Simón Frías fue condenado a 32 años de prisión
Actuó de manera "impiadosa", compatible con "su personalidad psicopática", dice el fallo de la Cámara de Zapala conocido ayer. Añade que "dejó huérfano a un niño de tierna edad".
ZAPALA (AN).- La Cámara Criminal de Zapala condenó ayer a 32 años de prisión efectiva a Simón «El Tucumano» Frías, a quien responsabilizó por los crímenes de César Cabrera Garay (24) y Verónica Isaguirre (19), la joven pareja asesinada en Piedra del Aguila a fines de 2005. Los jueces tuvieron en cuenta «el terrible daño causado que afectó a dos familias y dejó huérfano a un niño de tierna edad» y «la evidente conducta impiadosa que demostró» el acusado, al actuar «con un alto grado de peligrosidad compatible con su personalidad psicopática».
La pena, una de las más altas dictada por la justicia provincial, difiere de la solicitada por el fiscal Héctor Trova, quien había pedido prisión perpetua por considerar que Frías cometió los delitos de «homicidio simple, homicidio calificado, violación y abandono de persona».
En aproximadamente 20 años, Frías podría salir en libertad condicional.
El camarista Oscar Rodeiro, autor del primer voto, señaló que la autoría de Frías «se encuentra acreditada de manera incontrovertible». No sólo por las pruebas que lo incriminan, sino también por el pedido de perdón que hizo a los familiares de las víctimas. «De manera implícita reconoció ser el autor de ambas muertes al pedir perdón…», resaltó.
Entre las pruebas en su contra, la sentencia menciona la cantidad de testigos que el 31 de diciembre de 2005 vieron al acusado junto a César, en la camioneta Kia que pertenecía a la piscifactoría «Bahía Yuncón», donde Frías trabajaba. También las zapatillas que le regaló al hijo de una mujer en cuya casa solía parar, y que eran de César. Al chico además le pidió que lavara las manchas de sangre que había en la parte trasera de la camioneta. A esto se suman las huellas que dejó ese rodado en los lugares donde fueron hallados los cuerpos, y la mamadera del bebé de la pareja que estaba en una cabaña de «Bahía Yuncón», que Frías solía frecuentar. En ese lugar, donde se hallaron manchas de sangre, estuvo Verónica con su hijo.
Otro aspecto, fueron las declaraciones del comisario Daniel Rojas y del joven detenido que compartió celda con Frías en Piedra del Aguila, Alejandro Malvestitti. A ambos el acusado les confesó los crímenes.
El pedido de nulidad del juicio que había formulado el defensor Miguel Manso, con el argumento de que «el derecho a defensa se violó» fue desestimado por la Cámara (ver aparte).
Respecto de la presunta violación de Isaguirre, los jueces no compartieron el mismo criterio. Rodeiro señaló que «no existe ninguna evidencia ni rastro material que permita sostener que la relación sexual (entre el «Tucumano» y la víctima) fue forzada. No encuentro elementos de prueba que indiquen que la probada relación sexual que mantuvo con Isaguirre no haya sido consentida».
En cambio Víctor Martínez, que votó en segundo lugar, expresó: «Creo que la muerte de Verónica Isaguirre tuvo por fin ocultar la agresión sexual que la precedió». Enrique Modina, el tercer integrante de la Cámara, se limitó a «adherir en su totalidad al voto» de los otros dos vocales.
Sobre el delito de aban
dono de persona, Modina consignó que no se advierte que «con los elementos probatorios reunidos se haya acreditado que el niño corrió un peligro concreto en su salud o en su vida como lo exige la norma aludida».
César y Verónica fueron asesinados el 31 de diciembre de 2005 entre las 9 y las 18. Frías pasó a buscar al joven por su casa y lo mató de una puñalada en el cuello. Luego fue a buscar a Verónica y el hijo de la pareja, a quienes llevó hasta «Bahía Yuncón». Allí mató a la joven mientras que al bebé, que en ese momento tenía casi dos años y que hoy vive con su abuela materna, lo abandonó en el basural.
Los cuerpos de las víctimas fatales fueron encontrados tres días después. El móvil de los crímenes no fue especificado en la sentencia.
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