¿River también perdió en el 'Morumbí'?
Las expulsiones y lesiones conspiran de cara a la final.
Hace unos años la prensa, asombrada, hubiese titulado «Batalla campal», «Barbarie» o, un poco más benévola, «Final con escándalo». Claro, hace unos años todos se espantaban porque un partido de fútbol terminara con patadas voladoras, piñas y peleas generadas por el odio mismo que le da, a ciertos jugadores, perder.
El miércoles pasó algo de eso -o todo eso- en el «Morumbí», donde River alcanzó una final continental después de seis años. La última había sido precisamente frente al San Pablo, por la Supercopa, cuando empató en Brasil 0-0 y ganó en el «Monumental» 2 a 1 con goles del chileno Marcelo Salas.
Efectivamente fue una guerra, que se desató entre los 22 jugadores -sólo algunos intentaron separar- apenas terminó el partido y el paso a la final se definía desde los doce pasos.
El juego venía caliente y terminó explotando. La temperatura tuvo su pico mayor cuando Rico abrió el marcador y, mientras iba a buscar la pelota, se llevó por delante a Ameli y terminó forcejeando con Costanzo.
Fueron casi 80 minutos de pierna fuerte y el resto de boxeo y tae kwon do. Al mismo tiempo que Larrionda determinó el final, Barrado fue a trabar la pelota con Fabiano y comenzó la locura del brasileño, que se le vino encima al jugador de River. El pibe respondió con un manotazo y enseguida llegó Ahumada. Las patadas voladoras ganaron la escena, los jugadores aparecían volando desde los costados de la tevé -como Luis Fabiano, que provocó la reacción de Pereyra-, las piñas llegaban desde atrás, las corridas se veían en toda la cancha, unos pocos querían calmar los ánimos y también cobraban… Parecía una película donde los buenos se mezclaban con los malos y nadie sabía cómo y quién había empezado.
Mientras Ahumada seguía repartiendo y defendiendo llegaban suplentes y se agregaban a la ba
tala, como el arquero Roger, que le pegó a Pereyra y cuando se escapaba se encontró con un «cross» de derecha de Costanzo.
Hasta los que habían sido expulsados durante el partido trataban de separar mientras el árbitro intentaba reconstruir la pelea y anotaba detrás de su tarjeta roja a quienes iba a echar. Chau para Pereyra y Barrado por un lado, adiós para Jean y Luis Fabiano. Antes, habían dejado la cancha Amelli , Rico y Rojas (DT de San Pablo).
Pasó la locura y llegaron los penales, donde Costanzo fue clave al atajar el primero y condicionar al local.
Pasó el San Pablo y se viene la final -anoche definían Atlético Nacional de Medellín, Colombia, y Cienciano de Perú, que había ganado el primer partido 2 a 1-. Pero los problemas siguen en River. Ahora por las bajas que tiene de cara al cruce por la Copa.
Las expulsiones de Ameli, Pereyra y Barrado, sumado a las lesiones de Ahumada, Gallardo, Tuzzio, «Lucho» González, Ludueña y «Maxi» López apagaron un poco los ánimos, porque aún queda camino por recorrer.
José María Aguilar, pedirá a l Confederación Sudamericana que los expulsados no superen una fecha de sanción para poder contar con ellos en el desquite de la final, el viernes 19 de diciembre en Perú o en Colombia.
«El fútbol sudamericano se merece estadios confiables y espectáculos respetables», dijo el presidente de River. (AR)
¿Se irá?
Ni siquiera haber llegado a la final de la Copa Sudamericana le permite a Manuel Pellegrini pensar que puede seguir al frente del plantel de River el próximo año. Es más, tampoco si gana el torneo se aseguraría la continuidad.
Aunque nadie lo admita, la lista de candidatos a sucederlo, en orden de posibilidades, es la siguiente: Daniel Passarella, Reinaldo Merlo y Ramón Díaz. También están los que apuestan por el desembarco de la dupla Leonardo Astrada-Jorge Ghiso.
Inclusive José María Aguilar -único que todavía lo apoya- admitió que si River «gana la Sudamericana y Pellegrini se quiere ir, se aceptará su decisión».
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