Unidos por la madera: la empresa que creció en Neuquén gracias a dos oficios milenarios 

"Álvarez Hermanos y Durán" fue el nombre de una sociedad que nació del vínculo entre los hijos de un carpintero con el descendiente de un experto en barricas y toneles. El resultado los convirtió en pieza clave del mercado frutícola.

Por Melina Ortiz Campos

Con sede central en Neuquén capital, una firma histórica abrió camino ya hace décadas en el mercado de la madera, gracias al Alto Valle pero también conectada con el departamento Aluminé, en la cordillera neuquina. Potente, su nombre hacía referencia a una sociedad, pero también a una amistad y a la apuesta de una familia por establecerse en el mercado industrial y comercial de un insumo tan noble.

Fábricas de «terciados» y envases para fruta fresca en la Confluencia, con galpones de láminas para terciado y aserradero en Quillén, «Álvarez Hermanos y Durán» fue este proyecto, que se publicitaba a mediados del siglo XX en los impresos de la región, con su número de línea telefónica 125 y el término «ALVADUR» como dirección telegráfica, testimonio de la tecnología de otro tiempo. 

Armando Álvarez, hijo de Antonio, un carpintero de León, España, fue uno de los precursores, que se vinculó con la madera por herencia. El taller de su padre, el que pudo abrir en calle Misiones 224, casi Sarmiento, en Neuquén, fue la cuna de esta idea que hicieron prosperar. Allí, con empeño y dedicación, batallaron junto a sus familiares más directos por transformar la realidad que lo acompañaba desde la infancia: pies muchas veces descalzos para ir a la escuela, noches durmiendo en el suelo a falta de colchones para dormir.

La materia prima se trabajaba desde la cordillera neuquina. Gentileza Ing. Carlos Álvarez.

Nacido en 1916, la pobreza que sufrían era mucha, pero lo que no les faltaba era unidad, por eso ampliaron esa convicción al asociarse con Juan Durán, que desde Cipolletti, se volvió para ellos como un «hermano mayor».

Juntos comenzaron fabricando cajones de manzana: al principio 200, hasta llegar a los 800 mil unidades anuales. 

En la reseña publicada por «El Libro de Oro del Centenario de Neuquén», en 2004, la entrevista de Graciela Iuorno y Mabel Llorente sirvió para conocer detalles de esas vivencias que derivaron en la fortaleza de una de las empresas más grandes y prestigiosas de la zona. 

Gentileza Ing. Carlos Álvarez.

Casado con Angélica Moriconi, según investigó la historiadora Beatriz Chávez, Durán por su parte fue uno de los hijos de Teresa y Juan Manuel, también asociado a la madera por el oficio de su padre. Una labor cargada de técnica y paciencia, aunque relacionada con la vitivinicultura, la del tonelero era otra de las tareas fundamentales de comienzos de siglo, cuando la viña y la alfalfa sirvieron para consolidar el uso de la tierra valletana para el cultivo. También de origen español, esa familia había echado raíces en la colonia Lucinda, que crecía de la mano de las bodegas, del otro lado de los puentes carretero y ferroviario.

Según los registros, con el paso de los años, la dinámica de la creciente empresa los llevó a trasladarse a la intersección de calle Misiones y Ruta 22, hasta que terminaron reubicándose en el Parque Industrial, en instalaciones que escalaron a los 11.000 metros cubiertos, en los que el álamo era el gran protagonista del movimiento de máquinas, transporte y empleados.

«Le vendíamos a clientes de muchas partes, especialmente exportábamos a Francia»,

recordó Álvarez para esa publicación histórica que circuló hace 20 años.

Los desafíos que sobrellevaron fueron muchos, pero la satisfacción que los sostuvo fue que pudieron hacerle frente, «incluso a las promesas que nos hicieron y que después no cumplieron». 


Con sede central en Neuquén capital, una firma histórica abrió camino ya hace décadas en el mercado de la madera, gracias al Alto Valle pero también conectada con el departamento Aluminé, en la cordillera neuquina. Potente, su nombre hacía referencia a una sociedad, pero también a una amistad y a la apuesta de una familia por establecerse en el mercado industrial y comercial de un insumo tan noble.

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