Menos estaciones, más riesgo: advierten sobre la fragilidad de la red meteorológica
Un informe del meteorólogo Enzo Campetella alerta sobre el impacto que podrían generar los recortes de personal y la baja densidad de estaciones meteorológicas en el país. Río Negro y Neuquén aparecen entre las regiones con una cobertura frágil.

La meteorología suele volverse visible cuando ocurre una tragedia. Una tormenta inesperada, un temporal de nieve, inundaciones, incendios o vientos extremos ponen en primer plano algo que normalmente pasa desapercibido: la capacidad del Estado para observar el clima en tiempo real y anticiparse a los fenómenos.
Un informe elaborado por el meteorólogo Enzo Campetella pone el foco sobre un problema estructural: la debilidad de la red meteorológica argentina y el impacto que podrían generar los recortes de personal y recursos en un sistema considerado estratégico para la prevención y la gestión del riesgo. El dato central del trabajo es contundente: en Argentina, la red de observación tiene una densidad muy baja en comparación con otros países. Existe apenas una estación meteorológica cada 15.888 kilómetros cuadrados.
El especialista advierte que, sin datos meteorológicos continuos y confiables, se debilitan las políticas de adaptación y gestión del riesgo climático. La reducción de personal y de estaciones limita la capacidad de monitoreo, prevención y respuesta ante fenómenos extremos. Por eso, sostiene que la observación meteorológica debe ser considerada infraestructura crítica y que invertir en estaciones y sistemas de monitoreo no solo mejora los pronósticos, sino que también protege vidas, economías regionales y el futuro del país.
Campetella analizó las medidas impulsadas por el Gobierno nacional y las comparó con lo que ocurre en otros países frente al avance de la tecnología y de las estaciones automáticas. “Lo que hicieron fue sumar, no restar. Si se quiere modernizar el Servicio Meteorológico, tendrían que mantener las estaciones con personal las 24 horas, porque son estaciones de referencia, eso pasa en todo el mundo, y sumar además estaciones automáticas. Lo que se hizo fue echar gente, pero no comprar una sola estación nueva. Entonces no se entiende dónde estaría la modernización”, afirmó.

Los números muestran con claridad esa diferencia. España posee una estación cada 562 kilómetros cuadrados. Reino Unido, una cada 609. Estados Unidos, una cada 819. Incluso Chile, con una geografía extensa y compleja, registra una cobertura mucho mayor.
Según el informe, Argentina tiene una red 11 veces menos densa que la de Chile. “Chile tiene una estación cada 1.375 kilómetros cuadrados y Argentina una cada 15.888 kilómetros cuadrados. Brasil tiene unas 1.000 estaciones y un territorio mucho más grande que Argentina, pero aun así posee una estación cada 8.228 kilómetros cuadrados. O sea, en proporción a la superficie, tiene el doble de estaciones que Argentina”, explicó.
“Tanto las estaciones automáticas como las estaciones con personal son vitales en meteorología porque aportan el dato real. Mucha gente dice: ‘Bueno, pero eso lo ves en Windy’. Windy es una herramienta muy buena, pero brinda información basada en modelos meteorológicos. Lo que muestran la mayoría de esas aplicaciones son salidas de modelos, no el tiempo real”, sostuvo.
Explicó que el tiempo real lo muestran las imágenes satelitales y, sobre todo, la red de estaciones meteorológicas. Y agregó que esos datos son uno de los insumos básicos para que los modelos meteorológicos puedan procesar ecuaciones y pronosticar las condiciones futuras del tiempo, incluso con varios días de anticipación.
En Río Negro y Neuquén
Patagonia aparece como región críticas donde la cobertura meteorológica resulta todavía más importante debido a las distancias, la complejidad geográfica y la exposición climática.
Campetella explicó que Río Negro y Neuquén tienen una densidad muy baja de estaciones dentro de la red del Servicio Meteorológico Nacional. Neuquén cuenta con una estación en Chapelco y otra en el Aeropuerto Internacional de Neuquén. Después existen algunos aeropuertos provinciales, pero que no forman parte de la red nacional. En Río Negro hay estaciones en el aeropuerto de Bariloche, Río Colorado, Viedma, San Antonio Oeste, Ingeniero Jacobacci, Maquinchao y El Bolsón. Sin embargo, no todas tienen el mismo régimen de observación. Algunas, por ejemplo, no reportan durante la noche.

