La escuela rural que transforma el paraje Cuyín Manzano

Los siete chicos que concurren a la institución educativa, ubicada en un paraje al sur de la provincia de Neuquén y a unos 80 kilómetros de Bariloche, tienen varios proyectos en marcha. También, muchos sueños. En septiembre, la escuela celebrará 115 años de existencia. El desafío de enseñar en una zona rural.  

Por Jorge Villalobos

La vida tiene otro ritmo en el paraje Cuyín Manzano. Allí, nadie corre. El silencio que impera en el entorno natural solo se rompe con las sonrisas y travesuras de los chicos que asisten a la Escuela 11. Y con el canto de algún tero que revolotea sobre alguno de los pinos o álamos que rodean el predio.


En el aula, Milena se muestra tímida. Pero cuando sonríe genera ternura. Dice que a veces se siente sola. Tiene 6 años y es la única nena de la escuela. Cursa primer grado y comparte el mismo espacio con Hernán y Tomás, que tienen ocho y asisten a tercero. Santino es el mayor del grupo. Tiene 11 y es de sexto.

Los niños charlan animadamente. Comparten sus vivencias. También el mate. Por la ventana se observa el campo verde por la gramilla, que se mantiene verde por la lluvia intensa que cayó en la madrugada.


Desde el año pasado, los chicos focalizaron su atención en un proyecto de separación de basura, que adoptaron las familias del paraje, cuenta la directora Marisol Cañumir.


Relata que construyeron un ecopunto y que los residuos secos se trasladan hasta Villa Traful, ubicada a unos 35 kilómetros. Señala que lograron socializar con las familias la separación de la basura. “La escuela es la única institución pública que tiene el paraje”, afirma, junto con una salita de atención pimaria. Destaca que con los residuos húmedos elaboraron compost. El proyecto sigue vigente.


Indica que reciclan los plásticos, latas de tomate y de atún. Lo mismo que la papelería.
Ahora, los estudiantes y docentes están dedicados al proyecto del invernadero, que quieren levantar en el segundo semestre. Tienen los materiales que fueron donados. Antes hay que cambiar y reparar el cerco perimetral. «Un ingeniero nos vendrá a asesorar con la construcción del invernadero”, valora la directora.

Tomás sostiene a Rufus, la mascota de la escuela, que los acompaña en todo momento. (Foto Alfredo Leiva)

Más proyectos en marcha



La idea está vinculada a un proyecto de alimentación saludable y selectiva que desarrolla la escuela. “Queremos que puedan incorporar la verdura, generar el hábito de sembrar”, asegura Marisol.

Los chicos tuvieron un taller de cocina saludable donde aprendieron a preparar y cocinar sus propios fideos y elaborar mayonesa casera. Hasta armaron un recetario. Este año, van por el proyecto de alimentación selectiva.


El Mundial de Fútbol es lo que los tiene por ahora ocupados. Los docentes Sergio Padilla y Vanesa Obando usan el fútbol como herramienta para enseñar otros saberes vinculados, por ejemplo, con la Geografía o Lengua.

Héctor pinta con esmero una figura de un jugador de fútbol porque en la escuela ya se palpita el Mundial de Fútbol. (foto Alfredo Leiva)

Jugar y andar a caballo


Santino revela que tiene una consola de juegos. Que le gusta ir de compras a Bariloche. Sin embargo, cuenta que prefiere jugar al aire libre con sus amigos de la escuela. Andar a caballo. También, Héctor y Tomás comparten la pasión por las actividades camperas. Milena, en cambio, expresa que le encanta ver videos musicales en Youtube.


“Yo le ayudo a mi abuelo a esquilar”, dice, con orgullo, Santino. “Yo le ayudo a mi abuelo a apiolar las manos de las ovejas, que no es enlazar; enlazar es sujetar las patas de atrás”, explica Tomás. Hernán asegura que participó en varias marcaciones de animales.

