Revolución de internet en Cuba





Yovan Sánchez apenas lo puede creer. El joven cubano de veinte años puede ver a su tío, la pantalla de su smartphone reproduce en una plaza pública de La Habana nítidamente el rostro de su pariente emigrado hace años a Tampa, Estados Unidos. “Hablamos pronto”, se despide Sánchez y le promete a su tío cocinarle algo en su próxima visita a Cuba antes de colgar. Luego explica lo que piensa de la zona wifi que las autoridades instalaron hace casi cuatro meses en el Anfiteatro de Marianao, el distrito en el centro-oeste de La Habana. “Esto es lo mejor que hicieron aquí”, dice Sánchez, entusiasmado. El Estado cubano viene ampliando desde hace unos años consecuentemente el acceso a internet en la isla socialista. Desde junio del 2013 el monopolio estatal de telecomunicaciones Etecsa ha abierto más de un centenar de cibercafés en todo el país gracias a un cable submarino de fibra óptica tendido desde Venezuela. Y en julio de este año empezaron a operar 35 zonas wifi en lugares públicos en toda la isla, varias de ellas en La Habana. Las imágenes de estos días en las calles de la capital cubana representan, sobre todo por esto último, una verdadera revolución digital en un país que vivió durante años prácticamente “off-line”: ahora es frecuente ver familias enteras hablando con parientes en el extranjero en plena vía pública, gracias a aplicaciones para videollamadas, o jóvenes sentados en los bordes de las aceras hasta altas horas de la madrugada mientras surfean con sus laptops en internet. Otros han encontrado en la reventa callejera de tarjetas para acceder por horas a la red una forma de ganarse la vida. “Esto es nuevo”, explica Randy Cantero. El joven de 22 años no tiene un empleo fijo, sólo trabaja ocasionalmente como ayudante de pintor o como vendedor. Así consigue sin embargo los dos dólares (unos 1,7 euros) que cuesta actualmente una tarjeta para navegar una hora desde un lugar público. Los precios han bajado mucho en los últimos años: antes los pocos accesos públicos estaban sobre todo en los hoteles frecuentados por turistas, a precios que rondaban los diez dólares por hora. Cantero solía entrar antes a internet una vez al mes, quizá una media hora a través de algún amigo o conocido que tuviese autorización para tener un acceso privado en casa. Ahora hay días en los que navega hasta tres horas diarias en una zona wifi, asegura. “Me ha cambiado la vida”, cuenta sobre los nuevos accesos públicos en la isla. “Ahora mismo nos está llegando lo real”, cree. Cuba ha tenido siempre una relación compleja con internet. Pese a las mejorías de los últimos años, la isla caribeña sigue teniendo uno de los peores accesos a la red en el mundo. En el 2013 sólo el 3,4% de los hogares cubanos estaba conectado a internet, según cifras de la agencia de la ONU Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT). Ello, porque los cubanos siguen sin poder contratar oficialmente un servicio de internet para sus casas. Además de diplomáticos y otros extranjeros residentes en la isla, sólo algunos funcionarios tienen un acceso propio en sus hogares. En el caso de estos últimos, se trata por lo general de una lenta conexión análoga a través de un módem. El acceso a internet tampoco mejoró inmediatamente después de que el cable submarino llegado desde la Venezuela socialista, un estrecho aliado del gobierno de Raúl Castro, empezara a operar en agosto del 2012. La isla se conectaba antes a la red sobre todo a través de conexiones satelitales de terceros países. Las autoridades cubanas culpan hasta ahora al embargo económico y comercial de Estados Unidos de la carencia de infraestructuras para las telecomunicaciones en la isla, mientras la proscrita oposición política acusa al gobierno de no permitir intencionalmente un acceso libre a la red. En los últimos tiempos, sin embargo, en las altas esferas del Partido Comunista parece cimentarse la certeza de que el país necesita abrirse para impulsar su desarrollo económico. “Esto supone una gran oportunidad, a la vez que un gran reto, porque las nuevas tecnologías resultan novedosas y vitales, no sólo para la comunicación entre las personas sino además para el desarrollo”, explicó el exvicepresidente José Ramón Machado Ventura. También el actual “número dos” del castrismo, Miguel Díaz-Canel, ha subrayado en varias ocasiones que el gobierno quiere impulsar la informatización de la isla. “El Estado trabajará para que este recurso esté disponible, accesible, costeable para todos”, dijo en febrero durante un taller sobre internet. Se estima que la apertura informática, por otro lado, choca con el escepticismo de algunos miembros de la vieja guardia de la Revolución cubana. Eso explicaría también el lento avance en el desarrollo de las infraestructuras públicas en la isla. El propio Machado Ventura advirtió en julio sobre los peligros que el Estado cubano ve, por ejemplo ahora, en el acercamiento con Estados Unidos y las flexibilizaciones al embargo en el sector de las telecomunicaciones aprobadas en los últimos meses por el gobierno de Barack Obama. “Existen algunos que nos la quieren dar gratis (la conexión a internet), pero no lo hacen con el fin de que el pueblo cubano se comunique sino con el propósito de penetrarnos y hacer trabajo ideológico para lograr una nueva conquista”, dijo. “Tenemos que poseer internet, pero a nuestra forma”, concluyó el veterano dirigente cubano de 85 años.

Isaac Risco DPA


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