Kurruf, el cóndor que se recuperó y volvió a la libertad ante una multitud en Sierra Grande

Ante casi mil personas, el ave fue liberada tras recuperarse de una lesión en un operativo coordinado entre distintas provincias y organizaciones ambientalistas.

Por Martina Sehmsdorf

Foto: gentileza Matías Maldonado.

Foto: gentileza Matías Maldonado.

Casi mil personas se reunieron el jueves alrededor de las 10 en Sierra Grande. Escuelas locales, vecinos, autoridades y referentes ambientales tenían los ojos puestos en Kurruf, el cóndor andino que sería liberado minutos después. Para el ejemplar, un macho de cinco años, de plumaje ya marcado por el blanco y negro de los adultos, esta liberación significaba cerrar un círculo y ganarle otra pulseada al destino.

La historia de Kurruf arrancó hace años, cuando fue rescatado por primera vez en Salta sin poder volar. Tras completar su rehabilitación en el Centro de Rescate y Cría de la Fundación Temaikèn, en Buenos Aires, formó parte de la histórica liberación masiva del 17 de septiembre de 2021 en la misma región patagónica. Desde entonces, aprendió a vivir en libertad, a buscar su propio alimento y a ocupar el rol clave de carroñero que limpia el ambiente y abre camino a otras especies más chicas.

Sin embargo, a mediados de julio pasado, la rutina se rompió. Un poblador de la zona notó que el cóndor estaba quietito, sin poder volar y con una herida en la cloaca, probablemente producto de una pelea con otro animal. «Inmediatamente aplicamos el protocolo que tenemos de rescate y en tres días lo teníamos ya en un centro de rescate de alta complejidad y aislamiento humano», explicó Daniela Reygert, bióloga de la Base de campo del Programa de Conservación Cóndor Andino del Ecoparque de Buenos Aires, quien trabaja codo a codo con Camila Benítez y Gonzalo Cóceres, guardaparques.

Foto: gentileza Matías Maldonado.

Kurruf volvió a viajar a Buenos Aires, pasó por el tratamiento veterinario correspondiente y demostró una recuperación veloz. Gracias al apoyo logístico de Aerolíneas Argentinas, una constante en este tipo de operativos, el ave pudo emprender el viaje de regreso a casa.

La elección del lugar no fue al azar: se trató de la primera liberación realizada directamente en Sierra Grande. A diferencia de los habituales operativos que se llevan a cabo en Sierra Pailemán, pensados específicamente para pichones que no tienen experiencia de vuelo y requieren monitoreos especiales, en este caso se aprovechó que Kurruf ya sabe volar y conoce perfectamente el territorio.

Foto: gentileza Matías Maldonado.

La liberación, realizada en vísperas de cumplirse cinco años de la primera, movilizó a toda la comunidad. «Me sorprendió mucho la cantidad, la convocatoria que hubo de gente, muchos niños de diferentes escuelas vinieron a participar, respetaron mucho el silencio que solicitamos para que pueda volar», relató Reygert sobre la emoción que se vivió en el momento.

Estaba soleado y, aunque aparecían algunas ráfagas de viento, nada pudo detener la convocatoria. De hecho, fue una ventaja para el cóndor andino. Se tomó su tiempo. Estiró las alas, dio un par de aleteos, aprovechó una corriente de viento y se largó directo al cerro de enfrente.

Foto: gentileza Matías Maldonado.

Detrás de este rescate, recuperación y movilización, hay cifras que dimensionan el trabajo titánico del Programa de Conservación Cóndor Andino, nacido en agosto de 1991. Según detalló Luis Jacome, referente del programa, ya se lograron rescatar 587 ejemplares en Argentina, un número gigantesco si se compara con la población total de países vecinos como Colombia o Ecuador.

El trabajo en la costa atlántica de la Patagonia además tiene un valor histórico incalculable. Tal como contó Jacome, los cronistas de antaño veían cóndores volando cerca del mar en 1830, pero la especie se había extinguido allí hacía más de un siglo. Con las liberaciones sostenidas desde 2003 que ya suman más de 70 ejemplares en la zona, los cóndores volvieron a unir el corredor biológico entre la cordillera y el mar.

Foto: gentileza Matías Maldonado.

Esta liberación resulta un hito no solo para los equipos de conservación, sino también para las comunidades originarias de la región ya que la presencia del cóndor va mucho más allá de lo ecológico: es un animal sagrado.

Acerca de Kurruf, Jacome expuso: «Cada cóndor tiene su personalidad como la gente, son animales muy inteligentes. Kurruf siempre fue un animal curioso, sumamente inquieto e interesado en su alrededor», describió Jacome.

Así, hoy con su plumaje de adulto y una madurez sexual que está a punto de alcanzar, Kurruf pisa firme otra vez en su territorio. El sueño de los especialistas es que logre formar pareja con alguna de las hembras que ya fueron avistadas en la zona, como dos ejemplares liberados en 2019 y 2021 y que la población silvestre siga sumando nuevos nacimientos. Mientras tanto, en los cerros patagónicos, el viento sigue soplando y el gran carroñero recuperó su lugar en el cielo.


Casi mil personas se reunieron el jueves alrededor de las 10 en Sierra Grande. Escuelas locales, vecinos, autoridades y referentes ambientales tenían los ojos puestos en Kurruf, el cóndor andino que sería liberado minutos después. Para el ejemplar, un macho de cinco años, de plumaje ya marcado por el blanco y negro de los adultos, esta liberación significaba cerrar un círculo y ganarle otra pulseada al destino.

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