Llegó desde Marruecos a Neuquén en los años 50, fue una «heroína anónima» de la salud y la salita de Villa María llevará su nombre

Dolores Bozada Paredes, casi en silencio, dio su vida por el barrio de la ciudad. Años después, su historia se descubre de la mano de su hija y la actual directora del centro de salud.

Dolores Bozada.

Dolores Bozada Paredes, conocida como “Doña Loli”, fue una de aquellas mujeres indispensables que ayudaron a sostener la vida diaria en los primeros años de la provincia de Neuquén. Su entrega absoluta en las primeras épocas del centro de salud de Villa María impulsó a su hija María del Carmen a buscar a la actual directora de la institución Mónica Navarrete para reconstruir su historia. Ese encuentro tejió un lazo entre dos profesionales de la salud separadas por el tiempo pero unidas por la misma vocación, y rendirá el máximo homenaje institucional cuando la salita del barrio lleve oficialmente el nombre de Dolores.

La travesía de Doña Loli comenzó lejos del Alto Valle, envuelta en las peripecias del siglo veinte. Su hija contó que nació en septiembre de 1925, en Marruecos, durante la guerra del Rif, donde su padre cumplía tareas militares. La tragedia marcó su vida de chica, cuando fue desaparecido por el régimen franquista. «Con 12 años mi mamá y mi abuela estuvieron buscando su cuerpo por toda España», relata. Las dos solas buscaron como ganarse la vida y Doña Loli empezó a trabajar como peluquera.

«Durante esa época conoció a Eva Perón y también a mi papá», cuenta María del Carmen. Era un argentino que había viajado a conocer su tierra natal. Se casaron en Pontevedra y en 1949 Dolores se embarcó hacia la Argentina con su título de enfermera diplomada. Tras unos años en San Carlos de Bariloche, donde enviudó a los veintiocho años, un contacto con un funcionario provincial la impulsó a radicarse en un Neuquén desértico en 1956, «muy distinto al que es ahora».

Aquel Neuquén de mediados de los años cincuenta era un pueblo de calles de tierra y servicios de salud escasos. Al ingresar a la Gobernación en el área de Asistencia Social, Dolores se convirtió en la única enfermera del sector, asumiendo tareas complejas.

«Como era la única le daban todos los enfermos que tenían que ser trasladados», explica María del Carmen. «Se los daban a ella para que los llevara a Buenos Aires en el tren. El viaje era de 20 horas más o menos», rememora. Ella lo recuerda porque la acompañaba. “Yo era también una pequeña enfermera porque me había enseñado a hacer un montón de cosas y por ahí en algunas cosas le ayudaba”.

El registro de pacientes de Doña Loli.

En Buenos Aires, la ambulancia de Neuquén las esperaba para distribuir a los pacientes en los nosocomios, de la misma forma que luego regresaban a Neuquén acompañando a quienes recibían el alta. Doña Loli también fue protagonista de los primeros vuelos sanitarios provinciales junto a recordados pilotos trasladando pacientes graves. «Te juro que me acuerdo de los avioncitos y ahora me da escalofríos», dice entre risas. «Eran de papel en aquella época», recuerda.

Fue en el 62 cuando Doña Loli comenzó a vincularse con Amaranto Suarez, referente vecinal de Villa María. «Él impulsó la creación de la primera salita periférica de intención, ahora el centro de salud del barrio. Estaba en Fava y San Luis, no donde está ahora», relata María del Carmen. Así, Suarez convocó a Dolores para ponerse al frente.

El lugar contaba una galería y cuatro habitaciones que albergaban los consultorios. Además tenía un salón multiuso y una pequeña pieza al fondo que se transformó en una vivienda para ambas. Doña Loli no solo atendía consultas y aplicaba vacunas, sino que asumió un rol multifacético como asistente social y gestora comunitaria.

Consiguió que desde la antigua cárcel del centro de Neuquén se elaboraran viandas de comida para dar de comer diariamente a cerca de 180 niños y niñas en la galería de la salita. Además, gestionó docentes para dar clases de apoyo, impulsó la llegada el gas natural al barrio y participó junto a los vecinos en la forestación de la zona. Todo mientras se encargaba de la salud de los vecinos y vecinas.

Los niños y niñas que llegaban al centro para comer.

