La otra vida en Añelo: viaje al tiempo de la ganadería
Batallando con el clima hostil, cientos de crianceros encontraron sustento entre aguadas y arreos. Tampoco faltaron las mujeres, que así pudieron recaudar para criar a sus hijos. Hoy los honra la Fiesta de los Productores, con las nuevas generaciones.
El festejo por los 100 años de la localidad inmortalizó, en 2015, la labor ancestral que movió a familias y animales por toda esa zona del centro este de la provincia de Neuquén, al pie de los cerros agrestes. Decir pioneros y crianceros en Añelo es sinónimo en la tierra colorada, que se fue poblando muy lentamente, siempre con un perfil más rural que de colonia, comparado con otros pueblos.
La vida allí era dura, pero gracias a la cría de de chivos, algunas vacas y caballos, con los que se buscaba el pastoreo, se fueron arraigando “los viajeros que se trasladaban hasta la capital de Neuquén (en ese momento Chos Malal) cuando era territorio nacional”, rememoró el Municipio en su sitio web. Es que Añelo había integrado la línea de fortines desde 1879 y eso atrajo a nuevos vecinos, que se sumaron a una región de raíz indígena, originaria, para fundar un pueblo en 1915.
El bajo en el que se terminaron asentando los primeros pobladores, entre el río, la barda y la Ruta 17, fue testigo por mucho tiempo del transitar de menos de 100 habitantes de la planta urbana, que compartían en algún viejo comercio o hacían trámites en el correo y la sede que oficiaba de Juzgado de Paz. Lo hicieron frente a casi 800 afincados en las inmediaciones, que encontraron en la ganadería a campo su economía de subsistencia.
Los Yunes fueron exponentes de ese estilo de vida, por ejemplo. De raíz turca, Hale, el inmigrante que llegó a la región escapando de la guerra, se organizó junto a su segunda esposa, Emilia Torres y sus ocho hijos, para dividir sus horas entre la atención de un almacén de ramos generales, el cultivo de hortalizas que lograba regar con una bomba manual y justamente, los arreos. La caza de perdices en esas noches interminables alumbradas con el “sol de noche”, era para ellos entretenimiento y búsqueda de recursos para compartir seguramente en familia, allá por los años ‘30.
Dentro y fuera del Código Rural
Tanto movimiento genuino de ganado, en medio de las distancias y la incapacidad de control, generaba sin embargo para otros, el ámbito justo para las infracciones a lo que se denominaba el “Código Rural”, como bien rescata un escrito citado por Bernardo Martinez en su libro “Nosotros somos Añelo, 100 años de historia”.
“Chos Malal, Marzo 19 de 1898”, dice el encabezado de uno de los documentos más antiguos, “atendiendo a las continúas infracciones cometidas por vecinos que importan y exportan animales sin munirse de guías que certifiquen la propiedad”, la Gobernación del Territorio resuelve la creación de una ‘comisaría de tablada’ en el Paraje Tratayen a cargo de un poblador que ejerció se honorem.
Ese punto geográfico, según ayudaron a reconstruir los archivos, llevaba ese nombre por la denominación con la que se conocía al fortín ubicado a unos 20 kilómetros de donde luego terminó consolidándose la localidad de Añelo, propiamente dicha. Allí, para el control de la ganadería, las autoridades batallaban con “escasez completa de elementos de movilidad, un exiguo número de gendarmes” y la falta de presupuesto, señaló esa vieja resolución en sus considerandos.
Crianceras al frente
“Ayer por la tarde la encontré de paso/ sobre un pingo zaino al tranco nomás/ arriando unos chivos con rumbo a su rancho/ como quien no pierde nuestra identidad”, recita un escrito del payador regional Teófilo Gustavo Muñoz y citado por Martínez en su libro dedicado al centenario de Añelo.
Como se ve en el monumento que hoy recibe a los visitantes a la vera de la Ruta 17, la cría de animales fue para muchas mujeres, su oficio asignado en la vida y también la posibilidad que encontraron para dar sustento a familias numerosas, incluso en soledad.
Muñoz en este caso le escribe a su propia madre, recordando haber visto, campo adentro, cómo “limpió las aguadas, amamantó a los chivos/ y pa’ las esquilas también se agachó/ a juntar vellones, a manear ovejas/ y con la tijera también esquiló/ por eso le pido, al verla tranqueando/ Tata Dios del cielo que le de salud/ pa’ que este conmigo, con todos sus hijos/ a la madre vieja, con toda virtud”, le dedicó.
Diversidad y celebración
Después de tantos años, aunque ya no como antes, la actividad ganadera sigue presente entre los vecinos de un sector, que según estima el municipio, ya tiene una población estable de 10.000 habitantes, más todos aquellos que arriban a cumplir tareas laborales asignadas.
En paralelo al petróleo, la producción de energía eléctrica y la vitivinicultura, las autoridades explicaron que la producción ganadera de caprinos en Añelo continúa, entre antiguos linajes como los Tanuz y generaciones más jóvenes que buscan, entre corrales, no perder el vínculo con lo nativo.
Homenajeados en la Fiesta de los Productores, como antes lo hizo la Fiesta de la Yerra y el Pial, continua junto a una creciente actividad agrícola, con producción hortícola y de forrajes”, además de la industria forestal, concluyeron.
Comentarios
Estimados/as lectores de Río Negro estamos trabajando en un módulo de comentarios propio. En breve estará habilitada la opción de comentar en notas nuevamente. Mientras tanto, te dejamos espacio para que puedas hacernos llegar tu comentario.
Gracias y disculpas por las molestias.
Comentar