Chubut bajo fuego: médicos, veterinarios y vecinos que «ponen el cuerpo» frente a los incendios

Las llamas no solo consume bosques en la Patagonia, también enciende una chispa de humanidad inquebrantable. Adéntrate en los relatos de médicos, veterinarios y voluntarios que, sin dudarlo, dejan todo para enfrentar la adversidad.

Ante los devastadores incendios de Chubut, médicos, veterinarios, fotógrafos y vecinos se unen en la lucha contra el fuego y la destrucción que deja a su paso. En medio de la emergencia, las voces expertas alertan sobre causas estructurales y la necesidad de una prevención integral. Del otro lado están las historias de quienes deciden poner el cuerpo y el alma por sus comunidades.

Escuchá a Jeremías y a Claudio por RÍO NEGRO RADIO:

Marca Patagonia, por RÍO NEGRO RADIO, registró la experiencia de Jeremías, médico, y Claudio, veterinario. Emprendieron viaje a la zona afectada con el propósito de ofrecer su ayuda. Al principio, el plan era aplicar sus conocimientos profesionales, pero la realidad en el terreno demandó flexibilidad.

Se dieron cuenta de que había que «ponerle el cuerpo, dar un respiro y descanso a las y los compañeros que estaban batallando el fuego». Así, se concentraron en apoyar a la gente que coordinaba la Brigada Operativa Comunitaria (BOC) desde la Escuela N°9 de Epuyén.

Acompañar y ponerse a disposición en los incendios en Chubut


Junto a la médica Victoria Ávila, Jeremías organizó una colecta de insumos médicos para brigadistas: «Botiquín, vendas, gasas, vaselina, más que nada para la atención de quemaduras y heridas para los brigadistas».

Al llegar a la zona, Jeremías constató que la atención sanitaria para humanos ya estaba organizada por médicos locales y se dispuso a reorientar su rol. «No hubo, básicamente, una sola atención en relación a mi profesión», reveló.

Su ayuda se volcó entonces a tareas logísticas fundamentales. Pasó sus días «acomodando, organizando mercadería, cajas, alimento para animales, nafta». Incluso emprendió caminatas de «12 kilómetros entre los cerros del lago Epuyén para llevar las viandas, la comida, agua» a los brigadistas en el frente de batalla.

Claudio, el veterinario, observó una situación similar en su campo. En la base donde se encontraban, no llegaron animales gravemente accidentados. «Lo único que evalué fue una majada de unas 15 ovejas que llegaron, pero con la lana solamente quemada», precisó, además de «dos equinos que llegaron con traumatismo por desorientación».

Su principal contribución se centró en la alimentación de la fauna. Se dedicó a «separar los alimentos, principalmente para grandes animales, ya que por ahí había gente que no reconocía lo que era una avena, o qué alimento sirve para un caballo, para un cerdo, para una oveja».

La colaboración de ambos se extendió a cada necesidad que surgía. «Más allá de nuestra profesión, el rol es colaborar con cadena que se necesita reemplazar a otros compañeros», explicó Claudio. Su propio vehículo se transformó en una herramienta clave de apoyo. «Pusimos el auto para llevar y traer a los compañeros de las brigadas que venían», relató Jeremías.

Una noche, a las once y media, un pedido de motobombas para Lago Puelo recibió su inmediata respuesta. «Nosotros tenemos un vehículo, podemos buscar la motobomba, las mangueras», ofreció Jeremías, volviendo con el equipo a la una de la mañana para asegurar las herramientas necesarias para el día siguiente.

Claudio y Jeremías planifican un segundo viaje, para el cual solicitan donaciones específicas: ropa ignífuga, herramientas, motobombas, mangueras y linternas, además de ropa para las familias que perdieron todo.

(Gentileza Parque Nacional Los Alerces).

Alan, el fotógrafo y activista que vio venir el devastador incendio en Chubut


Sin embargo, la solidaridad, aunque crucial, no basta para abordar un problema de raíces profundas. Alan Schwer, fotógrafo y activista de la prevención de incendios, reprochó la falta de previsión por parte de las autoridades: «Esto que está pasando es algo que se sabía que iba a pasar».

Sostuvo que el bosque patagónico sufre desde hace cincuenta años una desecación progresiva debido a ciclos de sequías extremas y temperaturas récord. Esta transformación convierte a la vegetación en material altamente inflamable, un ambiente propicio para incendios de gran magnitud que, sin recursos adecuados, adquieren proporciones caóticas.

A los factores ambientales se suma el impacto del crecimiento demográfico. «La población de la Patagonia creció de manera exponencial, especialmente después de la pandemia. Toda la gente se vino a vivir al bosque y esto incrementó la cantidad de familias expuestas a riesgos grandes de incendios», enfatizó.

Indicó que en localidades como El Hoyo o Lago Puelo, los hogares en zonas de vegetación pasaron de 12 mil a más de 20 mil en pocos años. Este aumento trajo consigo más tendidos eléctricos, manejos de quema y fogones, no siempre intencionales, que elevan el riesgo.

Para Schwer, la respuesta no pasa solo por sumar brigadistas o medios aéreos, sino por una prevención estructural. «Necesitas trabajar en más vías de acceso y evacuación cuando esto pase, más reservorios de agua, mejor comunicación», señaló.

Coincidiendo con la experiencia de Jeremías y Claudio, el activista destacó el valor insustituible de la comunidad. «Vecinos ayudando a vecinos, es lo mejor que se puede hacer», dijo. Jeremías, por su parte, criticó «la ausencia del Estado» en estas catástrofes «intencionales con trasfondo inmobiliario». Así, la fuerza del pueblo organizado emerge como la verdadera protagonista.


Ante los devastadores incendios de Chubut, médicos, veterinarios, fotógrafos y vecinos se unen en la lucha contra el fuego y la destrucción que deja a su paso. En medio de la emergencia, las voces expertas alertan sobre causas estructurales y la necesidad de una prevención integral. Del otro lado están las historias de quienes deciden poner el cuerpo y el alma por sus comunidades.

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