Unos cajones con melones y una pila de sandías marcaron el nacimiento de un parador icónico en Valle Medio

En 2002 el parador Los Gringuitos, ubicado entre la rotonda que lleva a Luis Beltrán y la entrada a la localidad de Lamarque, daba sus primeros pasos a la vera de la ruta 250. En unas décadas de mucho trabajo y esfuerzo familiar se convirtió en una parada obligada para viajeros y vecinos de la zona que encontraron en sus instalaciones oferta de frutas, verduras, artesanías regionales y unos sanguches sin competencia.

Osvaldo y José Luis Valentini, del parador Los Gringuitos en Valle Medio. (Foto: Juan Thomes)

La historia del parador “Los Gringuitos” no nace de un plan de negocios modelo ni de una estrategia de mercado fríamente planificada. Más bien surgió, en su momento, de un presente de necesidades y del impulso que siempre tuvieron los productores para no dar el brazo a torcer y dar pelea frente a un panorama que se presentaba adverso.

“La historia nace por una cuestión de necesidad financiera…”, cuenta José Luis Valentini a Río Negro Rural, con la memoria clavada en el año 2002 que marcó el inicio de todo.

El inicio de Los Gringuitos en el año 2002.


Esa historia que comenzó con unos cajones de melones y sandías a la vera de la Ruta 250, entre la rotonda que lleva a Luis Beltrán y la entrada a Lamarque, trajo a esta familia hasta un 2026 que los mantiene como referencia y parada obligada en los viajes hacia la costa atlántica o hacia el Alto Valle.

En aquel momento, la crisis económica por la que atravesaba la Argentina, el recordado corralito financiero y una producción que no encontraba precio empujaron una decisión que cambiaría su vida: salir a vender a la vera de la ruta. “Había mercadería que no la podíamos sacar al mercado de ninguna manera, no había forma, entonces la decisión que tomamos fue empezar a vender en la ruta”, cuenta José Luis.

Lo que comenzó como una salida desesperada terminó convirtiéndose, con los años, en un punto de referencia para viajeros y productores.

De una chacra vacía a una marca del Valle Medio



El escenario inicial era tan desafiante como simbólico: una chacra “pelada”, sin infraestructura y con una familia dispuesta a empezar de cero. “Compramos esta chacra, no tenía nada, estaba pelada sobre la ruta”, recuerda.

José Luis Valentini, del parador Los Gringuitos en Valle Medio. (Foto: Juan Thomes)


Con melones y sandías como primer cultivo, y una balanza heredada -cargada de historia familiar- como herramienta, comenzaron a construir algo más que un sustento. “Arrancamos de cero, toda la familia, con muchos problemas financieros”.

El esfuerzo fue extremo: jornadas interminables, sin servicios básicos y con el acompañamiento silencioso de su madre, que acercaba comida en medio de la precariedad. “No tenía agua, no tenía baño, mi mamá venía con sus problemas de salud a traerme un plato de comida”.

El legado inmigrante y la cultura del trabajo



Detrás del presente de “Los Gringuitos” hay una herencia profunda, marcada por el sacrificio de generaciones anteriores.

Hoy, el parador Los Gringuitos ofrece todo tipo de productos regionales. (Foto: Juan Thomes)


José Luis no duda en reconocer ese origen: “Mi abuelo era inmigrante, uno de los primeros colonos del Valle Medio”.

Historias de guerra, pérdidas y trabajo extremo atraviesan su relato familiar. Osvaldo, su padre, huérfano a los 11 años, también construyó su camino desde abajo. “Salió a vender con un caballo y un carro, con esa balanza que todavía tenemos”, relata José Luis.

“Había mercadería que no la podíamos sacar al mercado de ninguna manera, no había forma, entonces la decisión que tomamos fue empezar a vender en la ruta».

José Luis Valentini, del parador Los Gringuitos.

Ese legado se traduce en una filosofía clara: austeridad, constancia y respeto por el esfuerzo. “La constancia y la perseverancia hacen el éxito de las cosas”, resume hoy a la distancia, y con ese 2002 que ya quedó definitivamente muy lejos en el tiempo.

Diversificar para sostenerse



Con el paso del tiempo, el emprendimiento fue creciendo y adaptándose. Lo que comenzó con frutas y verduras fue mutando hacia una propuesta más amplia, vinculada a productos regionales y servicios al viajero. “Opté por la parte regional, cosas más artesanales que no te demanden tanto tiempo”, resume José Luis.

