Río Negro aprende de los kibutz israelíes
Aunque el sistema en Israel no pasa por su mejor momento, los cooperativistas de Viedma escucharon con atención la charla que ofreció Ezra Rabin, un argentino que emigró en 1949 y que fundó uno de esos asentamientos en la costa del Mediterráneo. Rabin no cree que se pueda trasplantar tal como se ejecuta en ese país, tanto por diferencias humanas como históricas entre los dos países, pero "se puede aprovechar la experiencia".
VIEDMA (AV)- Las cooperativas de trabajo rionegrinas están mirando el espejo de la experiencia israelí para crecer. La apuesta es fuerte y en el horizonte puede aparecer capacitación y también becas para ver desde cerca cómo son las unidades productivas hebreas, más conocidas como kibutz.
Dentro de este proceso, convocaron -merced a una gestión con la embajada de Israel- a un experto en la materia, Ezra Rabin, un economista, sociólogo y administrador de empresas nacido en Lituania, argentino naturalizado y fundador del kibutz Gaash, sobre la costa del Mediterráneo.
Durante una breve visita a esta capital tomó contacto con el movimiento cooperativo -más precisamente del sector laboral- para tender algunos lazos de cooperación ofreciendo cursos y becas para miembros de las entidades rionegrinas.
Con ellos charló en una reunión celebrada en el Círculo de Legisladores de esta capital, oportunidad en que lanzó una serie de pautas para mejorar la autogestión y explicó la importancia de las relaciones humanas.
También hizo referencia al proceso de transformación de los kibutz -en la actualidad hay 200 en ese país- sosteniendo que para trasladar la experiencia a las cooperativas la principal demostración es que se trata de un estilo de vida cómo debiera ser el cooperativismo.
Sus conceptos fueron atentamente seguidos por miembros de las cooperativas de trabajo «Libertad Obrera», «Viedma Limitada» y Cotravi.
En contacto con «Río Negro», Rabin puso en duda que se puedan «copiar» en la Argentina las experiencias de Israel en cuestiones de cooperativismo dado que existen «diferencias humanas e históricas».
Aprovechar la experiencia
Sin embargo, destacó que «sí se puede aprovechar la experiencia adaptando las distintas herramientas con lo que se fue construyendo nuestro sistema y aprender de los errores».
A su criterio, «no hay sistema que funcione sin cometer errores, pues en Israel los cometimos y pagamos caro», pero «observando el movimiento cooperativo de 70 años se puede decir que Israel le debe parte de su empuje, de su desarrollo a un nivel tan alto a pesar de que ahora el movimiento está pasando por un período de crisis».
Destacó que el sistema cooperativo «puede dar las respuestas adecuadas», sobre todo cuando existe un fenómeno mundial de la desocupación incluyendo los países desarrollados, donde «la brecha social se está profundizando muchísimo».
Interpretó que «hay intereses encontrados que chocan entre gente que tiene mucha 'guita' y gente que en situación más precaria tiene la posibilidad de organizarse y quiere ganarse más que 'puchero'».
Rabin mencionó como «reglas de oro» del cooperativismo la solidaridad entre sus miembros, máxima igualdad, una persona: un voto, avances conjuntos, ser productivo en la actividad y «preocuparme por mí y por el grupo».
«Lo de la AMIA nos trastornó completamente»
A la distancia todavía sigue pensando en lo que ocurrió con la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA). Según su visión «nos trastornó completamente».
Tiene recuerdos frescos del edificio destruido en el barrio del Once. Como estudiante de seminarios para maestro hebreo tuvo la oportunidad -junto a sus compañeros- de inaugurar esa sede en 1944.
Por lo tanto interpretó que no hubo un ataque a un Estado sino un atentado a la comunidad argentina, como si se hubiera tratado del centro gallego o italiano.
Rabin no parece que hubiera faltado del país permanentemente desde 1949 cuando emprendió la «aliya» (emigración) a Israel, ya que maneja el lunfardo como si viviera en una esquina porteña.
Hoy es el secretario general de la Unión de los Movimientos Kibutzianos, entidades un poco más complejas que una cooperativa ya que involucran a toda una ciudad y se superponen las funciones municipales y económicas.
Los kibutz generan una renta anual de 25 millones de dólares, un 30% de la producción agrícola del país, 7 % de la producción industrial, y en promedio cuenta con 330 miembros y 550 habitantes.
Insólitamente, también producen productos industriales. Gaash tiene una fábrica de artefactos lumínicos aunque muchas precisiones no hay en cuanto a costos. Rabin defiende el emprendimiento, pues lo importantes es que «se buscan fuentes de trabajo y de renta, son inversiones que a veces fallan y otras veces resultan».
VIEDMA (AV)- Las cooperativas de trabajo rionegrinas están mirando el espejo de la experiencia israelí para crecer. La apuesta es fuerte y en el horizonte puede aparecer capacitación y también becas para ver desde cerca cómo son las unidades productivas hebreas, más conocidas como kibutz.
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