Sacheri, un escritor de toda la cancha

El autor de “Ser feliz era esto” pasó por la Feria del Libro de Cipolletti y habló de letras y de fútbol

Redacción

Por Redacción

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Eduardo Sacheri la devuelve redonda. Podría jugar mecánicamente y la cosa resultaría. Pero el tipo no se encasilla y busca variantes, crece. No deja de crecer. Sin escalas va del policial de Oscar “La pregunta de sus ojos” (que en cine fue El secreto de sus ojos) al bien argento-sensible-futbolero-”Papeles en el viento”. Y de allí al relato sencillo y profundo:”Ser feliz era esto”.

Una chica de 14 y su padre que se conocen sin que uno supiese de la existencia del otro. Nada del otro mundo. Pero Sacheri le mete encanto y la historia se expande. No puede creer lo que le está pasando, eso de los viajes, el cine, y las traducciones. Por caso, cuenta Sacheri que nunca había salido del país y, claro, no había necesitado pasaporte. De raje tuvo que sacar el suyo: a Los Angeles, y de allí a Hollywood por ese premio que llaman Oscar.

Después del golazo de “El secreto de sus ojos” muchos imaginaron que vendrían más policiales. Pero no ¿Por qué hacer lo que los lectores esperan que haga?, pregunta. El tipo juega. Y explica: está bien ponerle la pelota en los pies al compañero pero mucho mejor es dejársela dos metros adelante, donde va a tener los pies cuando llegue la pelota. “Te doy la pelota, no donde estás, sino donde vas a estar”, dice sobre su juego. Lo entienden sus compañeros: lectores que por legiones lo siguen, escuchan e interrogan.

Sucede que Eduardo Sacheri, Buenos Aires, 1967, número 5 de su equipo de fútbol, le da un contenido a cada respuesta aunque las preguntas se repitan, aunque muchas veces haya que hacer un esfuerzo para decodificarlas.

Para quienes nada entienden de fútbol, tal es el caso del director de cine Juan José Campanella que -revela Sacheri- “tiene menos fútbol que la revista Chacra” la posición del número 5 está en el centro de la cancha. Es el nexo entre los de arriba y los de abajo. El que tapa y juega, el que hacer jugar. Hay muchas variantes de 5, más o menos rústicos, más o menos exquisitos.

Con todo, cualquiera que lo haya leído entiende que Eduardo es de toda la cancha. Y está a punto caramelo. Entiende el juego y te hace jugar. Te la devuelve redonda.

Protagonista central de la Feria del Libro de Cipolletti que hoy tendrá su gran cierre, Sacheri tuvo tiempo para todos, escuchó mucho y firmó todos los libros que le pusieron enfrente. También habló con “Río Negro, de literatura, de los libros que van al cine, de la vida del profe de Historia, de los pibes, la fama y de su entrañable amor por Independiente de Avellaneda.

-¿Cómo es esto de que los libros se transformen en películas? Cuándo escribís ¿Pensás que la novela puede llegar al cine?

-La verdad que no. Justo en este momento estoy tratando de arrancar con una novela nueva. Siempre, sobre todo en los primeros meses, es muy frustrante porque uno se equivoca mucho, no le encontrás el tono…pero ves, es una novela, no es una película. Con “Papeles en el viento” me pasó lo mismo, con “Ser feliz era esto” pasó, con “La pregunta de sus ojos” fue lo mismo… Pero bueno, si viene un director de cine y dice ‘che quiero hacer una película con esto’ para mí ese es el primer paso hacia el cine.

-¿Y cuál es el segundo?

-El segundo paso es que yo me sienta cómodo con esa persona, que tampoco es tan fácil, porque se trata de entregar un trabajo por el que vos diste mucho y sobre el que tomaste muchas decisiones, que te parecen las mejores. Y viene el director y te dice, vamos a tocar esto, vamos a tocar allá, y yo tengo que resignarlo. Entonces es muy importante que la persona con la que lo hagas sea alguien en quien confíes, Campanella en un caso, (Juan) Taratuto en el otro.

¿Sos un poco el Lucas de “Ser feliz era esto”?

-En mis libros,me gusta mucho forzar situaciones, tensar la realidad hacia otro lugar; entonces te diría que gracias a Dios no, en el sentido que Lucas es un tipo que no tiene más ganas de escribir y que no se siente escritor. Y gracias a Dios yo soy un tipo al que le gusta este laburo y me gustaría seguir haciéndolo. En “Ser feliz era esto” me gustó tensar esta posibilidad de interrogar qué pasa si el éxito te lleva a un lugar al que vos no querés ir. En general la gente tiende a suponer demasiado fácilmente, que si a vos te va bien en algo, tenés que perseverar en eso, que te va bien. Y vos tenés que perseverar si tenés ganas de perseverar, si no tenés ganas ¿para qué tenés que seguir con eso? Esto es algo que me pregunto mucho.

-¿Porqué te lo preguntás?

-La gente me dice ‘Che, Sacheri, si a vos te va tan bien con los libros, con las películas, ¿porqué seguís siendo profesor de Historia?’ La suposición que hay detrás de eso es: ‘ya que te va bien con algo tan raro, tan glamoroso, deberías dedicarte a full’ Y nadie contempla el hecho de que a mi me gusta dar clases de historia. Creo que Lucas juega un poco con eso.

