“Salvemos el orgullo nacional”
Vivimos siguiendo atajos sin tener en cuenta que a veces pasamos por terrenos ajenos afectando a terceros sin detenernos a pensar si nuestro proceder es correcto. La tecnología y el avance de las ciencias conducen a cambios de suma importancia que se aprecian sobre todo en los valores de carácter inmanente. Ejemplo son las tradiciones y los símbolos que nos identifican y que son la ligazón del ser nacional. Cada vez olvidamos más estos aspectos que se difunden en el tiempo y en la historia. Nuestras instituciones republicanas están siendo sometidas a tironeos que modifican la valoración que antaño teníamos de ellas. Por ejemplo decíamos honorable Congreso de la Nación, honorable Cámara de Diputados, honorable Concejo Deliberante, etc., cuando nos referíamos a esos cuerpos colegiados que nos representan y que hacen que seamos república. Hoy casi todos los honorables están desvirtuados, ya no existen. En ese entonces, cuando eran honorables, estaban en las bancas los que habíamos elegido por sus cualidades apropiadas, incluyendo lo ético, lo cultural y la vocación social. Estos calificativos son los que han sido arrasados por la velocidad impresa de la vida que acelera la “vocación” social de muchos vecinos que sienten el derecho a ser elegidos. Es obvio que tienen razón, pero es necesario analizar los otros factores o virtudes ciudadanas para adecuarse a las condiciones mínimas a tener para gestionar. Ésta es la cuestión: los límites que tenemos los ciudadanos en base a lo que somos y a nuestro potencial para eventualmente poder prestar servicios en bien de la comunidad. Aquí intervienen varios responsables, además del propio interesado, que deberían poner coto a las “aspiraciones” desmedidas de muchos ciudadanos que generalmente en su ignorancia son impulsados por gestores interesados en escalar hacia el poder político. Los responsables deben ser buscados en las distintas instituciones constituidas por la sociedad, empezando por el hogar. Siguen la escuela, la calle, las vecinales, los colegios secundarios, gremios, cámaras empresariales, universidades, colegios profesionales. Por arriba, en la valoración de la responsabilidad, están las instituciones donde las conductas las establecen los elegidos para las más altas magistraturas. La ejemplaridad debe manar desde la cúspide del poder y de las instituciones devenidas de la Constitución, que en conjunto constituyen el aspecto jurídico que da legitimidad a la república. Si estas no son equilibradas, el andamiaje pierde sustento y a la larga se resquebraja el conjunto social. El resultado puede ser terrible, la lucha se hace individual o grupal sin interesar el resto y sólo vale el “sálvese quien pueda”. Se desdibuja la comunidad en sectores antagónicos que terminan en anarquía. ¡Salvemos el orgullo nacional votando bien! Omar A. González, DNI 5.749.340 Neuquén
Omar A. González, DNI 5.749.340 Neuquén