“Saturados de violencia”

Redacción

Por Redacción

No nos gusta la violencia. La rechazamos en todas sus manifestaciones, desde la verbal a la física, desde la indirecta a la directa, desde la sutil a la explícita. La violencia, expresada en cualquier forma, debe ser desterrada o al menos severamente sancionada en una sociedad que pretenda vivir dentro de los parámetros democráticos, republicanos, en libertad y con justicia plena. La violencia es una de las peores expresiones de un individuo. Exhibe el desprecio por el otro, su debilidad de espíritu y de argumentos. Los violentos son los que no tienen razones, los que desprecian la diversidad, los que pretenden el sometimiento, los que carecen de escrúpulos y límites para hacer prevalecer sus objetivos, que siempre son mezquinos. También son los que reaccionan irracionalmente ante alguna de estas situaciones descriptas. La sociedad neuquina está saturada de hechos violentos. Es tanta la violencia reinante que hasta se ha tomado al fenómeno como algo propio de estos pueblos, de la época. Es violento el gobierno, por su ausencia de transparencia, por el uso del clientelismo como arma electoral y de sometimiento, por la exhibición impúdica de la riqueza de sus miembros, por la facilitación de negocios formidables a personas o empresas allegadas, por esconder situaciones que siempre se filtran en forma de secreto a voces. El hambre, la marginalidad, la falta de viviendas, el futuro incierto, a lo que se somete a amplios sectores sociales, son expresiones violentas que se soportan hasta que un día… hay reacción. ¿Cómo? En forma violenta. Es un proceso evitable, pero sólo si a la política se le devuelve el contenido ético y moral que nunca debió perder. Los flamantes convenios petroleros se impusieron por la fuerza. No se dio toda la información ni a los legisladores ni a la sociedad, se falsearon situaciones, se anticiparon resultados de la inocuidad del fracking, cuando no hay ningún estudio serio ni terminado; el apuro en el tratamiento desnudó la fragilidad de la argumentación, se descalificó a quienes dudan o tienen certezas sobre los daños ambientales que se vienen, como para eludir el debate de fondo, etc. Pero esa actitud no justifica la réplica violenta de algunos sectores. Terminan haciendo favores a los “violentos de arriba”, porque a partir de entonces el debate se centró allí y nos desviamos del núcleo del problema, que es lo que interesa. El concepto de “la violencia de arriba engendra la violencia de abajo”, que puede ser un acierto conceptual, cuando se fomentó en la Argentina, dejó miles de muertos, desaparecidos y una herida enorme que tardará décadas en cicatrizar. No hay que repetir la historia. En este escenario, el gobierno tiene su mayor responsabilidad. No solamente porque es el principal generador de violencia, sino porque ha demostrado carecer de voluntad o capacidad para controlar alguna reacción. Sólo lo sabe hacer con más violencia, que es como pretender apagar un fuego con un chorro de nafta. “Los de abajo” en tanto, deberemos buscar formas diferentes de defensa y reacción. Un diputado no debe andar arrojando piedras a la policía, aún cuando otra diputada se lamenta porque la policía no utilizó mayor cantidad de bombas de gases para atacar a los manifestantes. Mal vamos los neuquinos por estos caminos. Es esta una invitación los hombres y mujeres de buena voluntad para que, aunados en un objetivo central, tratemos de ir desmontando la violencia en la sociedad, hasta conseguir gobernantes que sean un ejemplo de virtudes, capacidades y respeto a la sociedad. Pero antes cambiemos desde la base. Como enseñó Martín Fierro: “El fuego para que caliente, tiene que venir de abajo…”. Ricardo Villar DNI 8.377.070 Neuquén

Ricardo Villar DNI 8.377.070 Neuquén


No nos gusta la violencia. La rechazamos en todas sus manifestaciones, desde la verbal a la física, desde la indirecta a la directa, desde la sutil a la explícita. La violencia, expresada en cualquier forma, debe ser desterrada o al menos severamente sancionada en una sociedad que pretenda vivir dentro de los parámetros democráticos, republicanos, en libertad y con justicia plena. La violencia es una de las peores expresiones de un individuo. Exhibe el desprecio por el otro, su debilidad de espíritu y de argumentos. Los violentos son los que no tienen razones, los que desprecian la diversidad, los que pretenden el sometimiento, los que carecen de escrúpulos y límites para hacer prevalecer sus objetivos, que siempre son mezquinos. También son los que reaccionan irracionalmente ante alguna de estas situaciones descriptas. La sociedad neuquina está saturada de hechos violentos. Es tanta la violencia reinante que hasta se ha tomado al fenómeno como algo propio de estos pueblos, de la época. Es violento el gobierno, por su ausencia de transparencia, por el uso del clientelismo como arma electoral y de sometimiento, por la exhibición impúdica de la riqueza de sus miembros, por la facilitación de negocios formidables a personas o empresas allegadas, por esconder situaciones que siempre se filtran en forma de secreto a voces. El hambre, la marginalidad, la falta de viviendas, el futuro incierto, a lo que se somete a amplios sectores sociales, son expresiones violentas que se soportan hasta que un día… hay reacción. ¿Cómo? En forma violenta. Es un proceso evitable, pero sólo si a la política se le devuelve el contenido ético y moral que nunca debió perder. Los flamantes convenios petroleros se impusieron por la fuerza. No se dio toda la información ni a los legisladores ni a la sociedad, se falsearon situaciones, se anticiparon resultados de la inocuidad del fracking, cuando no hay ningún estudio serio ni terminado; el apuro en el tratamiento desnudó la fragilidad de la argumentación, se descalificó a quienes dudan o tienen certezas sobre los daños ambientales que se vienen, como para eludir el debate de fondo, etc. Pero esa actitud no justifica la réplica violenta de algunos sectores. Terminan haciendo favores a los “violentos de arriba”, porque a partir de entonces el debate se centró allí y nos desviamos del núcleo del problema, que es lo que interesa. El concepto de “la violencia de arriba engendra la violencia de abajo”, que puede ser un acierto conceptual, cuando se fomentó en la Argentina, dejó miles de muertos, desaparecidos y una herida enorme que tardará décadas en cicatrizar. No hay que repetir la historia. En este escenario, el gobierno tiene su mayor responsabilidad. No solamente porque es el principal generador de violencia, sino porque ha demostrado carecer de voluntad o capacidad para controlar alguna reacción. Sólo lo sabe hacer con más violencia, que es como pretender apagar un fuego con un chorro de nafta. “Los de abajo” en tanto, deberemos buscar formas diferentes de defensa y reacción. Un diputado no debe andar arrojando piedras a la policía, aún cuando otra diputada se lamenta porque la policía no utilizó mayor cantidad de bombas de gases para atacar a los manifestantes. Mal vamos los neuquinos por estos caminos. Es esta una invitación los hombres y mujeres de buena voluntad para que, aunados en un objetivo central, tratemos de ir desmontando la violencia en la sociedad, hasta conseguir gobernantes que sean un ejemplo de virtudes, capacidades y respeto a la sociedad. Pero antes cambiemos desde la base. Como enseñó Martín Fierro: “El fuego para que caliente, tiene que venir de abajo…”. Ricardo Villar DNI 8.377.070 Neuquén

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