Leer literatura mejora la comprensión de texto: la ciencia lo dijo
Un estudio del Conicet demostró que el trabajo en clase con obras clásicas, fortalece las competencias de lectura. Siempre y cuando tenga la mediación docente adecuada.
Lisa Simpson y Jorge Luis Borges comparten, a primera vista, poco más que la imaginación. Sin embargo, un estudio del Conicet comprobó que un episodio de Los Simpson puede convertirse en una puerta de entrada eficaz para enseñar y disfrutar textos literarios complejos en la escuela.
Leer Borges y el Martín Fierro es posible
La investigación demostró que, con mediaciones pedagógicas adecuadas, leer a Borges y al Martín Fierro no solo es posible en primaria y secundaria, sino que mejora de manera comprobable la comprensión lectora y el rendimiento escolar.
Mientras crece la preocupación por las dificultades de competencia lectora en todos los niveles educativos, una investigación argentina aportó una mirada que va a contramano de muchos prejuicios. José María Gil, investigador del Conicet en el Instituto de Humanidades y Ciencias Sociales y docente de la Universidad Nacional de Mar del Plata, documentó experiencias en aulas donde la lectura de textos literarios exigentes, acompañada por estrategias pedagógicas concretas, permitió mejorar la comprensión y la producción escrita de los alumnos.
Estos trabajos fueron publicados recientemente en revistas académicas del Reino Unido y Estados Unidos, y refuerzan una idea provocadora: el problema no es la complejidad de los textos, sino la falta de mediaciones para abordarlos.
El hecho de que a los estudiantes les resulte dificultoso comprender un texto se manifiesta, según Gil, “cuando los docentes les piden a los estudiantes que escriban un resumen de una obra con sus propias palabras. Aparecen dificultades no solo para identificar la información fundamental, sino también para producir textos orales o escritos que den cuenta de esa información de manera autónoma”, señaló.
Para revertir esta condición se requiere que los docentes desplieguen estrategias puntuales, como la lectura en voz alta y lo que él llama, en sus papers, el “andamiaje multimodal”. “Según nuestros estudios, el problema de comprensión no es una limitación insalvable, sino una señal de que falta un acompañamiento más activo”, aseguró.
Gil documentó experiencias en las que se leyó, en el aula, cuentos de Jorge Luis Borges y el Martín Fierro. “Vimos cómo la lectura en voz alta, por ejemplo, funciona como un ´andamio´: el docente va desarmando la complejidad del texto junto a los alumnos, lo que les permite acceder a significados que por sí solos muy probablemente no llegarían a comprender”.
Desde su enfoque “el acceso a la literatura canónica se analiza como una dimensión relevante de la equidad educativa, en la medida en que cuestiona la idea de que los alumnos de sectores populares no pueden enfrentarse a textos complejos. En realidad, vemos que enseñar no implica eliminar la dificultad del texto, sino crear las condiciones pedagógicas para que los estudiantes puedan atravesarla”, planteó.
El «miedo» a Borges
En el primer estudio, realizado junto al docente Jonás Ezequiel Bergonzi Martínez y publicado por la Universidad de Cambridge, Gil documentó una experiencia didáctica. La idea era acercar el cuento “Tema del traidor y del héroe”, de Jorge Luis Borges, a adolescentes de escuelas públicas y privadas de Mar del Plata.
El texto trata sobre un narrador que investiga el misterio de un héroe nacional irlandés (Fergus Kilpatrick) y descubre una conspiración para convertir su ejecución en un acto heroico que impulsa una rebelión.La elección de un cuento de Borges no fue casual: “Existe, en general, lo que podría llamarse ´el miedo a Borges´”, explicó Gil. “Es un miedo que atraviesa todos los niveles, basado en que docentes e investigadores comparten la idea de que Borges es muy difícil cuando no ´imposible´ para las aulas del colegio secundario y aun para ´lectores del promedio´”.
Cuando la literatura deja de imponerse como prueba y empieza a compartirse como juego guiado, algo cambia en el aula. Borges ya no asusta, el Martín Fierro se vuelve cercano y Lisa Simpson es una aliada. Con acompañamiento docente, leer textos complejos mejora la capacidad de entender lo que se lee. También recupera el placer de leer y la confianza para alcanzar libros que parecían imposibles.
¿Enseñar a leer en casa?
Leer literatura: De Lisa Simpson a Jorge Luis Borges
El estudio comparó la comprensión entre un grupo que leyó el cuento sin apoyo previo y otro que, antes de la lectura, vio el episodio de Los Simpson “Lisa la iconoclasta”, con una estructura narrativa similar a la del texto de Jorge Luis Borges. Mientras en el primer caso la comprensión fue inferior al 20%, en el segundo alcanzó niveles cercanos al 80%.
“Quienes vieron el capítulo se apropiaron de la lógica narrativa y, al llegar al cuento, el miedo ya se había disipado porque sentían que tenían una clave para entrar en la historia”, explicó Gil. La lectura en voz alta y comentada, agregó, permitió aclarar referencias complejas y disfrutar del texto sin quedar atrapados en la dificultad.
El investigador remarcó que el estudio no muestra falta de capacidad en los alumnos, sino que confirma que la complejidad, sin mediación, refuerza prejuicios. “La dificultad no se combate simplificando los textos, sino democratizando el acceso”, sostuvo, y concluyó que así se desarma el llamado “miedo a Borges”.
Leer literatura como «cancha de entrenamiento»
En un segundo trabajo, publicado en diciembre pasado en el Journal of Latinos and Education, el investigador analizó una intervención pedagógica realizada en una escuela primaria pública ubicada en un contexto de vulnerabilidad social.
La experiencia consistió en la lectura en voz alta y comentada de fragmentos del Martín Fierro, sostenida durante varios meses y acompañada por actividades de reformulación oral y escrita. Los resultados fueron contundentes: cerca del 83% de los estudiantes logró identificar los núcleos narrativos principales y producir resúmenes coherentes.
“Las evaluaciones también mostraron mejoras en la capacidad de jerarquizar información y reorganizar el contenido, habilidades centrales para una comprensión profunda y transferibles a otros textos escolares”, señaló Gil.
“Al dominar la literatura compleja, los estudiantes desarrollan una competencia comunicativa que les permite abordar con mayor éxito textos académicos o científicos”, explicó el investigador.
En ese sentido, subrayó que la literatura no solo tiene valor en sí misma, sino que funciona como una verdadera “cancha de entrenamiento” para la comprensión de textos en general.“La dificultad no es un obstáculo, sino una condición para el aprendizaje profundo, siempre que existan mediaciones didácticas adecuadas”, afirmó.
Para Gil, la literatura ocupa un lugar central en el desarrollo de la competencia lectora porque expone a los estudiantes a la ambigüedad, la polisemia y la complejidad conceptual, rasgos poco frecuentes en textos escolares simplificados.
Además, destacó que la lectura en voz alta y comentada transforma la experiencia individual en una práctica compartida, recupera el placer estético de leer y forma lectores capaces de interpretar críticamente incluso aquellos textos tradicionalmente considerados difíciles.
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