Resisten el ocaso de la época dorada del vino en Río Colorado

Esta zona llegó a tener una gran producción y venta de vinos de mesa que llegaban a todo el país. El cambio en las tendencias del mercado modificó radicalmente el panorama, pero hoy algunos emprendedores se mantienen en pie y surgen nuevos.





Toneles y cubas quedaron como fieles testigos de una producción vitivinícola que tuvo un gran auge en Río Colorado hace varias décadas atrás. Fotos: Jorge Tanos

La localidad de Río Colorado tiene su actividad económica predominante atada a la fruticultura, la horticultura y los ovinos, aunque sus primeros pasos en el crecimiento fueron las pasturas y la vitivinicultura, esta última con un período glorioso con la presencia de vinos de mesa en las mesas familiares a lo largo y ancho del país.

Hoy la realidad es totalmente distinta. Se pueden ver las moles de cemento en cuyo interior duermen el equipamiento y las maquinarias, que se conservan intactas, como fieles testigos de una época dorada de los vinos en las colonias frutícolas que luego fueron desapareciendo por distintas razones en las décadas de los 80 y 90.

Uno de los principales problemas de la desaparición de los emprendimientos fue los cambios que comenzaban a darse en las variedades de vinos, aunque la mayoría de los productores consultados señalan que en esos tiempos las grandes bodegas de Mendoza les habían declarado “la guerra” a las bodegas que funcionaban en la provincia de Río Negro, que eran las que mayormente abastecían de vino a la zona patagónica.

Botellas que resisten el paso del tiempo en las viejas bodegas.

Según los distintos relatos recogidos por Río Negro, cuando la zona comenzó a desarrollarse con buenas perspectivas varias de las bodegas comenzaron a invertir en infraestructura y equipamientos para mejorar y aumentar la producción. “Pero de repente comenzaron con controles “muy llamativos” del Instituto Nacional de Vitivinicultura. Fajaban los toneles para impedir la salida de los vinos, los resultados de las muestras llegaban luego de varios meses y los vinos se echaban a perder y todos terminaban derramados en las acequias. También había partículas que solo ellos las encontraban y después de hacerte perder el año de trabajo y de producción te aplicaban onerosas multas. Todo eso hizo que las bodegas sucumbieran”, recuerdan los productores.

Ahora todo ese sombrío panorama parece haber comenzado a cambiar. Desde hace unos pocos años Ezequiel Naumiec, cautivado por las historias de la zona, la calidad de las tierras y un clima especial se instaló en Colonia Reig. Con una importante inversión económica comenzó a desarrollar un emprendimiento productivo ligado a la cadena del vino, que además incorporará un espacio para el aprovechamiento del turismo que tiene fecha de inauguración en la víspera de los 119 años de la localidad.

La nueva propuesta comenzó en 2014, tiene proyectado elaborar inicialmente unos 12.000 litros de vinos Malbec para comercializarlos dentro del país, además de ponerle un nuevo valor agregado al emprendimiento aprovechando las experiencias de grandes bodegas.

Los visitantes que lleguen a la chacra podrán probar los vinos y conocer toda las intimidades de la elaboración, entender sus exclusivos procesos de fabricación y la calidad que los destaca.

Recorriendo el rico historial de la zona podrán probar comidas elaboradas que distinguen a la Patagonia en el flamante complejo levantado a orillas del Colorado y hasta pernoctar en el lugar por algunos días más.

“Río Colorado tiene una rica historia con el vino y eso es lo que queremos aprovechar. En estas 6 hectáreas queremos tener varios clones de Malbec, que nos permitan tener una mirada internacional. Las primeras pruebas que se hicieron con enólogos de Mendoza fueron positivas y se sorprendieron por la excelencia del producto que podemos desarrollar acá”, dijo Naumiec. Y agregó: “Acá logramos algo distinto porque tenemos un suelo arenoso mezclado con arcilla, lo que nos da una uva especial para los vinos que empezaremos a producir oficialmente este año”.

Las producciones del establecimiento se realizan en forma orgánica y “biodinámica”, el método de agricultura ecológica que incluye tareas aprovechando los ciclos de la luna que aseguran tiene influencia sobre las plantas.

“En la bodega ordenamos los elementos y la naturaleza se encarga de darte un buen producto. Para estos vinos no utilizamos ni agroquímicos ni levaduras, los fermentos son propios de las plantas. Esto nos da un vino único y de calidad que el mercado exige”, dijo Ezequiel.

La fecha elegida para inaugurar es el próximo 28 de marzo, mismo día que se cumplirán 10 años desde que comenzó a rondar en la cabeza el proyecto que comienza a ser realidad. El nombre del vino será “Trina”.


Algunas voces de exbodegueros de la región


La bodega de Carbó Hermanos tenía una capacidad para producir 3.720.000 litros de vinos por temporada, los que salían embotellados para su comercialización en varios puntos del país, en botellas de 1 litro y damajuanas de 5 y 10 litros de vino de mesa blanco, rosado y tinto.

