Una de las mayores economías regionales del país está en la Patagonia: cómo funciona, eslabón por eslabón, la cadena de peras y manzanas

Chacras, galpones, cámaras de frío, puertos y exportación: cómo está integrada la cadena frutícola del Alto Valle que conecta a Río Negro y Neuquén con el mundo.

Por Omar Rocha*

Empaque de manzanas en Río Negro, norte de la Patagonia. Foto: archivo Juan Thomes.

La fruticultura del Alto Valle de Río Negro y Neuquén es mucho más que una actividad agrícola. Es un sistema que mueve peras y manzanas desde las chacras hasta los mercados de Brasil, Rusia, Estados Unidos y Europa, con decenas de miles de empleos distribuidos a lo largo de toda la cadena.

Desde San Patricio del Chañar hasta Chichinales, a lo largo de unos 140 kilómetros sobre el río Negro y sus afluentes, el paisaje del Alto Valle cambia de color según la estación. En enero y febrero, los montes se llenan de trabajadores con bines y escaleras. Es la cosecha, el momento más visible de una cadena que lleva todo el año en movimiento.

El Alto Valle abarca unas 100.000 hectáreas en total, de las cuales alrededor del 60% está bajo riego. De esa superficie irrigada, se cultivan con frutales de pepita algo más de 35.596 hectáreas, según registros del SENASA. Las dos especies centrales son la pera —cerca de 18.266 hectáreas— y la manzana —unas 17.279 hectáreas—, aunque también tienen peso los carozos como el durazno, la ciruela y la cereza.

Esa producción no es solo de Río Negro. La región frutícola cruza el límite provincial y se extiende sobre el Neuquén y el Limay, además del propio río Negro. General Roca, Allen, Cipolletti, Centenario, Vista Alegre, Guerrico, Villa Regina: el entramado productivo conecta a decenas de localidades que viven, directa o indirectamente, del fruto de la temporada.

Fruticultura en el Alto Valle: lo que la región tiene construido


La fruticultura del norte patagónico no se entiende sin el agua. El Sistema Mayor de Riego del Alto Valle, desarrollado a partir de las primeras décadas del siglo XX con obras como el dique Ingeniero Ballester y la red de canales, permitió transformar un ambiente natural desértico de la Norpatagonia, con clima seco y apenas 200 milímetros de precipitaciones anuales, en un oasis productivo bajo riego.

Según el informe técnico del INTA Prospectiva frutícola del Alto Valle del río Negro al 2035, a comienzos del siglo XX las obras hidráulicas, el dique Ballester y la red de canales, acequias y drenajes dieron forma a un sistema integral de riego de unas 60.000 hectáreas. Sin esa infraestructura, administrada hoy por consorcios de riego y el Departamento Provincial de Aguas, el Alto Valle no tendría la cantidad de chacras ni el volumen productivo que sostiene buena parte de su economía regional.

Dique Ballester, donde nace el sistema de riego del Alto Valle. Foto: archivo Florencia Salto.
Dique Ballester, donde nace el sistema de riego del Alto Valle. Foto: archivo Florencia Salto.

A ese recurso hídrico se suma casi un siglo de saber acumulado. La Estación Experimental del INTA Alto Valle, con sede en General Roca, trabaja en mejoramiento varietal, manejo de plagas, tecnificación del riego y pos-cosecha. Los galpones de empaque del valle incorporaron maquinaria de clasificación por color, tamaño y calidad. La cadena de frío tiene presencia en todas las ciudades importantes del corredor. Y el estatus fitosanitario de la región —libre de mosca de la fruta desde 2005, gracias al programa FUNBAPA con respaldo del SENASA— es una habilitación concreta para acceder a mercados exigentes.

