Jubilado del petróleo cría caprinos originarios de Sudáfrica y ya tiene 35 madres propias en su chacra en Neuquén
La raza caprina Boer es originaria de Sudáfrica y en Argentina su producción se desarrolla principalmente en provincias del norte del país. Pero un emprendedor neuquino, jubilado del petróleo, se animó junto a su familia a criar reproductores en una chacra de dos hectáreas en China Muerta, donde ya cosecha los primeros reconocimientos.
Un breve mensaje en Instagram que representa un recorrido pleno de esfuerzo, ganas de aprender, de mejorar, de hacer algo distinto, y que al final del camino recibe una caricia en el alma. Dice el escrito en la red social: “¡Un día que se queda en el corazón! Nuestros Boer fueron premiados con Gran Macho, Hembra Ejemplar y Cabrito diente de leche. Gracias a todos los que acompañan este camino de trabajo y dedicación”.
La premiación a la que refiere el texto se dio en el marco de la 83° Exposición Rural de Neuquén celebrada en Junín de los Andes a finales de enero de este año, y el mensaje corresponde al emprendimiento boerdelafamilia, reconocido en la muestra por los ejemplares caprinos que llevaron al evento.
Para comprender un poco más sobre esta raza caprina cabe destacar que es originaria de Sudáfrica y fue desarrollada a principios del siglo XX, en el período comprendido entre los años 1900 a 1920, mediante el cruce de cabras nativas africanas con razas europeas e indias.
Su fuerte es la producción de carne
Su principal atributo es la producción de carne, pero además se destaca por ser de rápido crecimiento, tener mucha rusticidad y con ejemplares de gran tamaño. Por sus características productivas es considerada una de las mejores razas caprinas del mundo. Y en Neuquén hay alguien que se animó a dar el paso y comenzó a criarla para ofrecer reproductores de calidad al mercado de la ganadería caprina.
En una chacra de dos hectáreas ubicada en la zona de China Muerta, en Neuquén, Rubén Suárez y su esposa desarrollan un emprendimiento que poco a poco comienza a ganar reconocimiento en el ámbito caprino regional: Boer de la Familia, un proyecto enfocado exclusivamente en la cría y venta de reproductores de esta raza sudafricana. “Nos gustó la raza, empezamos a leer, a hablar con colegas del norte del país y decidimos largarnos”, cuenta Suárez a Río Negro Rural.
Este productor no proviene de una familia con tradición ganadera ya que llegó a la actividad luego de jubilarse de la industria petrolera.
Una raza carnicera por excelencia
La Boer es una raza caprina desarrollada específicamente para la producción de carne. Se caracteriza por su rápido crecimiento, su gran porte y la calidad del producto final. “Es una carne de exportación, que en esta raza combina cantidad y calidad”, explica el productor.
Entre sus principales atributos se destaca la mayor cantidad de grasa intramuscular, lo que mejora la terneza y el sabor. “Nunca pierde grasa en los cuartos, no es una carne seca y no es tan problemática para el colesterol”, señala Suárez.
“Son animales muy precoces, pueden tener dos y hasta tres crías por parto, e incluso cuatro en algunos casos”.
Rubén Suárez, criador de la raza Boer en China Muerta.
Boer de la Familia, el emprendimiento neuquino de los Suárez, comenzó hace unos seis años y apostando desde el inicio a genética de punta. “Nosotros arrancamos comprando embriones; se alquilaron vientres, se hicieron análisis y después nacieron las crías”, cuenta el productor.
La genética fue incorporada a partir de cabañas del norte del país, principalmente de Chaco y Santa Fe. Actualmente, Boer de la Familia trabaja con tres líneas de sangre diferentes, evitando la consanguinidad y buscando mejoras constantes en peso, desarrollo y calidad carnicera. “La consanguinidad es lo que peor le hace a la raza y a cualquier animal; nosotros apuntamos siempre a más peso, más carne y de mejor calidad”, subraya el emprendedor.
Producción intensiva en pequeña escala
En las dos hectáreas de la chacra que la familia posee en China Muerta el manejo es intensivo y muy cuidado. El establecimiento cuenta con galpón, comederos individuales y un sistema que combina pastoreo con suplementación estratégica en momentos muy puntuales del ciclo reproductivo.
Actualmente, el plantel está compuesto por unas 35 madres y tres reproductores, algunos de los cuales superan los 140 kilos de peso en edad adulta. “Vendemos únicamente reproductores, no carne. Es como una cabaña de Angus o Hereford, pero en caprinos”, aclara Suárez.
La raza presenta un crecimiento promedio cercano a los 250 gramos diarios, y una excelente conversión: “Todo lo que comen lo hacen carne”, destaca el productor neuquino.
Adaptación al clima patagónico
Otro de los aspectos que más se destaca en la raza es la adaptación a condiciones diversas y en muchos casos adversas. “Es un animal que se adapta a cualquier clima y terreno: frío, calor, suelo volcánico… no tiene problemas”, afirma el productor. De hecho, Boer de la Familia ya ha vendido reproductores a zonas como el sur de Mendoza, incluso en áreas de terreno volcánico y alturas superiores a los 1.000 metros. “Andan por todos lados, son animales muy rústicos”, asegura.
La raza Boer también se destaca por su alta prolificidad. “Son animales muy precoces, pueden tener dos y hasta tres crías por parto, e incluso cuatro en algunos casos”, explica Suárez. Los partos requieren seguimiento profesional ya que las crías nacen con pesos elevados, en algunos casos superiores a los 5,5 kilos.
La gestación dura alrededor de 150 días y el sistema de cría utilizado permite lograr tres partos cada dos años. El manejo nutricional se ajusta especialmente en el último mes de gestación, con suplementación de maíz y complejos vitamínicos para mejorar el calostro y la vitalidad de los cabritos.
Un aporte concreto al chivo criollo
El principal destino de los reproductores es el cruce con cabras criollas, especialmente en el norte neuquino y otras regiones caprinas tradicionales. Los resultados productivos son contundentes.
“Es un animal que se adapta a cualquier clima y terreno: frío, calor, suelo volcánico… no tiene problemas”.
Rubén Suárez, criador de la raza Boer en China Muerta.
“Un productor nos contó que con la cruza logró una diferencia de al menos siete kilos más por animal, a la misma edad”, relata Suárez. En términos comerciales eso se traduce en más carne y mejores ingresos: “Para ellos es muy beneficioso ya que de eso se trata, de potenciar el negocio”.
Un proyecto con identidad familiar
Boer de la Familia es un emprendimiento familiar. Rubén participa activamente del día a día, acompañado por un cuidador permanente en la chacra. “No puedo no ir, siempre hay algo para hacer o mejorar”, confiesa. Sin tradición ganadera previa, el productor destaca el acompañamiento de su esposa como clave en la decisión de cambiar de rumbo. “Arranqué yo, pero con el empujón de ella”, reconoce.
Recientemente el proyecto comenzó a mostrarse en exposiciones rurales, como la de Junín de los Andes, donde los animales llamaron la atención por su porte y conformación. “No creí que era tan grande ni tan linda, fue algo más que satisfactorio”, recuerda Suárez sobre el evento.
De cara al futuro, el objetivo es crecer de manera medida. “Queremos llegar a unas 50 madres, no más, porque no tenemos campo y hay que tenerlos bien”, explica el productor.
Boer de la Familia se consolida como una experiencia familiar que, aún en pequeña escala, demuestra que se puede producir, planificar y contribuir a mejorar la calidad genética del sector caprino en la Patagonia.
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