Sangre y política
HUGO GRIMALDI (*)
No hay paz en la política, aunque el barullo parece que sirvió para algo. Al fin y al cabo, es positivo que el todos contra todos de la Nación, la provincia de Buenos Aires y los intendentes haya sacado por fin a la superficie que la gran preocupación de la gente es que no la sigan matando, ni robando ni violando. Parece mentira que haya que alabar un sinceramiento tan traumático, porque en el medio hay a diario violencia y sangre, aunque la tardía salida del closet haya surgido de una flagrante situación de tirantez política de las cúpulas, totalmente alejadas de las necesidades de la gente. Desde lo ético y lo humano, está francamente mal que desde lo más alto del poder se haya dejado llegar la situación hasta donde llegó y tampoco es moralmente sano que los gobernantes se estén pasando la pelota para ver quién tiene menos culpa. Las cajas flacas, además, los han obligado a meter las manos en el barro, aunque nadie quiere pagar el costo, sobre todo en este año. Por las elecciones o por la falta de plata, lo cierto es que las facturas que se vienen cruzando de vereda a vereda por estos días son en extremo venenosas. Mientras se ahoga a Daniel Scioli por parte de la Nación, éste hace lo mismo con los intendentes no peronistas en Buenos Aires; en tanto, Julio de Vido ningunea a todos los jefes comunales que son decididamente opositores. Hay plata y efectivos policiales sólo para los amigos. Para los enemigos, ni justicia. Lo que los políticos no toman en cuenta es que la violencia instalada, la que se nutre de droga y de negocios fáciles, no elige a sus víctimas por su pertenencia partidaria. La “década ganada” que reseñó la presidenta de la Nación ante el Congreso no abarcó el ítem de la inseguridad, el de mayor preocupación de la sociedad desde hace varios años, en el cual el kirchnerismo se ha sacado un cero monumental. En otras materias Cristina Fernández quizás podrá zafar con un discurso de reivindicaciones, ya que lo económico es opinable y quizás el controvertido manejo de la energía podría ser atribuido benévolamente a la mala praxis o los alineamientos internacionales a las conveniencias. Pero, en el caso de la prevención y el combate contra el delito no puede aventurarse una sola explicación que le dé marco a la descomunal escalada criminal que tuvo lugar durante los últimos diez años. El abandono social que excluyó a muchos durante la década anterior, dirán algunos; una estrategia maquiavélica que comenzó hace años con la desidia con que se manejaron los conflictos en las calles, con permisividad hacia las protestas, bajo el manto de la no criminalización, dirán otros. Por suerte al secretario del área, Sergio Berni, se le ha permitido descubrir recién ahora lo que la sociedad padece desde hace mucho tiempo: que hay efectivamente inseguridad y que no se trata de una “sensación”. Es al final positivo que la situación se encare. Lástima la sangre que tuvo que correr para que ello suceda. (*) Director periodístico de DyN
HUGO GRIMALDI (*)
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