Smeralda reinventa el rock alternativo y noventoso
La banda cipoleña no le teme a las mezclas y a partir del grunge suma a su propuesta punk y rock. Actualmente presentan un nuevo disco, el que van editando por etapas.
El grupo trabajo un años en su nuevo trabajo discográfico, que esperan puedan subir a plataformas digitales.
Frank Zappa, una de las mentes más brillantes que pudimos escuchar, dijo una vez que “sin música para decorarlo, el tiempo es sólo un puñado de aburridos plazos límite de producción o fechas en las cuales deben pagarse las cuentas”. Sin bien algo apocalíptica, la frase es certera, y algo parecido opinó Pablo Ludojoski, guitarra y voz del conjunto grunge Smeralda, asegura que “si no existiría la música no tendría razón para hacer nada”. Para ellos el arte es la puerta para salir de la realidad, a la que ven tan organizada y fría que “preocupa”, dice afectado.
Este quinteto cipoleño tiene sus orígenes en otras formaciones, y agrupó músicos locales, de Fernández Oro y del otro lado del puente. Si bien Pablo lleva más de 20 años con su guitarra, eterna compañera, este conjunto quedó oficialmente conformado en 2014 y ahora está integrado también por Sol Sepúlveda en sinte FX y voz, Silgui Collinao en guitarra y FX, Ari Méndez en bajo y Gerardo Lillo en batería.
“Estaba con la idea de hacer algunas canciones con Sol y empezamos probando, nos costó un montón organizarnos hasta que pudimos dar en el clavo”, explica con ternura. “Al poco tiempo grabamos un disco ‘demo’ con cinco canciones”.
El puntapié inicial fue aquella marca indeleble que dejaron bandas como Nirvana, Guns ´n Roses, Red Hot Chili Peppers, y esos aires noventosos que vinieron a revolucionar al rock alternativo.
“Partimos del grunge, pero también hay algo de punk, un poco de rock, y a veces hacemos baladas o temas ‘bonitos”, explica para referirse a lo que se aleja de la distorsión y notas fuertes.
“Nuestro mensaje siempre va por el lado de ayudar a las víctimas de este sistema, surge de la incomodidad con la actualidad que se vive, en lo social”, advierte. En ese sentido, por ejemplo, participaron mucho en la lucha que llevaron adelante las obreras textiles en Neuquén, o en las movidas culturales que buscan recordar y mantener vigente el femicidio de Otoño Uriarte.
El 20 de julio, en vísperas del Día del Amigo, lanzaron el lado A de su disco, aprovechando la mítica noventera. “Lo hicimos con mejores herramientas que el primer EP, y laburamos un año para lanzarlo en las redes sociales”, cuenta Pablo. “Ahora estamos con los trámites para que pueda sonar en plataformas digitales de mayor alcance, como Spotify”, y agregó que “también va a salir en formato físico (CD)”. El lado B verá la luz el 20 de agosto.

Desde 1995 que Pablo viene andando los caminos de la música, curtiendo los estilos más roqueros y que en su momento fueron la punta de lanza de lo alternativo. “No sabía nada de música, pero me largue a aprender guitarra”, recuerda. “Conocí a mucha gente en la cultura, y muchos quedaron en el camino”, dice.
Como ocurre con muchos artistas, ellos no viven de la música, y tienen que cumplir horarios o llevar adelante otras tareas para vivir. Por ejemplo, Pablo se dedica al diseño gráfico. “Ninguno de la banda puede vivir de esto, pero nos hacemos el tiempo para llevarlo delante de la mejor manera posible, tratamos de ofrecer buenos shows, y así buscamos entrar al sistema y ver si se puede generar algo de ganancia”, anhela.
“Muchos colegas fueron quedando en el viaje, con frases como ‘tengo que trabajar’, ‘tengo hijos’, ‘tengo que pagar impuestos”, ejemplificó. “Yo tengo un hijo, pago impuestos, pero la música me saca de este embrollo social y me da ganas de seguir adelante”.
Por eso considera que el arte también es una herramienta para reclamar. “Así trasmitís un mensaje y eso no tiene precio”
Frank Zappa, una de las mentes más brillantes que pudimos escuchar, dijo una vez que “sin música para decorarlo, el tiempo es sólo un puñado de aburridos plazos límite de producción o fechas en las cuales deben pagarse las cuentas”. Sin bien algo apocalíptica, la frase es certera, y algo parecido opinó Pablo Ludojoski, guitarra y voz del conjunto grunge Smeralda, asegura que “si no existiría la música no tendría razón para hacer nada”. Para ellos el arte es la puerta para salir de la realidad, a la que ven tan organizada y fría que “preocupa”, dice afectado.
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