¿Cómo es la convivencia del escritor exitoso con el profesor de Historia?

-En lo cotidiano conviven con facilidad, el problema es cuando tengo que viajar afuera y dejo a los pibes sin clase…tengo que dejar trabajos y los pibes chochos de la vida con que falte el profe de Historia (risa) Pero el mundo del aula es tan rico y tan complejo que muy rápidamente deja de tener que ver con lo que vos traés de afuera y eso está muy bueno.

-¿Cómo son los primeros días de clases?

– Indudablemente, cuando entró al aula el primer día de clase los pibes me conocen como escritor y no como profesor de Historia, pero a la tercera clase ya se olvidaron que sos escritor y está bueno que así sea. Y lo bueno y lo malo que pasa en el aula es por lo que se genera adentro por lo que vos generás y por lo que generan ellos y no por la chapa que vos traés.

-¿Qué te deja el contacto con los chicos? ¿Te alimenta como escritor?

-Yo creo que fundamentalmente alimenta a la persona, y alimenta al escritor en el sentido que te equilibra, el laburo de escritura es muy silencioso, muy hermético, muy metido para adentro, muy de desconexión con los demás, y en un punto medio enfermizo en ese sentido. La docencia te obliga a todo lo contrario, a conectarte, a efectivizarte, a relacionarte muy fuertemente…en caso contrario no funciona…

-¿Y el fútbol?

-El fútbol es una gran parte de mi vida. Desde que nací que juego al fútbol, desde que nací veo fútbol, desde que nací que soy hincha de Independiente. Esas cosas se articulan y tienen absolutamente que ver con mi vida, el fútbol aparece en mis libros porque está en mi vida; yo, inevitablemente, llevo cosas de mi vida al fútbol porque llevarlas a los libros es una forma de entenderlas mejor. Bueno, el fútbol es una de las cosas que llevo. No hay unas voluntad de decir ‘voy a escribir de fútbol por esto o por aquello’ salen porque así como el fútbol me sirve en la vida me sirve en la literatura. Ni más ni menos que por eso.

-El cuento Señor Pastoriza es muy fuerte en cuanto a lo que genera ¿Sos totalmente vos?

-En general yo trato de no ser demasiado autobiográfico en lo que escribo. Por un lado porque no creo que mi vida sea tan interesante y por el otro para preservarme. Sin embargo, de vez en cuando, la literatura me sirve para tributar un homenaje a mi viejo que es un afecto que perdí hace muchos, muchos años…Entonces, en Independiente, mi viejo y yo, en Señor Pastoriza, sí, es absolutamente autobiográfico lo que no significa que sea real, es mi recuerdo. No falta el que me dice que estoy mezclando una semifinal de Copa con una final. Y mi respuesta es: ‘ya sé tarado, yo tenía seis años, cuando tenés seis años no tenés el fixture de la Copa en la cabeza.

-¿Encontrás algún paralelo en la forma de narrar de Osvaldo Soriano y vos? Curiosamente su inspiración parece haber nacido acá en la zona, donde vivió en su juventud…

-Si uno juzga sus cuentos de fútbol, menos mal que vino. Soy muy lector de Soriano, yo no encuentro similitudes entre lo que escribió y lo que yo escribo. Pero si las encontrás, ojalá. De Soriano valoro mucho la capacidad de volver literario lo cotidiano, no sólo lo admiro en él, pero cuando encuentro a alguien que lo hace tan bien, como es algo que me interesa hacer, cuando lo encuentro en Soriano como en (Julio) Cortázar por nombrarte dos que lo han logrado muy profundamente lo destaco. Soriano tiene una particularidad adicional que es una construcción de personajes estupenda, a partir de los que esos personajes dicen. Fijate que Soriano no describe a sus personajes pero sin embargo cuando sus personajes hablan se construyen y vos tenés muy claro cómo son. Eso, para mí, es de una calidad muy difícil de conseguir y Soriano lo hacía de taquito.

-¿Es más difícil escribir ahora, que venís de varios éxitos seguidos?

-No concientemente, yo concientemente me siento tan frustrado como en cualquiera de los libros anteriores, en esa etapa inicial de no encontrar la historia, no encontrar los tonos, no encontrar los personajes, pero me siento igual que cuando estaba en este momento en “Ser feliz era esto”. No me siento ni mejor ni peor y me gusta abandonarme así. Por supuesto que después me gusta que después al libro le vaya bien. Creo que a nadie le da lo mismo, que el trabajo se valore o no. Entonces, que los libros se vendan, es una respuesta a esa pregunta. Creo laburar bien en mi cabeza el tema del éxito o el no éxito. Lo importante es escribir el libro que necesito escribir, así ha sido hasta ahora. Me parece que tiene que seguir siendo así y si encima a la gente le gusta, mejor.

-¿Y si no es así?

-Cazaré más horas de Historia y volveré a hacer lo que hacía antes, escribiendo en los ratos libres.

Rody Chávez

rodychavez1@yahoo.com.ar


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