Riqueza común

“Si él se presenta, seré candidato”, dijo el gremialista al preguntársele por la postulación de Sapag en el partido.



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NEUQUÉN

héctor mauriño vasco@rionegro.com.ar

No estoy alineado con el gobierno nacional. Yo hablo con todos. Lo que sea bueno para Neuquén lo voy a apoyar; lo que sea malo me tendrá en la vereda de enfrente”. Tales las reflexiones que hace Pereyra cuando se le pregunta sobre su decisivo papel para que la Comisión de Energía del Senado, reunida el miércoles, diera dictamen favorable al acuerdo con Repsol por la expropiación del 51% de las acciones de YPF. Cuesta, en fin, a quien observa la foto en la que Pereyra comparte la mesa con Aníbal Fernández y Marcelo Fuentes, dos de los hombres fuertes del kirchnerismo en la cámara alta, no pensar que el líder petrolero neuquino tiene algún tipo de acuerdo con el gobierno nacional. Es que, a pesar de sus ácidas críticas durante la campaña que lo catapultó al Senado y de su alineamiento con Moyano, “El Caballo” es sobre todo pereyrista y hombre del MPN. No haría nada que no conviniera a su carrera personal y tampoco nada en contra de la fuerza que gobierna esta rica, riquísima provincia desde hace medio siglo y de cuya selecta nomenklatura forma parte. Sería, a fin de cuentas, como escupir al cielo. Así, a pesar de sus destemplados cuestionamientos al gobierno sapagista, comprensibles por las necesidades retóricas de la campaña, en aspectos capitales como los hidrocarburos es difícil encontrar fisuras entre el secretario general vitalicio del sindicato petrolero y el actual gobierno de la provincia. Un ejemplo es la ley de hidrocarburos local que Sapag se apresta a modificar para adecuar a las contingencias de la nueva era no convencional. “La veo bien”, apunta Pereyra y enseguida agrega que también debe haber una norma nacional “espejo de la provincial” en el marco de la ley Corta de hidrocarburos, que reconoce la titularidad de los recursos a las provincias productoras. Otra muestra de identidad es la aprobación por parte del petrolero de la ley ambiental sobre el shale, cuyo proyecto acaba de enviar a la Cámara el gobernador. Y otra más, por si hiciera falta, la postura que declara sobre el pago de las acciones de YPF que el gobierno nacional transfirió a las provincias y que en el caso neuquino suma 1.024 millones de dólares. “La ley habla de ‘cesión’. Pero si hay que pagar no será con plata. No hay otra forma de hacerlo que descontándolo de las utilidades”, advierte Pereyra. Fue el secretario Legal y Técnico de la Presidencia, Carlos Zannini, quien puso el dedo en la llaga al advertir, también en el Congreso pero una semana antes, que los estados provinciales deberán saldar esa acreencia con la Nación. “Zannini está loco”, se escuchó decir no ya cerca de Pereyra sino en las alturas del modesto Olimpo neuquino. “Somos los dueños del recurso y ellos (gobierno federal) piensan como si rigiera la Constitución del 49 y no la del 94”, que consagra la propiedad de los recursos del subsuelo para las provincias. Esta puja, en la que el MPN ha cerrado filas para defender “lo propio”, adquiere relieve cuando se tiene en cuenta que Vaca Muerta es un recurso único en el mundo, que puede aportar a la provincia y al país niveles de riqueza impensados. Como si un dique se hubiera roto, el pago de la indemnización a Repsol está logrando multiplicar el interés de las empresas por esta vaca lechera, considerada “la segunda gran reserva no convencional” del planeta. En la agenda de visitas interesadas por invertir, hace una semana le tocó el turno a Mitsubishi y ahora último, a una treintena de ejecutivos del poderoso Consejo de la Américas, un lobby que agrupa a algunas de las principales empresas de Estados Unidos. “Dentro de diez años Neuquén será Venezuela, Kuwait o, por qué no, Arabia Saudita”, disparó alguien cerca del gobernador. Para quienes así piensan –y eso incluye a Pereyra– es ocioso discutir si deben existir empresas provinciales como GyP, el chiche del sapagismo, o las áreas deben revertir en YPF en el 2027, cuando caduquen las concesiones. “En una superficie similar a la de Vaca Muerta, Estados Unidos tiene 2.000 empresas trabajando y nosotros apenas 20. Hay lugar para todas”, graficó el operador. Respecto de Pereyra, razonó de la siguiente manera: “Está jugando bien. Seguramente porque cuando mira la política petrolera que hemos hecho todos estos años no puede sino estar de acuerdo”. La Convención del MPN se reunirá el 29 en Varvarco para analizar el tema de las elecciones internas de renovación de autoridades partidarias. La convocatoria a comicios la deberá formular la Junta de Gobierno, que conduce Jorge Sobisch, dentro de los próximos 30 días, pero la Convención, con mayoría sapagista, tiene voz y voto en el asunto. Sapag deslizó esta semana que no descarta encabezar una lista. No lo dijo pero, tanto si se demuestra que es posible la reforma de la Constitución para introducir la re-reelección como si se confirma que esta última es definitivamente inviable, el gobernador necesita acceder al timón del partido para conducir el proceso que desembocará en el 2015. Y eso implica casi seguramente hacerse de la conducción del partido, sea a través de su propia candidatura o de la de un hombre de confianza. Hasta ahora Pereyra no había hablado del tema, pero cuando se le preguntó por la eventual postulación de Sapag salió con los tapones de punta: “Si él se presenta, yo voy a ser candidato; si no, no”. Desde luego, las especulaciones sobre si uno y otro serán o no candidatos a conducir el partido y acerca de quién será el postulante a gobernador por el MPN en el 2015 seguirán hasta el último día. Lo que no parece ser motivo de especulaciones en el seno del grupo que conduce el partido provincial es la política petrolera. Se entiende bien: el petróleo y el gas son una suerte de versión criolla del Commonwealth anglosajón, es decir, literalmente “la riqueza común”.


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