Eslabón por eslabón: cómo funciona la cadena de peras y manzanas en la Patagonia


  • La chacra. Todo empieza antes de la cosecha. La poda de invierno define cuánta fruta habrá y de qué calidad. El raleo en primavera ajusta la carga del árbol. La disponibilidad de insumos agrícolas, el riego y el manejo fitosanitario son factores determinantes para que la fruta llegue al galpón con las condiciones de calidad que exigen los compradores externos. En este punto conviene diferenciar dos planos. La fertilización está vinculada con la nutrición del cultivo, el desarrollo de la planta, el calibre y el rendimiento de la fruta. El manejo fitosanitario, en cambio, incluye la aplicación de productos destinados a proteger la sanidad del monte frutal, como herbicidas, fungicidas e insecticidas.

    Desde una mirada operativa, el problema no se limita al uso técnico de cada insumo. También intervienen la disponibilidad, el precio, la logística de abastecimiento y el momento oportuno de aplicación. Cualquier demora, faltante o encarecimiento puede impactar sobre la calidad final, la productividad y la capacidad de cumplir con los estándares comerciales de exportación.
    A esto se suma el peso laboral de la actividad. La fruticultura es una economía regional intensiva en mano de obra. Según reconoce la propia Cámara Argentina de Fruticultores Integrados, CAFI en plena temporada puede llegar a emplear a casi una persona por hectárea productiva. En el Valle, esa dinámica involucra directamente a decenas de miles de trabajadores entre tareas de campo, poda, cosecha, asistencia técnica, empaque y logística asociada.
  • La cosecha. Entre enero y abril se cosecha la mayor parte de la producción, con diferencias según la variedad. Los cosecheros llenan bins —cajones plásticos grandes— que se cargan en camiones y salen de las fincas hacia los galpones de empaque o directamente hacia las cámaras de frío. El momento del corte importa: la fruta que se cosecha demasiado temprano o demasiado tarde llega al mercado fuera de los parámetros de calidad que exige el comprador.
  • El galpón de empaque. Es el corazón industrial de la cadena. Allí la fruta pasa por máquinas de clasificación que la ordenan por peso, calibre y color. Se descarta la que no cumple con los estándares —parte va a industria, para jugo o concentrado— y el resto se embala en cajas según el destino: cada mercado tiene sus propias exigencias de presentación y tamaño. El empaque no es solo logística: es la etapa donde se produce el mayor volumen de empleo dentro de los galpones. El Sindicato de Obreros y Empacadores de la Fruta de Río Negro y Neuquén negocia cada año los salarios de la temporada con la cámara empresaria.
  • La cadena de frío. Otra pieza central de la fruticultura regional. Antes y después del empaque, la fruta necesita condiciones controladas para conservar firmeza, calidad y vida comercial. Las cámaras frigoríficas permiten que la temporada de venta se extienda mucho más allá del momento de cosecha: una pera Williams o una manzana Granny Smith levantada en febrero puede llegar varios meses después a un supermercado de Moscú o Rotterdam, siempre que la temperatura se mantenga estable durante todo el recorrido.
    En esa logística, el Depósito Fiscal y Aduanero de Centenario, en Neuquén, ocupa un lugar estratégico para el Alto Valle. Desde 2014 funciona como terminal de carga vinculada a la salida de fruta fresca, con intervención y certificación del SENASA para los productos que ingresan al circuito de exportación.
  • La certificación. Antes de que cualquier caja cruce la frontera, el SENASA verifica que la fruta cumpla con los requisitos fitosanitarios del país importador. Cada mercado tiene sus propios protocolos. El certificado fitosanitario no es un trámite burocrático: es la llave que abre o cierra el acceso a cada destino. Si la región pierde su estatus sanitario, los embarques se detienen. Por eso el programa de control de mosca de la fruta tiene tanta relevancia operativa.
  • El transporte. Desde los galpones del Valle hasta el puerto, la fruta viaja en camiones refrigerados. Los principales destinos de salida son el puerto de San Antonio Este, en la costa atlántica rionegrina, y el puerto de Bahía Blanca. Algo también sale por Chile. La distancia desde General Roca hasta San Antonio Este es de unos 414 kilómetros por ruta. El recorrido habitual sale por la Ruta Nacional 22, continúa por la Ruta Nacional 250, toma la Ruta Provincial 2 hacia San Antonio Oeste y luego conecta con la Ruta Nacional 251 hasta San Antonio Este. Ese recorrido, incluyendo la operatoria portuaria, demanda en promedio unas 49 horas desde que la mercadería sale del establecimiento hasta que el buque zarpa, según un estudio de logística realizado sobre el puerto rionegrino.
  • El puerto. San Antonio Este es la terminal marítima de referencia para las exportaciones frutícolas del Alto Valle. La temporada 2026 arrancó con el zarpe del primer buque en enero, con peras y manzanas como carga principal. La operatoria conecta la producción regional con los grandes puertos de transbordo de Europa y América del Norte, desde donde la fruta patagónica llega a sus destinos finales.

