Repudian leve condena a un padre por ultrajes

Las víctimas fueron tres hijas. Eran menores. En el juicio salieron a la luz tres casos más.



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El acusado se retiró después de la sentencia. Mientras el fallo no esté firme deberá presentarse en una comisaría semanalmente.

Leonardo Petricio

NEUQUÉN (AN).- “Es un horror que le hayan dado tan pocos años por tantos hechos que nos provocaron tanto daño”, aseguró I. G., una de las hijas del docente de Senillosa H. G., luego de que ayer el hombre fuera condenado a cinco años y medio de prisión por el “abuso sexual doblemente agravado” de tres de sus hijas.

La indignación y el desconsuelo de las víctimas, que ahora son mayores de edad, no sólo radican en que el fiscal Rómulo Patti había solicitado una pena de 15 años y el querellante Pablo Gutiérrez había demandado 18. Es que a lo largo del juicio por jurados otras tres chicas contaron que fueron abusadas por el mismo docente: una de ellas es la hija menor, la otra una amiga y la tercera una familiar.

Ayer los jueces Carina Álvarez, Andrés Repetto y María Gagliano impusieron la pena de cinco años y medio al hombre. Y adicionaron una medida cautelar que es que semanalmente deberá presentarse en la comisaría de Córdoba, donde dijo vivir, y no podrá salir del país.

I. G. y M. G. sostuvieron que “es un horror la pena que le dieron” y, tras recordar que ambas intentaron suicidarse y debieron realizar largos tratamientos para soportar el trauma, también creen que puede haber más víctimas en Catriel, en donde el docente formó una nueva familia.

Para las hermanas reconocer que fueron abusadas fue durísimo, dado que quien las atacó fue su propio padre. Es por eso que prácticamente negaron lo que les había pasado hasta que una de ellas debió ser internada tras varios intentos de suicidio. “Ahí me dijeron que lo tenía que contar y después de mucho trabajo presenté la denuncia y mis hermanas lo hicieron a los dos meses. Las otras dos chicas no se animaron porque siempre estuvo eso de que si hablábamos lo iban a matar”, contó la joven que ahora es madre.

Una a una debieron acudir a ayuda profesional para poder sanar algo de las heridas que arrastran, las de haber sido abusadas por quien debía cuidarlas. Mientras las hermanas tildaron como “una burla” la condena, contaron que “el abuso a la más chica fue en Catriel, así que vamos a radicar la denuncia en Río Negro para ver si ahí podemos tener justicia”.

Para las hermanas hablar, declarar en el juicio, fue difícil. Es por esto que I. se pregunta una y otra vez “cómo puede ser que yo siga estando mal después de tantos años de tratamiento y él en poco tiempo salga libre”.

Neuquén


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