La oferta de gastronomía de Los Gringuitos es reconocida por todos los viajeros que visitan el lugar. (Foto: Juan Thomes)


Hoy, “Los Gringuitos” combina producción, comercialización y turismo rural: venta de regionales, gastronomía, hospedaje y un fuerte vínculo con proveedores locales. “Hay que brindar servicio, a la gente hay que dejarla contenta”, cuenta este productor sobre su forma de trabajar en el lugar.

Un lugar que ya no es solo un punto de venta, sino que se transformó en una experiencia que invita a parar y hacer una visita para disfrutar de su oferta gastronómica y de productos regionales para todos los gustos.

Las nueces, una apuesta a largo plazo



Pero Los Gringuitos no es solo una apuesta comercial y gastronómica. En paralelo, José Luis apostó por la producción de nueces, un cultivo que exige paciencia y visión. “Sabía que había que plantar y esperar diez años”, dice sobre las hectáreas con nogales que se pueden ver a simple vista desde la ruta.

Nueces de producción propia se ofrecen en Los Gringuitos.


Actualmente maneja una superficie de cinco hectáreas, con producción en crecimiento y una red comercial que llega incluso a Buenos Aires. “La producción la vendo en Buenos Aires, fui buscando cómo canalizarla para que valga más”, explica a Río Negro Rural.

Pero este camino no estuvo exento de errores: manejo, tiempos y la dificultad de equilibrar producción con comercio. “Los errores fueron de manejo, no podía hacer todo al mismo tiempo”, cuenta José Luis.

“La constancia y la perseverancia hacen el éxito de las cosas”.

José Luis Valentini, del parador Los Gringuitos.

Por eso, en estos momentos cuenta con asesoría de la gente del INTA que hacen su aporte para llevar esta apuesta productiva a buen puerto.

Uno de los aspectos más destacados de este proyecto que comenzó en el 2002 es su vínculo con otros productores. José Luis no solo produce, también acompaña. “Acompaño a productores, les doy una mano financiera y después me pagan con mercadería”, comenta sobre esta forma de trabajo.

Se trata de un modelo solidario, basado en la confianza y cooperación, una trama que fortalece la economía regional.

El turismo que cambió y el desafío de sostenerse



Como muchos emprendimientos ligados a la ruta, “Los Gringuitos” vive de cerca los cambios en el turismo. “Hoy pasa más gente, pero consume menos”, resume.

Dulces, conservas, productos regionales de todo tipo forman parte de lo que se pueden encontrar en Los Gringuitos.


Recuerda épocas mejores, entre 2009 y 2016, cuando el movimiento era más intenso y el gasto mayor. Hoy, el desafío es adaptarse a un consumidor más cauteloso. “Se achicó el bolsillo… hay que afrontar más horas de trabajo, hay que mantener un cliente y cumplir siempre”, sostiene.

Familia, identidad y futuro



El nombre del emprendimiento no es casual. “Los Gringuitos” es, ante todo, una referencia familiar. “Le pusimos así porque tengo cinco hijos varones”. Hoy, algunos de ellos forman parte del proyecto, mientras otros siguen sus propios caminos: desde la ingeniería hasta la música. “Eso es lo gratificante… ver que cada uno crece”, reconoce el productor vallemediense.

Osvaldo y José Luis Valentini, junto a la balanza en la que el primero de ellos salía a vender frutas y verduras en su juventud.


A pesar del esfuerzo constante y la falta de descanso -“trabajo los 365 días del año”-, José Luis mantiene intacta la convicción. “Este país le da oportunidades a todos, hay que saber aprovecharlas”.

Más que un comercio, “Los Gringuitos” es el reflejo de una identidad: la del productor que se reinventa, que resiste y que construye desde abajo. Un lugar donde cada producto tiene una historia, donde cada cliente importa y donde la ruta no es solo tránsito, sino oportunidad. “El que se siente bien atendido… vuelve”, reflexiona.

En marcha, los famosos sanguches de Los Gringuitos, que tientan a propios y extraños en Valle Medio.


Y en ese regreso constante de viajeros y locales se consolida una certeza: que el esfuerzo sostenido en el tiempo, también puede significar un destino.


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