“Hay una comparación que me parece muy interesante para entender esto, sobre todo pensando en Río Negro y Neuquén. Tomemos el caso de Corea del Sur. Tiene una superficie equivalente a la mitad de la provincia de Río Negro, o sea que Río Negro es dos veces Corea del Sur. Sin embargo, Corea del Sur tiene 97 estaciones con observadores, 477 estaciones automáticas, 11 radares y cinco estaciones de observación en altura. En total, cerca de 600 estaciones más radares”, detalló y comparó esa situación con Río Negro y Neuquén juntos, que no llegan a tener diez estaciones dentro de la red nacional.
En provincias atravesadas por incendios, nevadas intensas y fuertes vientos, contar con datos en tiempo real es fundamental. “Son muy importantes para construir estadísticas a largo plazo y establecer parámetros climáticos. Si bien también sirven como insumo para los pronósticos, no es que un pronóstico vaya a cambiar radicalmente por un dato más o menos en un día. Pero el valor más importante de esos datos es histórico: permiten entender cómo cambia el clima en una región”, explicó.
Cuantos más años de datos continuos se obtengan, mejor se puede conocer el territorio. Campetella señaló que para construir un mapa meteorológico preciso, es necesario saber qué ocurre no solo en la provincia, sino también en Chile, en el océano Pacífico y en otras regiones. Por eso existe la Organización Meteorológica Mundial, donde todos los países intercambian información.
Y destacó otro dato relevante: la actual secretaria general de la Organización Meteorológica Mundial es argentina. Celeste Saulo es la primera mujer en ocupar ese cargo. Fue directora del Servicio Meteorológico Nacional y profesora de Ciencias de la Atmósfera en la UBA. “Entonces, cuando algunos dicen que Argentina no está al nivel de otros países, eso no es cierto. Argentina tiene meteorólogos de primer nivel y profesionales reconocidos internacionalmente”, señaló.

Respecto de los sectores productivos más afectados por la falta de observación meteorológica, mencionó el caso de Vaca Muerta. “No hay estaciones del Servicio Meteorológico Nacional cubriendo esa zona. La más cercana es la del aeropuerto de Neuquén o, si no, Malargüe, en Mendoza. Después existen estaciones privadas o provinciales, pero muchas no están integradas a la red nacional”.
“Esto no cambia directamente el pronóstico del día siguiente, pero sí genera enormes vacíos de información para conocer el clima regional y tomar decisiones a futuro. Y si me preguntás qué lugares de la Patagonia norte serían prioritarios para ampliar la cobertura meteorológica, la respuesta es simple: todos”.
Para Campetella, cuantas más estaciones se sumen y permanezcan activas en el tiempo, más precisos serán los estudios climáticos y, eventualmente, los pronósticos locales. “Instalar una estación hoy no significa obtener resultados inmediatos. Los beneficios llegan con los años, cuando existe una base de datos sostenida y procesada. Ahí empezamos a entender realmente cómo funciona el clima de cada lugar”, concluyó.
Conclusiones y recomendaciones
- Una red meteorológica débil aumenta los riesgos y los costos en distintos sectores clave.
- Menos estaciones implican menor capacidad para detectar y anticipar fenómenos severos.
- La falta de datos afecta las alertas tempranas y puede generar mayores daños y pérdidas.
- En agricultura, reduce la posibilidad de monitorear lluvias, humedad y temperaturas con precisión.
- La escasez de información climática incrementa la vulnerabilidad productiva frente a sequías y eventos extremos.
- En aviación y transporte, los pronósticos menos precisos afectan la seguridad y elevan costos operativos.
- El sector energético y la infraestructura quedan más expuestos a tormentas, nevadas y fuertes vientos.

La meteorología suele volverse visible cuando ocurre una tragedia. Una tormenta inesperada, un temporal de nieve, inundaciones, incendios o vientos extremos ponen en primer plano algo que normalmente pasa desapercibido: la capacidad del Estado para observar el clima en tiempo real y anticiparse a los fenómenos.
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