«Se junta gente, se caliente un fierro, la apiolan a la oveja y le ponen el fierro caliente con las iniciales (la marca del dueño)”, describe Santino. “Y se le hace un corte con una tijera en las orejas”, añade Héctor.

Los cuatro alumnos del nivel primario tienen clases desde las 9 hasta las 17. (foto Alfredo Leiva)

La carneada



Todo el conocimiento relacionado con la carneada de animales lo aplicaron para el concurso “Fans de la Carne Vacuna”, que es a nivel nacional. Santino describe con precisión cada parte de un vacuno y cómo se desposta. Menciona las diferencias entre las razas bovinas y cuáles crían los pobladores de Cuyín Manzano. Ya enviaron el video para participar del concurso.

Los niños se llevan bien, pero de vez en cuando surgen diferencias. “Nosotros nos desconocimos con el Santi una vez”, rememora Tomás, y se le dibuja una sonrisa en el rostro.


Los cuatro tienen toda la escuela para ellos hasta las 14, cuando se suman Mateo, Joaquín y Thiago, que dan sus primeros pasos en el nivel inicial. A Thiago le costó mucho la adaptación, cuenta su madre, Marcela Encina.


Ella viaja en camioneta desde la estancia Chacabuco, ubicada a casi 50 kilómetros, para que Thiago concurra a la escuela.


"La Bienvenida"



La chacarera “La Bienvenida” reúne a los siete chicos y los docentes en una ronda. El baile los integra. Tomás y Santino se mueven con soltura. Hernán participa con menos entusiasmo, sigue la música a su manera. Los más pequeños tratan de copiar el paso y los movimientos de los docentes.


Los chicos de primaria entran a las 9 y se quedan hasta las 17. Por esos mismos pasillos jugaron sus abuelos, abuelas, padres y madres. Es que la Escuela 11 de Cuyín Manzano, que ya no funciona como albergue, cumplirá el 11 de septiembre próximo 115 años. Y casi todos los pobladores fueron parte de su historia. Algunos exalumnos ya migraron. Pero cuando vuelven al paraje pasan a saludar.


La comunidad educativa quiere compartir esa celebración con todas las familias y con exalumnos y exdocentes. Uno de los mayores deseos es que la escuela cuente con un padrino.

La comunidad educativa de la Escuela 11 de Cuyín Manzano. (foto Alfredo Leiva)

Una experiencia única



Este año incorporaron a Damián Villegas, que es profesor de Música y los chicos están felices. Ya tocan instrumentos. Es un momento que disfrutan, destaca la directora. Y hasta implementaron un taller de guitarra. Santino y Tomás comentan que les gusta el chamamé. Es lo que escuchan habitualmente. También, está Adriana Koncz, que es la maestra de plástica.

El plantel se completa con las auxiliares Viviana, Valeria y Laura y Marisol, que es la cocinera, y Martín que se encarga de las tareas de mantenimiento.


Educación Física está a cargo de Juan Aleman, que lleva 25 años de docencia de los cuales 23 los dedicó a la Escuela de Cuyín Manzano. “Cuando llegué no teníamos luz, solo con un grupo electrógeno, no teníamos calefacción de gas, solo leña”, rememora. “Éramos felices antes con nada”, manifiesta, con nostalgia.


Hace unos 20 años que el edificio tiene gas por zeppelín. Y desde 2023 paneles solares para la electricidad. Y desde hace una semana Internet con Starlink. Mejorar la conectividad es clave para acceder a las capacitaciones virtuales y hacer lo trámites administrativos que requiere el Consejo Provincial de Educación (CPE). La directora tenía que trasladarse a veces hasta Dina Huapi para realizar esas tareas. También, pudieron conectar un televisor que les habían donado para las actividades escolares.


La escuela cambió. Pero no la pasión por enseñar. “Acá se hace un trabajo que va más allá de lo que dice la currícula”, plantea Aleman. “Trabajamos para que los chicos tengan las mismas oportunidades y el mismo conocimiento al que accede un chico de la mejor escuela de Neuquén capital”, puntualiza.

