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Rubén Rada le pone candombe a los clásicos

Es una suerte de homenaje a los artistas que admira



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Su nuevo disco tiene temas de Spinetta, Charly, Calamaro, Fito y de músicos uruguayos.

El Negro Rada, embajador del candombe en el mundo, presentó “Rada Fan”, su último disco -tras el compacto con su álter ego Richie Silver - donde versiona autores que lo apasionan: Spinetta, Gieco, Charly, Calamaro, Fito, Nebbia, y los uruguayos Eduardo Mateo, Fernando Cabrera, Jorge Galemire, Shakers, Opa, Tótem, Mandrake Wolff, Urbano Moraes y Chichito Cabral... Un sincero homenaje a amigos-artistas y un recreo en la multifacética carrera de este prolífico e inagotable compositor que esta vez estrena solamente un tema propio “Cantares de la tierra mía”. “Me gusta juntarme con otros músicos. Todo lo que aprendí en mi vida fue no estudiando música, sino a los grandes músicos. Así toqué con los Fattoruso (Hugo y Osvaldo), con Herbie Hancock, con Airto Moreira, Mercedes Sosa, Charly, con Atahualpa Yupanqui, Los enanitos verdes. Siempre he variado. Con Rubén Juárez, (Luis) Salinas. Yo recojo mucha información de ellos. Por ejemplo, Hugo es, para mí, uno de los pianistas más grandes del mundo y me ha enseñado mucho armónicamente, para componer, cómo maneja las armonías… Tocando en EE. UU. con Airto y Flora Purim, aprendí cómo tocar percusión, cómo manejar los recitales, cómo subir al escenario no sólo a tocar... –Ahora sos unos de ellos, un referente para muchos colegas jóvenes. –Eso me alegra muchísimo porque cuando llegué a Argentina yo le decía a Baglietto, a todos los pibes, a Fito Páez que iba a verme a Jazz & Pop con la banda, que no venía simplemente a tocar… Quería que la gente gozara el candombe, el ritmo que yo traía, mi fusión, para usarla en toda la música de acá y en el rock. De hecho, después aparecieron Los (Auténticos) Decadentes, Los (Fabulosos) Cadillacs, Los Piojos, en el jazz (Jorge) Navarro, Baby López Furst, (Dino) Saluzzi, (Néstor) Astarita, todos fuimos juntándonos a tocar candombe, a meterlo dentro del jazz, como habíamos hecho con Opa. Un día estaba (Fernando) Gelbard, hijo del ministro de Economía de Perón (Jose Ver), que nos dijo que habíamos llevado el carnaval a EE. UU. Hancok nos recibió en su casa, Chick Corea quiso conocer ese ritmo, saber de qué se trataba. Fue muy bueno todo lo que pasó…” –¿De chico tenías esa capacidad histriónica, creativa, de permanente búsqueda? –Yo animaba todos las fiestas del barrio, a los diez, once años. De hecho, mi vieja me decía que si cantaba como en los cumpleaños, iba a triunfar. Me la pasaba cantando con un tambor o con la mesa. Después, cuando me pude juntar con Hugo Fattoruso, con Mateo, grandes autores del Uruguay, fue al escuchar a Los Beatles en el 62, una cosa así… (Canta la primera estrofa de “Love me do”), recién ahí empecé a componer. Me abrieron la cabeza y me largué a la composición. Armamos El Kinto, formé Tótem, ya Los Shakers habían hecho estragos en Argentina cantando en inglés. Después me junté con Opa, los encontré por el 74 en EE. UU. y grabamos… De ahí comencé a bajar a Argentina. Antes me había presentado pero no podía pegar. Cuando estuve con Los Shakers, que imitaban a Los Beatles, yo tocaba un poco la batería y quería cantar también pero no pude porque no daba Beatle (reímos) y quedé afuera. No daba blanco y con flequillo. Igual permanecí en Buenos Aires, trabajé con ellos en Ritmo y Juventud (los sábados por canal 11); Hugo y Osvaldo me acompañaban y yo cantaba mis canciones. Rada nació en Palermo, barrio sur de Montevideo, en Isla Deflores y Tacuarembó y a los dos años se mudó. Cuenta. “Mi vieja se peleó con mi viejo y fuimos a parar a un barrio de blancos, donde no había negros.” Ese es el sello de su música, el de la negritud, tanto tiempo negada en Buenos Aires pero compartida en la capital uruguaya. “Aquí había muchos negros en San Telmo, por ejemplo, pero cuando Argentina fue a la Guerra contra Paraguay, hizo marchar a negros y mestizos al frente y no quedó nadie. Imaginate Buenos Aires con un millón de negros… Su música sería otra cosa. Nada más pensando en Oscar Alemán, en (Horacio) Salgán que no es negro pero tiene fuertes rasgos en su piel y su obra. Con esas dos bestias nomás, lo que hubiera sido... Yo siento que fue una cuestión política de tipos racistas del poder, que los usaron como esclavos y los mandaron a morir a la guerra, y nada tiene que ver con el porteño, con la gente. Los norteamericanos, los londinenses o los holandeses, los cariocas, no están tristes porque haya negros que hagan música, son gente feliz porque tienen un patrimonio riquísimo. ¿Qué sería de Nueva York sin Charlie Parker, sin Dizzy Gillespie, sin Louis Armstrong?” –¿Qué sería de la música rioplatense sin Rada? –(Ríe). Bueno, es un halago… Yo te nombre otro grande de acá que arrancó para Alemania, Dino Salluzzi, un musicazo de raza, maravilloso.

eduardo Rouillet


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