La vieja maquinaria para elaborar aún se conserva intacta.

“Mis primeros pasos los di acá adentro”, señala con melancolía Raúl Aníbal Carbó, mientras recorre la bodega que construyó su abuelo, en la cual llegó a trabajar hasta el cierre definitivo en la década del 80.

“El movimiento que generaba la producción de vino fue muy importante, concentrando mucha mano de obra directa e indirecta. Además los vinos de esta zona eran reconocidos en muchas partes del país.

Por los constantes problemas para salir al mercado de los vinos y algunas de las crisis que afectaron a la vitivinicultura, los productores de la región comenzaron a cambiar sus producciones, plantando peras y manzanas entre los cuadros de viñas. Otros llegaron a contratar personal para erradicar las plantas.

Edgardo Ferroni, presidente de la Cooperativa de Productores Limitada, dijo que en los libros contables resalta la producción de vinos de mesa Nuevo Valle, que llegó a los 3 millones de litros por temporada.

Esta bodega fue en la década de los 90 la última en cerrar sus puertas poniendo punto final a la época de oro de la producción de vinos.

Hoy, al igual que la mayoría, conservan intactos los edificios, y también el equipamiento que se utilizaba en esas épocas, todo material que en la actualidad resulta obsoleto para pensar en reactivarlos.

Solo pueden ser conservados como sitios históricos, los cuales podrían utilizarse para un recorrido turístico, que rememore el comienzo productivo de Río Colorado.


El Viñedo fue el principal emprendimiento local


El establecimiento El Viñedo hunde sus raíces a principios del siglo pasado transformándose en el primer y principal sitio productivo que encaminó a la localidad de Río Colorado.

La nueva bodega que se erige en Colonia Reig será inaugurada a finales de marzo.

Todo se desarrolló a 20 kilómetros al oeste de la ciudad, donde se encuentra la propiedad de la Cía. Inmobiliaria Candelaria Fouillerac de Duhau, quien compró a Bordelois, el 31 de mayo de 1909, unas 6.669 hectáreas sobre la margen derecha del río.

Poseedores de 80.000 hectáreas en el interior del departamento, su mayor proyecto consistía en la adquisición de tierras linderas al río. Casi en forma inmediata contrataron los servicios del agrimensor enólogo Mario Salles, quien fue el administrador del lugar por más de 20 años.

En 1911 comienzan a hacer los desmontes y a plantar viñas de cepas francesas tipo pinot y cabernet, moscatel rosado, semillón (Sauternes) con postes de quebracho, dando origen al establecimiento Bodega y Viñedos Lutecia, famoso en la zona por la calidad de sus productos.

Alrededor de 1920 se construye el casco del chalet y la bodega con capacidad para 11.000 litros en cascos de roble.

El establecimiento fruti-vitivinícola, agrícola y ganadero contaba con 280 hectáreas de viña, 60 de frutales y 200 de alfalfa de secano.

El riego se realizaba por medio de un motor a nafta con una bomba. Contaban además con arado de mancera, de disco tirado por caballos y trilladora para la alfalfa.

La alfalfa la utilizaban para el consumo interno de los animales y el último corte para semilla. Por lo general realizaban dos cortes al año. En 1930 cosecharon 800 toneladas de uva. También tuvieron colmenas y tambo.

El establecimiento nucleó a un grupo de familias a quienes les entregaban una casa, y hombres solteros, que trabajaban la tierra como peones y percibían $100 por hectárea y 7% de la cosecha. Les pagaban con vales que cambiaban por mercadería en La Casa Aznárez.

Para facilitar la comercialización la familia Duhau gestionó la construcción de una estación para cargas y descargas. La producción, frutas y bordalesas de vino eran llevados a la estación por carros de 4 ruedas. En 1941 el viñedo lo compró Nazar Anchorena.

A mediados de la década del 70 las bodegas dejaron de funcionar. En septiembre de 2003 se remataron las tierras del viñedo, que fueron adquiridas por empresarios privados.


Las bodegas más importantes


Los más memoriosos recuerdan que una veintena de bodegas poblaron la zona, algunas de tradición familiar. Dentro de este grupo se recuerdan las siguientes: Cooperativa de Productores, Blazesczuk Basillo, Prates Josue, Carbo Hermanos, Centeno Hermanos, Bodega San Lorenzo, Sorgo Pascual, Cooperativa Valle de Oro, Dominici Francisco, Merida Aniceta, Azcón Hermanos y Occhipinti Hermanos, quienes producían más de siete millones de litros de vinos de mesa que se comercializaban en distintos puntos del país.

También funcionaron las bodegas artesanales como Sampaolo, Tondelli y Licitra. Algunas de ellas aun hoy continúan produciendo.


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