Doña Loli atendía consultas, realizaba curaciones, distribuía medicamentos y leche y hasta visitaba a los pacientes en sus propios domicilios para hacerles el seguimiento. «Lo que lo que yo recuerdo de ella era que nunca cerraba la puerta«, dice su hija. «Siempre la puerta de la calle estaba abierta. La gente llegaba a cualquier hora y ella estaba lista para atenderlos«, señala.

El trabajo de la primera enfermera de Villa María se caracterizó por una entrega absoluta que desconocía los límites. En una época en que el río Limay se desbordaba y las inundaciones anegaban las calles del barrio Villa María obligando a los vecinos a trasladarse en bote, ella caminaba entre el agua para asistir a los damnificados.

El registro minucioso de cada atención en un grueso cuaderno espiralado redactado de su propio puño y letra era su mayor aliado. «Yo le digo su vieja computadora. Anotaba todo lo que había hecho en el día. Hora por Hora. Después lo llevaba a Casa de Gobierno y se lo firmaba el doctor Castro Rendón».

Con el paso de los años y tras atravesar una importante cirugía que le dejó severas secuelas físicas y una hemiplejia, Doña Loli tuvo que alejarse temporalmente de la actividad formal. Viajó a España para reencontrarse con sus raíces y regresó a Neuquén a pie para instalarse definitivamente en una humilde vivienda del barrio que la vio entregar su vida.

María del Carmen.

A pesar de estar en edad de jubilarse, jamás interrumpió su vocación de servicio ni el lazo con los vecinos, quienes siguieron acudiendo a su casa en busca de auxilio o de inyecciones a cualquier hora.

«Si un vecino necesitaba una inyección cada ocho horas, salía a cualquier hora de la noche en su ciclomotor para cumplir puntualmente con el tratamiento», recuerda María del Carmen quien la acompañaba en todas sus travesías. «Era una heroína anónima, una luchadora incansable que trabajó por los demás”.

Hasta sus últimos días Doña Loli permaneció profundamente ligada a la comunidad que la vio cuidar, curar y acompañar a tantas familias. Falleció en Neuquén en el año 2005, a los 79 años, en aquella misma casa donde siempre mantuvo sus puertas abiertas para quien lo necesitara.

Para María del Carmen, el recuerdo de acompañar a su madre en sus días mas atareados desde chica sigue intacto en la memoria y en el corazón. Sin embargo, no es la única que reconoce toda su trayectoria. Mónica Navarrete, licenciada en Enfermería es directora del Centro de Salud de Villa María desde el 2018 y su vinculo con Doña Loli comenzó cuando intentaba rastrear el origen de la atención sanitaria en el barrio para redactar un ensayo académico.

En medio de su investigación, chocó con una mujer nacida en Marruecos que había sido la primera cuidadora diplomada del sector, una figura que parecía mítica y cuya huella solo permanecía viva en el recuerdo de los vecinos más antiguos. «Quede fascinada», dice. «Fue una mujer pionera, luchadora, emprendedora. Empecé a encontrar mucho material pero necesitaba hablar con algún allegado», expone.

Tiempo después, de manera totalmente inesperada, una llamada telefónica cambió el rumbo de las cosas. María del Carmen, tras enterarse por intermedio de una profesional de la salud sobre el trabajo de investigación que Mónica había iniciado, se contactó con ella para reunirse.

Mónica Navarrete.

En ese encuentro, la hija de Doña Loli puso sobre la mesa un tesoro histórico incalculable: fotografías, documentos de época y los antiguos reportes de enfermería escritos de puño y letra por su madre. Ver la caligrafía original y escuchar los testimonios en primera persona la emocionaron.

Allí, Carmen le contó que quería homenajear a su madre de alguna manera. «Yo solo quería que la gente supiera quién había sido mi mamá y todo lo que hizo por este barrio«. Así, con la colaboración institucional de Mónica presentó ante el Ministerio de Salud la propuesta para que el CAPS Villa María pase a llevar oficialmente el nombre de Dolores Bozada Paredes. Un hecho que concretará tras la ampliación del espacio.

De esta forma, Mónica y María del Carmen no solo rescataron del olvido la historia de la primera cuidadora del barrio, sino que tendieron un puente de memoria y vocación entre la primera enfermera de Villa María y quienes hoy continúan con su misión de velar por la salud comunitaria.


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