Salto al mundo árabe, en Marruecos

Marrakech, una de las ciudades más grandes de Marruecos, se ha convertido por su accesibilidad desde Europa en destino internacional del turismo como portal de ingreso a la cultura de la medialuna. Sus calles, costumbres, edificios históricos, mezquitas y habitantes derrochan exotismo.

Por Redacción

MARRAKECH

Todo tipo de leyendas se escuchan de Marrakech. Incluso las guías turísticas las plasman en sus páginas y llegan a advertir: “si usted no regatea por un producto en un puesto, el vendedor se ofende”. Y otra mucho más increíble habla del canje de camellos por mujeres que ofrecen los marroquíes. Algo que insinúan a modo de broma los mismos nativos haciéndose eco de ese mito que tal vez en otra época fue realidad.

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SOLEDAD MARADONA

Marrakech es una de las ciudades más internacionales del mundo musulmán y una de las cuatro más grandes de Marruecos. Está a solo una hora y media de vuelo desde Madrid o bien se puede llegar en ferri desde la costa de Andalucía (al sur de España) hasta Tánger, la puerta a África y desde allí en auto, tren o colectivo.

La parte antigua de esta ciudad conocida como la “Medina” fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y allí vive el 20% de la población. Es un cuadrilátero conformado por un muro de tono rojizo desgastado que demarca ese casco histórico diferente a la ciudad que construyeron los franceses que dominaron esta región la primera mitad del siglo XX, hasta que en 1956 Marruecos logró la independencia.

En la “Medina” está el espíritu de Marrakech. Mujeres con los rostros cubiertos y túnicas típicas del mundo árabe (que también usan los hombres), bullicio en árabe tradicional, árabe marroquí y berebere (una lengua nativa que aún habla el 35% de la población), callejuelas angostas casi sin veredas por donde circulan miles de motocicletas por hora, desorden en el tránsito, vendedores persiguiendo turistas y olores fuertes propios de las especies que son características de la comida marroquí.

Para entender la cultura árabe no hay mejor opción de conversar con los locales. No muchos son proclives a contar sus tradiciones pero generalmente los que están vinculados con el turismo (ya sea guías de excursiones, conserjes o encargados de hoteles y mozos de restaurantes) se muestran generosos al hablar de su cultura.

La plaza Jamaa el Fna es el punto neurálgico de la ciudad. Allí se concentran todas las tradiciones. Puestos de venta de artesanías la rodean, víboras danzantes que salen de canastos al ritmo de flautas son parte del atractivo, los puestos ambulantes de jugo de naranja exprimido a la vista y cuando promedia la tarde se instalan los comedores con tablones, mesas largas y cocinas ambulantes donde preparan los platos típicos como Cuscús y Tajine (preparado especial en cazuela de barro con tapa cónica que contiene pollo, verduras y mucho azafrán).

También la plaza es escenario de la religiosidad. A escasos metros se encuentra una de las mezquitas que cinco veces al día llama por altoparlante a los fieles a orar (incluso de madrugada). Allí acuden sólo los hombres, las mujeres no pueden ingresar.

Es interesante para ver este movimiento casi automático cuando empieza el llamado en árabe que resuena en toda la ciudad y mucho mejor si se observa desde alguna terraza. La mejor ubicación la tiene el Café de France, el más turístico de la zona, desde donde también se puede ver un espectacular atardecer.

Conocer Marrakech a pie es lo ideal en el casco histórico e ingresar al laberinto del zoco (mercado de ventas) invita a sumergirse en el regateo aunque de por sí, los precios son muy baratos.

El zoco son callejuelas colmadas de puestos y manteros que ofrecen artesanías, productos típicos, de cuero de camello como cinturones y carteras, especies de las más variadas y coloridas (el azafrán es lo más cotizado), ropa, pashminas, alfombras, e inclusive animales vivos y comidas. Los aromas son intensos y la multitud agobiante. Hay una veintena de estos mercados en la “Medina” y se recomienda ir de mañana.

UN OASIS FUERA DEL MURO

Un tono azul intenso similar al de la conocida casa azul de Frida Kalho y un parque colmado de vegetación tan variada como la que existe en los cinco continentes. A eso se llegó del otro lado del muro que contiene la zona histórica de Marrakech. La “Ciudad nueva” como llaman al otro lado de la “Medina”, creció durante la colonia francesa que terminó a mitad del siglo pasado. De ese lado hay restaurantes y bares para turistas con cartas que ofrecen bebidas alcohólicas, algo que no sucede del lado de la ciudad musulmana ya que por su cultura no beben. El lugar más llamativo del lado “B” de Marrakech es el Jardín de Majorelle, un espacio verde como un jardín botánico que tiene más de 300 variedades de especies traídas de todos los continentes. Su creador fue el artista francés Jacques Majorelle, que compra un terreno en la zona del protectorado francés de la ciudad, construye su casa y taller (ahora pintados de azul intenso) y crea alrededor de su villa un gran jardín con especies exóticas con fuentes y cascadas de agua en su interior. Allí hay desde palmeras, cocoteros, bambúes, cactus, entre otras. Tras su muerte en los ´80 compró este jardín abandonado el diseñador y modisto francés Yves Saint Laurent, que recupera el espíritu original de Majorelle, reserva un lugar para uso privado y cede el taller del artista para el Museo Islámico. Desde 2008 con la muerte del modisto, pasó a depender de la ciudad que habilitó al público este oasis en la zona desértica del norte de África.

DATOS ÚTILES

La moneda es el dirham (un euro equivale a algo más de 11 dirham)

Hay vuelos directos desde Madrid, Valencia, Sevilla, París, Londres.

La mejor época para viajar a Marrakech es en primavera y otoño, donde la temperatura promedia los 25ºC. Entre fines de mayo y agosto el calor es agobiante, con 40ºC.

Hay dos excursiones al desierto del Sahara: a Zagora (la puerta del Sahara por dos días, una noche) o Merzouga (más profundo en el desierto, por cinco días).

En el zoco se pueden comprar artesanías baratas desde un euro. Lo exótico son los artículos de cuero de camello.

Hay que tener precaución al tomar fotografías, sobre todo a mujeres musulmanas.