Sebastián Plut, psicólogo especialista en discurso político: “¿Apocalipsis always?”

Por Redacción

DEBATES

-Le respondo desde una experiencia que tuve hace pocos días cuando recorría Villa La Angostura, en un sector del lago Correntoso -señala Sebastián Plut ante la pregunta sobre la permanente tendencia de los argentinos a dramatizar el presente.

Plut, doctor en Psicología, profesor universitario, es reconocido como uno de los más rigurosos investigadores del discurso político desde la perspectiva del psicoanálisis. Su libro “Psicoanálisis del discurso político” forja brecha en el mundo académico como imprescindible para desbrozar estilos, contenidos, intenciones, etc. de la discursividad de la dirigencia.

-Caminando por un tramo del Correntoso me encontré con un cartel que informaba que estábamos ante “el río más corto del mundo”. Inmediatamente pensé en esa suerte de ¿manía?, ¿compulsión?, ¿tendencia? que pareciéramos tener los argentinos y que nos conduce a subrayar que tenemos lo más largo, lo más corto, lo más ancho. Sea como fuere, por bueno o malo, lo que necesitamos es ser “lo más”. Así, podemos pasar de ser los mejores del mundo a los peores, de la cima al subsuelo, siempre y cuando esta cima sea la más elevada y el subsuelo el más hundido.

-Una “típica argentinidad de los argentinos”, dijo Ortega y Gasset hace 80 años.

-Y sí… Claro que, luego, también consideré dos razones para relativizar ese diagnóstico apresurado sobre nuestra argentinidad. Por un lado, que no podría afirmar que, efectivamente, se trate de un rasgo respecto del cual tenemos el patrimonio exclusivo. Es decir, ¿acaso en otras latitudes no tienen modalidades similares de pensarse a sí mismos? Y, por otro lado, los argentinos ¿somos todos así? Esto es, ¿es un rasgo de nuestra idiosincrasia nacional, un tipo particular de ADN que tenemos, un trauma común de nuestro inconsciente colectivo?…

-Y a esas dos preguntas que se hizo. ¿Qué respuestas?

-De las dos preguntas, creo, sólo estoy en condiciones de responder a la segunda. En efecto, no sé cómo son en otros países, pero sí sé que la pasión por la desmesura, el amor a la debacle, no es un sello de todos los argentinos, no somos todos iguales, pese a lo cual sí es cierto que muchos de nuestros conciudadanos parecen quedar seducidos por aquellas pasiones.

-¿Pero esa seducción no suele tener andar corto en la Argentina? Me refiero en relación con procesos de alcance nacional, claro. A procesos políticos-sociales.

-Por supuesto. Lo dice la historia. Mire, en “El porvenir de una ilusión” Freud plantea qué ocurre cuando dejamos de creer, cuando nuestras creencias se desmoronan. Es decir: el porvenir de una ilusión es siempre una desilusión. Sin embargo, que las creencias contengan algo de la ilusión no significa que desconfiar sea en todos los casos un acto de lucidez. Sobre todo en estos tiempos en los que, para decirlo con un juego de palabras casi paradojal, confiamos demasiado en la desconfianza y desconfiamos de toda confianza. Ésta es una constante muy firme, muy acentuada en nuestra sociedad. Tiene mucho que ver -en consecuencia- con el presente. Lo tiñe fuertemente. En todo caso, nuestra capacidad de pensar, en la actualidad, tiene por función preservarnos de una actitud apocalíptica.

-Ahí, en esas visiones, conductas, actitudes, siempre emerge una conclusión: todo tiempo pasado fue mejor. ¿Cómo reflexionar un pensamiento que parece anularse a sí mismo en tanto la mirada sobre el pasado nunca es neutra en relación con el lugar, los intereses, las vivencias de cada uno?

-Veamos. Por momentos prevalece entre nosotros una suerte de vivencia catastrófica, la percepción de que nos hallamos al borde de un abismo tal que hasta Winnicott pensaría que se quedó corto con sus descripciones sobre el caer interminablemente. No faltan, incluso, aquellos en quienes la mirada apocalíptica es una especie de narcisismo de la tragedia, como quien siente el extraño privilegio de vivir en la peor de las épocas posibles. Si Freud habló de los que fracasan al triunfar, hoy podemos decir que hay quienes triunfan al fracasar. Es como la versión extrema del “todo tiempo pasado fue mejor” que se exhibe hasta el absurdo cuando, por ejemplo, al hablar del problema de la inseguridad se afirma que “antes los chorros tenían códigos”. No estoy diciendo que no tenemos múltiples problemas que afrontar, pero…

-¿Pero qué?

-Se trata del malestar resultante de autoconvencernos de la cosmovisión apocalíptica, otra de cuyas manifestaciones se expresa bajo el lema de la “caída de las ideologías”, que no es más que una desfiguración engañosa de la “ideología de la caída”. Puedo decirlo también así: si el porvenir de una ilusión es siempre una desilusión, la desilusión nos lleva retrospectivamente a crear un pasado ilusorio.

-¿Pero se puede vivir en permanente reciclamiento del pasado ilusorio?

-No me parece que debamos preguntarnos sobre si se puede o no: estamos. Y estamos en un mundo donde no manda lo apocalíptico. Tiempos complejos, no menos que muchos otros tiempos que ya son historia…