Bahía Creek: las estrategias de los pobladores para evitar que el pueblo desaparezca bajo los médanos

Con el cambio del comportamiento de los vientos en los últimos años, muchas casas quedaron enterradas bajo la arena. Los pobladores empezaron a buscar alternativas y avanzan en una muralla natural.

Así avanzan los médanos sobre Bahía Creek. Foto: gentileza

Desde hace unos diez años, el cambio climático también impacta en Bahía Creek, una localidad costera ubicada a 135 kilómetros de Viedma, a la que se accede por la ruta provincial 1. La rotación de los vientos comenzó a acercar los médanos al pueblo y algunas casas quedaron sepultadas parcialmente bajo la arena. Otras directamente ya casi no se ven. Los pobladores decidieron levantar una barrera verde para frenar el avance de la arena que hoy asfixia al pueblo.

Raúl Torno es de Viedma y desde hace 43 años, transitó sus vacaciones en Bahía Creek. Seis años atrás, cuando se separó, decidió radicarse en ese lugar donde puso en marcha un complejo turístico, junto a sus dos hijos.

En ese rincón costero que tiene una extensión de tan sólo tres cuadras, seis personas viven de manera permanente durante todo el año; el resto va y viene, especialmente los fines de semana.

Bahía Creek, a 135 kilómetros de Viedma. Foto: gentileza

«Estamos entre la desembocadura del río Negro y el Puerto San Antonio Oeste, justo en el medio. Era un camino vecinal que terminaba en la bajada del acantilado. Pero después del gobierno de (Horacio) Massaccesi se inauguró la ruta 1 y empezó a tener presencia a nivel mundial. Quienes recorren esa ruta, quedan sorprendidos por la belleza del lugar», explicó Raúl que definió al lugar como sumamente agreste y desértico: «Tenemos una inmensidad de médanos que deben estar en 20 kilómetros de ancho y 30, para adentro. Es una lengua de médanos que corre de oeste a este».

El viento predominante en la zona era del sudoeste. Entonces, la arena corría hacia el este para el casco de la villa. Pero su avance era lento. Años atrás, cuando empezó a predominar el viento norte, la arena comenzó a amenazar a las viviendas de manera más acelerada.

Así avanzan los médanos sobre Bahía Creek. Los pobladores acuden a una barrera verde. Foto: gentileza

Raúl explicó que la duna tiene entre 8 y 10 metros y forma como una pared que avanza con el viento norte. «Ves cómo la arena vuela por arriba y cae al lado del pueblo. Está todo rodeado de médanos», describió.

Mencionó que antes, «la arena estaba a 200 metros de las casas. Cuando cambiaron los vientos, la arena empezó a tapar las viviendas y con un grupo de vecinos nos planteamos opciones para demorar este avance. Sabíamos que no íbamos a lograr frenar el médano: metés máquinas y a la semana, tenés arena de nuevo».

Así avanzan los médanos sobre Bahía Creek. Los pobladores acuden a una barrera verde. Foto: gentileza

En un primer momento, los pobladores se propusieron humedecer la arena para evitar que el viento la desplazara. Entonces, instalaron un sistema de riego con aspersores y una bomba solar que se activa automáticamente al amanecer. Sin embargo, el viento continuó moviendo la arena. Volaba como si nada.

Una muralla natural

El segundo paso fue apuntar a la forestación para conformar una barrera verde que hasta ahora, con 50 metros y uno de altura, da resultados.

Los pobladores evaluaron antecedentes similares en otros lugares, pero surgían casos en China o Japón, donde los recursos son abismalmente distintos. «Meten 5.000 personas con plantines y lo forestan en tres días. Nosotros consultamos a técnicos del INTA y de una organización de Chubut pero cuando les enviábamos las fotos y las imágenes del dron, nos decían que no tenía nada que ver con lo que habían manejado, que esto era muy grande y no sabían qué decirnos«, señaló. Solo los aconsejaron forestar con vegetación autóctona, como junquillos, tamariscos, olivillos.

Los pobladores acuden a una barrera verde. Foto: gentileza

«El olivillo ahora está en flor. Por eso, vamos juntando las semillas, pero es sumamente volátil y hay que plantarla un día que no haya viento. Y el problema del junquillo es que se lo comen las vacas. Estos campos son abiertos y las vacas vienen en busca de agua y las tenés en los patios de las casas», puntualizó Raúl al tiempo que agregó que «deben ser plantas de crecimiento rápido porque el viento levanta médanos de un metro y tapa la planta o la deja con las raíces al aire. Nos pasó con la ‘uña de gato’ que, a los tres días, no estaba más». Los temporales de viento pueden alcanzar los 70, 80 kilómetros por hora.

En octubre, decidieron sumar dos hileras de cañas que, al crecer rápidamente, forman como un dique de contención ante el avance de la arena. «Fuimos a un lugar donde sabíamos que la estaban sacando y le pagamos a la gente para que las extrajeran con raíz. Nos trajimos cinco camionetas llenas de caña y subimos a plantarlas», comentó.

Los pobladores acuden a una barrera verde. Foto: gentileza

A los 15 días, detectaron que las plantas brotaban. El 90% de esas cañas que se plantaron prosperó y hoy, algunas ya alcanzan el metro de altura. Raúl contó que los días de mucho calor y viento, parecen secas, pero «luego, vuelven a ponerse verdes».

Esta barrera verde se instaló en la cima del médano. «Pusimos dos hileras, una caña al lado de la otra, a 20 centímetros de diferencia. La arena corre a 40 centímetros del piso del médano y ahí se frena y se acumula. Cuando hay viento sur se destapa un poco y permite mantener el equilibrio, pero siempre acumulás arena», advirtió.

El sector se riega todos los días y algunas cañas ya alcanzaron un metro de altura. De esta forma, la arena ya no avanza hacia el pueblo, pero el médano empieza a crecer en altura. Ahora, evalúan hacer otra línea 50 metros antes para frenar la arena más lejos del pueblo y luego, avanzar con «un anillo» hacia los costados, formando una especie de «herradura verde«.

Bahía Creek, a 135 kilómetros de Viedma. Foto: gentileza

Los pobladores ofrecieron la arena a empresas de áridos de Viedma, sin costo. «Estimamos que con 10 o 15 bateas por días para sacar arena durante dos meses, corremos el médano. En una cantera, hoy una batea cuesta 200 mil pesos. Nosotros proponemos arena gratis. Pero no lo logramos por el costo del gasoil y el camino», dijo.

En tan poco tiempo, se nota la diferencia y los pobladores están conformes con los logros. «Sentimos mucha empatía con este lugar. Somos tres o cuatro los que subimos cinco veces por día arriba del médano a ver los aspersores. Tiempo atrás, no se veía nada, solo el médano; ahora hay una hilera verde. Esperamos que en invierno, sobrevivan a las heladas. No sabemos qué pueda pasar», concluyó Raúl.


Prueba piloto que parece dar resultados

Raúl notó un cambio en el comportamiento del viento en los últimos 10 años. «Antes estabas en la playa y era normal irte porque se levantaba viento sur. Una vez por temporada, se registraba viento norte en un día con 40 grados de calor. Hoy tenemos viento norte todos los días y vuela arena», dijo.

En octubre, los pobladores instalaron la primera línea de cañas que, «prendieron» para diciembre. La barrera verde ya se puede ver desde la ruta.

¿Por qué decidieron avanzar en esta iniciativa comunitaria? Raúl aseguró que «no están esperando ayuda del estado. Simplemente, avanzamos con los recursos que tenemos«.


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