Senadores bajo sospecha

Los políticos más influyentes no creen que sea probable que el electorado reaccione contra los senadores cuestionados.

Por Redacción

Para sorpresa de nadie con la posible excepción del ex presidente Carlos “Chacho” Alvarez, por lo menos cinco de los senadores que fueron involucrados en el caso de las presuntas coimas, entre ellos Remo Costanzo, ya han manifestado su voluntad de postularse para la reelección. Dadas las circunstancias, tal decisión puede entenderse: si cualquiera optara por jubilarse, muchos tomarían su decisión por evidencia de culpa, razón por la cual es natural que tanto los realmente probos como los delincuentes más notorios se hayan resistido a sacrificarse. Sin embargo, por estar convencida la mayoría de que todos o casi todos los vinculados con la causa participaron en la compraventa de votos, el que varios estén preparándose para las elecciones es un dato preocupante por suponer que la clase política cree que el episodio que provocó tanto revuelo pocos meses atrás ya ha sido superado por completo. Aunque Alvarez quisiera que la Alianza se negara a dar su respaldo a las pretensiones de los radicales Raúl Galván y Alcides López -además de José Genoud, a pesar de que éste no figure entre los once acusados-, no es demasiado probable que los jefes de la UCR accedan a su pedido. Ya antes de estallar el escándalo que provocaría la renuncia del frepasista, dirigentes radicales le habían aclarado, si bien de forma tácita, que su compromiso con la ética tenía sus límites y que a menos que se produjeran pruebas realmente contundentes de conducta criminal por parte de sus correligionarios no pensarían en abandonarlos a su suerte aunque, eso sí, podrían exigirles asumir un perfil un poco más bajo.

Bien que mal, ante este asunto como ante tantos otros, el electorado tendrá la palabra final. Por fuertes que hayan sido las sospechas y por deficiente que haya sido la “investigación” a cargo del juez Carlos Liporaci -él mismo bajo investigación por presunto enriquecimiento ilícito-, los once senadores que se vieron complicados en aquel ‘affaire’ denigrante tienen el pleno derecho a seguir actuando como si, como juran, sólo hubieran sido víctimas inocentes de una “campaña” perversa destinada a desprestigiarlos. Según los optimistas, de intentar ser reelegidos algunos de los senadores imputados en el escándalo, éstos recibirán el castigo merecido en las urnas. En tal caso, antes de mediados del año se verán constreñidos a retirar sus respectivas candidaturas debido a las presiones de otros políticos, porque si los líderes partidarios creyeran que estar vinculados con personajes bajo sospecha les costaría muchos votos, no vacilarían un solo instante en obligarlos a “dar un paso al costado” o, como suelen expresarlo, a hacer “un gesto de grandeza” poniendo fin a su carrera. Sin embargo, parecería que por ahora cuando menos los líderes de la UCR y el PJ confían en que sus compañeros o correligionarios en apuros continuarán contando con la “lealtad” de los votantes.

¿Están en lo cierto? Puede que sí. Es que aún no sabemos si amplios sectores ciudadanos han sido tan impresionados por lo que a juicio de algunos juristas fue una de las crisis institucionales más graves de la historia del país, que el malestar entonces provocado incida en su intención de voto. A juzgar por la actitud pasiva de muchos dirigentes, incluyendo a cruzados de la ética tan destacados como el presidente Fernando de la Rúa y el ex presidente y actual jefe radical Raúl Alfonsín, los políticos más influyentes no creen que sea probable que el electorado reaccione contra los senadores cuestionados. ¿Es porque De la Rúa, Alfonsín y sus asesores están sinceramente convencidos de la rectitud de los radicales que fueron imputados en la causa, pero que aun así dicen querer postularse para las elecciones en que por primera vez se elija directamente a los senadores? ¿O es porque, luego de pesar las alternativas, han llegado a la conclusión de que no les convendría hacer pensar que comparten las sospechas de Alvarez y el senador peronista Antonio Cafiero? De basarse su postura en su confianza en la honestidad de los senadores aliancistas, su tesitura podría justificarse; caso contrario, reflejaría la decadencia de la política nacional debido a la actitud corporativa de dirigentes importantes que antepongan la “lealtad” personal a cualquier inquietud ética.