Flávio Bolsonaro apuesta a la poderosa ola conservadora regional
El candidato de derecha es amplio favorito para la segunda vuelta en las presidenciales brasileñas. No solo por el impulso de su ventaja inicial, sino porque el contexto nacional e internacional fortalecen su candidatura. Lula se aferra a una épica remontada.

El candidato derechista Flávio Bolsonaro comenzó esta semana su campaña para el balotaje del 25 de octubre desde una posición de suma fortaleza, ya que a su ventaja en la primera ronda de los comicios presidenciales de Brasil suma el avance de todo el espectro conservador, tanto en el Congreso como en las gobernaciones, y un clima internacional de apoyo a su candidatura. Su rival, el presidente de izquierda Luis Inacio Lula Da Silva, apostará por una épica movilizadora y a la visibilidad que le da su cargo para una histórica remontada.
Las primeras encuestas muestran a Flávio Bolsonaro liderando con claridad las preferencias frente a Lula. Un estudio realizado por el instituto PoderData realizado entre el 5 y el 7 de octubre otorga una ventaja de seis puntos al candidato del Partido Liberal en votos válidos: 53% a 47%. El sondeo de la firma Datafolha, elaborado tras entrevistas realizadas entre el 6 y el 8 de octubre, ratifica la tendencia a favor de la oposición por 52% a 48%.

De acuerdo con el informe de Datafolha, la transferencia de apoyos de los candidatos perdedores favorece a Bolsonaro con un 46%, frente al 32% que va para Lula y un 15% en blanco o nulo.
Más allá de esta foto, el clima reinante en ambos equipos de campaña refleja bastante bien esta tendencia: el desánimo reinante entre las huestes del PT contrataba con la euforia del búnker bolsonarista.
El avance de la derecha se sintió también en el Congreso.
El bolsonarismo casi duplicó sus escaños en el Senado, que pasaron de 15 a 28, con figuras como la ex primera dama Michelle Bolsonaro, madre de Flávio.
El diputado Nikolas Ferreira, uno de los rostros jóvenes del movimiento conservador brasileño, se convirtió en el parlamentario más votado de la historia del país, con más de tres millones de votos. (Ver nota aparte)
Ante este escenario, Lula da Silva llega al balotaje desde una posición desfavorable y con la urgente necesidad de movilizar a los votantes independientes y abstencionistas para lograr una remontada.
Los analistas destacan además que difícilmente se reviertan las condiciones que motivaron el castigo al oficialismo en primera vuelta: una economía relativamente estancada donde los ingresos familiares no logran hacer frente a los elevados precios. Esto hace prever que la próxima administración deberá encarar un ajuste fiscal sumamente impopular y un parlamento donde los partidos de centro y conservadores tradicionales (Centrão) serán un árbitro decisivo para la gobernabilidad y exigirán al próximo presidente constantes negociaciones políticas.
El factor geográfico
El sociólogo y economista Daniel Schteingart realizó un minucioso estudio de datos geográficos y municipales sobre la distribución geográfica de los votos en la primera vuelta.
El documento detalla cómo este giro conservador se extendió por casi todo el territorio brasileño, afectando particularmente a los municipios más pequeños y con menor nivel educativo, mientras que los tradicionales bastiones del Nordeste ya no alcanzaron para compensar las pérdidas en el Sur y Sudeste. A modo de ejemplo, indica que “el voto bolsonarista creció con más fuerza en ciudades de menos de 10.000 electores, permitiendo a Flávio ganar en 716 municipios que en 2022 habían votado a Lula”.
Además del interior, Flávio mostró un sólido desempeño en las periferias de las capitales y en estados clave como Minas Gerais (donde invirtió el resultado de 2022), San Pablo y Río de Janeiro
Por su parte, la ventaja tradicional de Lula en el Nordeste disminuyó de 13 a 11,1 millones de votos, mientras que la ventaja bolsonarista en el Sudeste y el Sur se amplió significativamente.
Asimismo, el análisis enmarca este fenómeno dentro de una tendencia en Sudamérica, donde los votantes castigan sistemáticamente a los oficialismo de turno, y concluye que esta situación deja a Lula en una posición desfavorable para el 25 de octubre.

