la Cámara de Representantes centrados en sus propias elecciones y decidida a evitar los desafíos primarios de la derecha. A un nivel distinto del de los demócratas, estas dos alas republicanas a veces trabajan una contra otra. Por ejemplo, un estudio encargado por el partido sobre la derrota de Romney concluyó que se debería aprobar una “reforma migratoria integral” para frenar la pérdida de votantes hispanos a nivel nacional. El Senado ha aprobado un proyecto de ley que crearía un camino a la ciudadanía para millones de inmigrantes que viven en Estados Unidos ilegalmente. Pero decenas de republicanos se oponen a ello, debido a que sus partidarios conservadores no les gusta lo que consideran una “amnistía’’ para los infractores de la ley. En el tono, aunque no siempre en la sustancia, varios republicanos electos parecen estar inclinándose más a la derecha y hacia una mayor combatividad contra el presidente Barack Obama sobre numerosos temas. Sin embargo, pocos asuntos ocupan más a los republicanos preocupados por la presidencia que la inmigración. Varios donantes republicanos y exfuncionarios enviaron una carta a los legisladores instándolos a aprobar una ley que ofrezca un “estatus legal” a los aproximadamente 11 millones de inmigrantes que viven ilegalmente en el país. Los más de cien firmantes incluyeron a exmiembros del gabinete, el exvicepresidente Dan Quayle y el prominente estratega de campaña Karl Rove. Estos esfuerzos parecen tener un impacto escaso en la Cámara de Representantes, donde los republicanos dan un intenso seguimiento al ánimo de los activistas conservadores que dominan las primarias del Partido Republicano en sus respectivos estados. “La inmigración está resultando un gran desafío como la gente temía que sería”, dijo la asesora republicana en Washington, Sara Taylor Fagen.

CHARLES BABINGTON


WASHINGTON (AP).- Después de la derrota de Mitt Romney en el 2012, muchos republicanos de alto nivel concluyeron que el partido debía moderar su imagen en temas como la inmigración y los derechos reproductivos. Sin embargo, algunos legisladores de ese partido han hecho todo lo contrario: impusieron nuevas restricciones al aborto en varios estados, se resisten fuertemente a un amplio proyecto de ley de inmigración en la Cámara de Representantes de Estados Unidos, atacan sin cesar la ley de atención médica propuesta por el presidente Barack Obama y algunos en la Cámara de Representantes y el Senado se han comprometido a cerrar el gobierno si eso es lo que se requiere para obstaculizar la ley de salud promulgada por el Congreso en el 2010. Estas tendencias preocupan a la conducción republicana y ponen de manifiesto una división creciente en el partido, impulsada más por la estrategia de campaña que por la ideología. Un bando se centra principalmente en las elecciones presidenciales y dice que los republicanos deben cambiar de rumbo para competir en el 2016 y en adelante después de haber perdido el voto popular en cinco de los últimos seis comicios. El otro bando es un ala del Congreso impulsada en gran medida por los conservadores de la Cámara de Representantes centrados en sus propias elecciones y decidida a evitar los desafíos primarios de la derecha. A un nivel distinto del de los demócratas, estas dos alas republicanas a veces trabajan una contra otra. Por ejemplo, un estudio encargado por el partido sobre la derrota de Romney concluyó que se debería aprobar una “reforma migratoria integral” para frenar la pérdida de votantes hispanos a nivel nacional. El Senado ha aprobado un proyecto de ley que crearía un camino a la ciudadanía para millones de inmigrantes que viven en Estados Unidos ilegalmente. Pero decenas de republicanos se oponen a ello, debido a que sus partidarios conservadores no les gusta lo que consideran una “amnistía’’ para los infractores de la ley. En el tono, aunque no siempre en la sustancia, varios republicanos electos parecen estar inclinándose más a la derecha y hacia una mayor combatividad contra el presidente Barack Obama sobre numerosos temas. Sin embargo, pocos asuntos ocupan más a los republicanos preocupados por la presidencia que la inmigración. Varios donantes republicanos y exfuncionarios enviaron una carta a los legisladores instándolos a aprobar una ley que ofrezca un “estatus legal” a los aproximadamente 11 millones de inmigrantes que viven ilegalmente en el país. Los más de cien firmantes incluyeron a exmiembros del gabinete, el exvicepresidente Dan Quayle y el prominente estratega de campaña Karl Rove. Estos esfuerzos parecen tener un impacto escaso en la Cámara de Representantes, donde los republicanos dan un intenso seguimiento al ánimo de los activistas conservadores que dominan las primarias del Partido Republicano en sus respectivos estados. “La inmigración está resultando un gran desafío como la gente temía que sería”, dijo la asesora republicana en Washington, Sara Taylor Fagen.

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