Cadena frutícola en la Patagonia: cada eslabón importa


La cadena frutícola del norte patagónico funciona como un sistema. Cuando uno de sus eslabones falla, el impacto se traslada a los demás.

Un ejemplo reciente: en plena temporada exportadora de 2026, transportistas nucleados en la Cámara Patagónica de Empresas de Autotransporte de Cargas (Capeac) suspendieron los fletes al puerto de San Antonio Este por un reclamo tarifario. Se estimaba que entre 110 y 120 camiones podían quedar fuera de servicio. El conflicto se resolvió rápido, pero encendió una alerta: cualquier interrupción en ese tramo puede generar demoras en los embarques y comprometer compromisos comerciales con compradores que no esperan.

«La fruta que sale del valle no es solo producción primaria: es trabajo acumulado en el empaque, el frío, el transporte, la certificación y la logística portuaria».

Omar Rocha – Operaciones logísticas, control de stock y producción.

La CAFI tiene medido que de cada 100 pesos del valor FOB de exportación, 64 corresponden a valor agregado en servicios y mano de obra. Es decir, la fruta que sale del valle no es solo producción primaria: es trabajo acumulado en el empaque, el frío, el transporte, la certificación y la logística portuaria. Siete de cada diez pesos que recibe la fruticultura provienen del mercado externo.

En 2024, las exportaciones de peras de Río Negro y Neuquén llegaron a 264.100 toneladas entre enero y julio, un 4,9% más que el año anterior y el mayor nivel para ese período desde 2020, según datos del SENASA. Brasil fue el principal destino, seguido por Rusia y Estados Unidos. La pera, que destina más del 60% de su producción al exterior, es la columna exportadora de la región. La manzana, en cambio, tiene su mercado principal en el consumo interno y en la industria.

Peras y manzanas en el Alto Valle: una cadena que sostiene ciudades


La fruticultura no es solo una actividad de campo. Es la razón por la que ciudades como Allen, General Roca, Cipolletti, Villa Regina o Centenario tienen galpones de empaque, frigoríficos, talleres de maquinaria agrícola, empresas de transporte y servicios técnicos. En plena temporada, el movimiento económico se siente en los comercios, en las paritarias, en los aeropuertos donde salen técnicos y en los puertos donde embarcan buques cargados de cajas.

La actividad viene de una década de achique en superficie productiva. Pasó de un orden cercano a las 48.000 hectáreas a una base actual que el sector ubica alrededor de las 35.000, aunque con una lectura menos lineal que la caída: varios actores entienden que esa superficie parece haber encontrado un punto de equilibrio y que el área difícilmente retroceda mucho más. La explicación está en la propia reconversión del sistema. Quedaron menos hectáreas y menos productores, pero también unidades más tecnificadas, montes con mejor manejo, mayor inversión en eficiencia y una productividad por hectárea superior a la de una década atrás. Las empresas que se mantienen en la actividad reconvirtieron sus montes, incorporaron nuevas variedades y tecnología de riego, y siguen operando en un mercado internacional exigente.

Esa ecuación —menos hectáreas, mayor eficiencia, competitividad sostenida— es la que define hoy el Norte patagónico como región productora. La cadena funciona. Y cuando funciona bien, se nota en cada localidad del Valle.

(*) Omar Rocha – Operaciones logísticas, control de stock y producción.
omarpedrorocha@gmail.com – Linkedin.com/in/omar-rocha

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