Tendencias para el balotaje
Por otra parte, un trabajo de la firma Prospectiva, consultora especializada en análisis de entorno y relaciones con gobiernos, empresas y comunidades en América Latina, ofrece indicios de los posibles escenarios de cara al balotaje.
La firma le asigna a Flávio Bolsonaro como claro favorito para ganar en el segundo turno.
Entre las razones para esta ventaja señala que desde el retorno de la democracia en Brasil, el candidato que lideró la primera vuelta siempre se impuso en la segunda.
Además, los candidatos menores (Augusto Cury con 2,9%, Renan Santos con 2,2%, Ronaldo Caiado con 2,2% y Romeu Zema con 0,3%) sumaron el 7,8% de los votos válidos y pertenecen todos al espectro de derecha.#Al menos dos de ellos dieron públicamente su respaldo a Bolsonaro.
El estudio considera que Flávio capitalizó la canalización anticipada del voto opositor y se benefició del descontento social con el gobierno y el PT.
Asumiendo que la participación no cambie, Lula necesita quedarse con al menos el 62% de estos votos restantes (4,9 puntos porcentuales) para revertir el resultado, mientras que a Flávio le alcanza con capturar el 38%.
Cuesta arriba para Lula
Por el contrario, indica que Da Silva enfrenta la exigencia de una “remontada significativa” para revertir la ventaja de casi 2,5 millones de votos de la oposición. El actual mandatario no logró solucionar su principal debilidad electoral: la preocupación ciudadana por el costo de vida, el estancamiento de los ingresos y el alto endeudamiento de las familias de ingresos bajos y medios.
Los anuncios sociales presentados días antes de las elecciones (el aumento de Bolsa Família, medicamentos para adelgazar en el SUS, prohibición de apuestas online y Desenrola 3.0) no tuvieron tiempo suficiente para influir en el electorado o fueron percibidos como medidas “oportunistas”.
Para lograr la remontada, Lula está obligado a revertir la desconfianza de quienes votaron por candidatos menores e incentivar la participación de los “desencantados” que no fueron a sufragar en la primera ronda, apelando al rechazo hacia el bolsonarismo y al temor a una regresión autoritaria.
La abstención se situó en el 21,07% (aproximadamente 33,3 millones de electores) y los votos en blanco o nulos representaron el 4,77% (alrededor de 6 millones). Sin embargo, los antecedentes indican que el nivel de participación cambia muy poco entre la primera y la segunda vuelta (en 2022 los votos válidos aumentaron solo en 300.000 entre comicios), señala Prospectiva.
Desafíos pendientes
De esta manera, para Bolsonaro el reto principal es convertir el voto de rechazo al oficialismo en un respaldo permanente y evitar que la discusión pública se enfoque en temas de corrupción como las investigaciones de las “rachadinhas”, sus nexos en Río de Janeiro, el caso Banco Master o que su relación con Donald Trump sea vista como demasiado dependiente. De triunfar, arrancaría con una mayor afinidad ideológica inicial con ambas cámaras. Su desafío radicaría en transformar esa cercanía en una coalición funcional y estable, capaz de aprobar reformas impopulares o de ajuste fiscal coordinando las demandas de la base bolsonarista radical con las exigencias pragmáticas del Centrão.
A nivel de relaciones exteriores se espera un giro hacia la sintonía con Estados Unidos y la derecha global, dado el apoyo de figuras como el argentino Javier Milei y el israelí Benjamin Netanyahu. Sin embargo, Flávio mostró posturas más moderadas que su padre Jair o su hermano Eduardo y una buena parte de su respaldo viene del bloque agroindustrial del sur del país, que depende de China para sus exportaciones. Con lo cual el giro podría ser menos radical que el que prevén algunos análisis.

El candidato derechista Flávio Bolsonaro comenzó esta semana su campaña para el balotaje del 25 de octubre desde una posición de suma fortaleza, ya que a su ventaja en la primera ronda de los comicios presidenciales de Brasil suma el avance de todo el espectro conservador, tanto en el Congreso como en las gobernaciones, y un clima internacional de apoyo a su candidatura. Su rival, el presidente de izquierda Luis Inacio Lula Da Silva, apostará por una épica movilizadora y a la visibilidad que le da su cargo para una histórica remontada.
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