«Los niños son de un sector rural pero tienen acceso a servicios como internet, pero no dejan de necesitar un abrazo», asegura Marisol, la directora.


Santino dice que sueña con seguir la secundaria en alguna escuela donde “enseñen cosas del campo”. “Quiero aprender a manejar tractores, a esquilar”, expresa. Su vínculo con el campo es fuerte. Como el de todas las familias que viven en Cuyín Manzano.

Santino explica con precisión todas las partes de una vaca y cómo es el procedimiento para despostarla. /(foto Alfredo Leiva)

Un cambio de vida


Marisol Cañumir tiene gabado en su memoria el 25 de febrero de 2013. Fue lunes. Cuenta que ese día su hermano atendió un llamado del Consejo Provincial de Educación y les dijo que su hermana estaba dispuesta a aceptar el cargo. Le habían propuesto cubrir el cargo de maestra celadora en la Escuela Albergue 11 de Cuyín Manzano.

Ella era docente en la Escuela 197 del barrio Villa Ceferino de Neuquén Capital. Renunció a ese cargo sin dudarlo. Aún recuerda que fue una despedida emocionante.

Llegó en el verano de 2013 a Cuyín Manzano con una mochila y no regresó a su casa, en Plottier, por cuatro meses. “Al principio, el silencio me pesaba, como que me aplastaba en algunos momentos, y aprendí a vivir con eso”, rememora.

Hoy, está convencida de que la decisión que tomó fue la correcta. “Hay que tener una conexión sana entre lo mental y el corazón para poder quedarte”, sostiene.

Cuando llegó eran casi cincuenta alumnos y la institución funcionaba como escuela albergue. Eran años donde había transporte escolar y viajaban chicos de todos los parajes cercanos y hasta de Villa La Angostura, Junín de los Andes y San Martín de los Andes. Cuando se cortó ese servicio, comenzó la caída de la matrícula.

Juan Aleman llegó hace 23 años a Cuyín Manzano. Eran unos 70 alumnos en la escuela albergue. Cuando le ofrecieron el cargo de profesor de Educación Física lo aceptó convencido. “Es como que llevamos en la sangre esto de conocer lugares y trabajar en escuelas albergues”, relata. Pasó un tiempo por un escuela en un paraje del norte neuquino.

Valora el respeto que los chicos tienen por el docente. También las familias del paraje. “Los chicos son muy expresivos, auténticos, espontáneos”, destaca Juan. “Todavía tenemos fe en los chicos”, asegura.

Marisol coincide. Ambos dicen que los siete chicos que asisten a la escuela tienen la misma dedicación como si fueran cien.

Hubo momentos de incertidumbre. En 2018 solo tuvieron dos estudiantes y los rumores de que cerrarían la escuela fueron constantes.

“Siempre dije que nací para ser tía, pero a los chicos los adoptás como si tus hijos”, afirma. En todos estos años en Cuyín Manzano vio pasar varias generaciones. “Algunos ya están casados, tienen familia y se fueron del paraje, pero siempre se acuerdan de su maestra, de su maestro, te mandan saludos o mensajes de WhatsApp”, señala Marisol. Desde el 2024 es directora. Considera que la titularidad en el cargo “te da sentido de pertenencia”.

Todos los viernes a la tarde retorna a su casa en Plottier. Lo mismo Juan que regresa a Senillosa con Vanesa Obando, la maestra de grado que es su pareja. Pero el domingo a la tarde emprenden el regreso a Cuyín Manzano, donde son felices.


La vida tiene otro ritmo en el paraje Cuyín Manzano. Allí, nadie corre. El silencio que impera en el entorno natural solo se rompe con las sonrisas y travesuras de los chicos que asisten a la Escuela 11. Y con el canto de algún tero que revolotea sobre alguno de los pinos o álamos que rodean el predio.

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