Se acercan las Fiestas y crece el estrés

Definir temas de trabajo o familia mete más presión.Hay mecanismos para detectar y evitar la angustia.

Por Redacción

FIN DE AÑO

El estrés es una reacción fisiológica del organismo en el que entran en juego varios mecanismos de defensa para afrontar una situación que se percibe como amenazante o de demanda incrementada.

Los episodios cortos o infrecuentes de estrés representan poco riesgo. Pero cuando las situaciones estresantes se suceden, el cuerpo permanece en un estado constante de alerta. Esto aumenta el desgaste fisiológico y origina fatiga o daño físico, y la capacidad del cuerpo para recuperarse y defenderse se puede ver seriamente comprometida. Como resultado, aumenta el riesgo de lesión o enfermedad.

María Gabriela Fernández, profesional del Centro de estudios del estrés y la ansiedad Hémera, explicó que el estrés incluye ‘distrés’, que son las consecuencias negativas para la persona, y ‘eustrés’, que aluden a las consecuencias positivas para el sujeto estresado. Es decir, hablamos de eustrés cuando la respuesta del sujeto al estrés favorece la adaptación al factor estresante. Esta respuesta adaptativa tiene tres etapas:

• Alarma de reacción: el cuerpo detecta el estímulo externo.

• Adaptación: el cuerpo toma contramedidas defensivas.

• Agotamiento: comienzan a agotarse las defensas del cuerpo.

Por el contrario, si la respuesta del sujeto al estrés no favorece o dificulta la adaptación al factor estresante, hablamos de distrés. Por poner un ejemplo: cuando un depredador nos acecha, si el resultado es que corremos estamos teniendo una respuesta de eustrés (con el resultado positivo de que logramos huir). Si por el contrario nos quedamos inmóviles, presas del terror, estamos teniendo una respuesta de distrés (con el resultado negativo de que somos devorados). En ambos casos ha habido estrés.

Se debe tener en cuenta además, que cuando la respuesta estrés se prolonga demasiado tiempo y alcanza la fase de agotamiento, estaremos ante un caso de distrés.

El estrés puede contribuir, directa o indirectamente, a la aparición de trastornos generales o específicos del cuerpo y de la mente. En primer lugar, esta situación hace que el cerebro se ponga en guardia. La reacción del cerebro es preparar el cuerpo para la acción defensiva. El sistema nervioso se centra en el estímulo potencialmente lesivo y las hormonas liberadas activan los sentidos, aceleran el pulso y la respiración, que se torna superficial y se tensan los músculos. Esta respuesta (a veces denominada reacción de lucha o huida) es importante porque nos ayuda a defendernos contra situaciones amenazantes. La respuesta se programa biológicamente. Todo el mundo reacciona más o menos de la misma forma, tanto si la situación se produce en la casa como en el trabajo.

El estrés de trabajo

Desde hace 20 años, muchos estudios han considerado la relación entre el estrés de trabajo y una variedad de enfermedades. Alteraciones de humor y de sueño, estómago revuelto, dolor de cabeza y relaciones alteradas con familia y amigos son síntomas de problemas relacionados con el estrés que se ven comúnmente reflejados en estas investigaciones. Estas señales precoces del estrés de trabajo son fácilmente reconocibles.

Pero los efectos del estrés de trabajo en las enfermedades crónicas son más difíciles de diagnosticar, ya que estas enfermedades requieren un largo período de desarrollo y se pueden ver influidas por muchos factores aparte del estrés. Sin embargo, gran número de evidencias sugieren que el estrés tiene un papel preponderante en varios tipos de problemas crónicos de salud, particularmente en las enfermedades cardiovasculares, las afecciones musculoesqueléticas y las afecciones psicológicas.

Por estos motivos, es fundamental no desestimar las señales y corregir las causas de este cuadro ya que las consecuencias (negativas) son múltiples y abarcan diferentes áreas.

Fin de año y estrés

Próximos a las fiestas, los ritmos de fin de año se van acelerando y hay que definir cosas pronto (trabajo, reuniones familiares, balances) y a la vez aparece esa “levedad” que tiene el fin de año. Es el momento -más que nunca- de asistirse a uno mismo.

Desde la más sana alimentación que se pueda o el entender que se busca “optimizar” (los recursos, el tiempo) lo mejor posible pero sin desfallecer en el intento. Hasta las cinco vueltas manzanas a paso vivo por día, todas son pequeñas cosas prácticas que nos “acomodan y cuidan” el hardware para que el software funcione bien.

Es importante mejorar la autoobservación, registrar las pequeñas señales corporales y ser más conscientes de nuestro cuerpo. No sólo nos trasmite información por medio de estados sensoriales sino también emocionales. Identificar las emociones, poder discriminarlas, conectarnos con ellas de una manera más regulada, auténtica y funcional implica salud y bienestar.

La terapia de activación emocional (EAT por sus siglas en inglés) ayuda a reconocer el patrón automático que usa cada persona. Para dar determinada respuesta a una situación, cuentan los factores ambientales e individuales y sobre todo, el modo de respuesta automática que la persona tiene.

Este modelo ayuda a reconocer y registrar el propio modo de funcionamiento en piloto automático. Esto se llama Estrategia de Supervivencia Emocional que es lo que permite sobrellevar los momentos de estrés pero a la vez al activarse de manera automática impide que la persona pueda resolver de manera flexible y conectando sistemáticamente con una misma emoción desregulada.

El reconocer la propia estrategia, al estar en contacto de manera regulada con las emociones que se evitan sistemáticamente, le va a dar la posibilidad de utilizar la información de esas emociones para dirigirlas a un objetivo de manera adecuada y poder resolver las situaciones que se le tornan conflictivas y recurrentes.


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