«No tenemos CV»: rechazaron el mandato corporativo y fundaron Fera, una editorial que solo publica mujeres

Luego de recibirse como administradoras de empresas, Mara Parra y Victoria Benaim construyeron un emprendimiento propio que unió diseño y literatura. Una historia de esfuerzo y perseverancia.

Por Elena Egea

«No tenemos currículum porque nunca buscamos trabajo«, confesó Mara Parra. «Con el título en mano, lo que hicimos fue empezar a pensar en qué podíamos hacer«, completó Victoria Benaim. Juntas, crearon Fera, una editorial independiente que desafía la era digital, emplea a once personas y mantiene una bandera firme: visibilizar a las mujeres autoras. A pesar de los pronósticos que auguraban el «fin del papel», lograron consolidar un negocio sustentable e invitan a otros a emprender.

Sostener esa estructura y esa mística en un contexto de incertidumbre requirió mucha paciencia, pero sobre todo, una sintonía compartida. Cuando eran chicas, uno de los momentos favoritos de Mara y Victoria era comprar los útiles para la escuela: entrar a la librería, sentir el olor al papel, tocar las tapas de los cuadernos y las hojas. Aunque parece la descripción de dos hermanas, no lo son. Se conocieron recién en la universidad. Cada una hizo su propio recorrido académico hasta que una materia las encontró: «Emprendimientos«.

Allí comenzó a gestarse Fera, la editorial independiente que combina arte, diseño y literatura para reivindicar a las mujeres escritoras.

De la facultad a la empresa: WildNotes, su primer emprendimiento


Mara Parra y Victoria Benaim estudiaban Administración de Empresas. El primer plan de negocios que las unió no tenía nada que ver con el papel ni con las librerías: diseñaron una empresa de niñeras a domicilio. El proyecto fue tan sólido que ganaron el premio a la mejor propuesta de su camada y terminaron siendo ayudantes de cátedra de la materia.


Más allá del rubro, esa experiencia fue la revelación de que podían ser socias. Descubrieron que se complementaban, que compartían un “gen” emprendedor heredado de sus familias y, sobre todo, que tenían una fuerza interna que las alejaba del destino corporativo que recorrieron el resto de sus compañeros.


Algo les decía que tarde o temprano tendrían su propia empresa. Ni bien se graduaron, comenzaron a “cranear” su emprendimiento. Primero fundaron WildNotes, una papelera creativa. Ambas se consideran “unas nerds”, de aquellas que en la infancia andaban siempre con su cuaderno o el diario íntimo y, ya en la adolescencia, la agenda. Ese es el espíritu que querían transmitir, pero para un público adulto.


«Buscábamos un objeto que diera un soporte inspirador. Nuestras agendas retoman un poco ese espíritu de la Pascualina, ese lugar para anotar tus ideas, tus responsabilidades y resaltar, que no es lo mismo que hacerlo en un Google Calendar», remarcó Victoria.


Frente a los pronósticos que vaticinaban el “fin del papel”, Mara y Victoria se mantuvieron fiel a su intuición. Lograron superar los primeros tres años, crecieron de forma lenta y sostenida durante 13 años, y pasaron de ser un monotributo a una estructura que hoy emplea a once personas.


Hasta llegar a ese punto, tuvieron que hacer «muchos sacrificios» y tolerar la frustración, sobre todo cuando se comparaban con sus compañeros de la facultad. “Los primeros años, muchos amigos nos preguntaban: ‘Che, ¿cuándo te vas a poner a laburar en serio?’», relató Mara. Victoria también recordó aquel contraste: «Los otros ya tenían un box en una oficina con una computadora y nosotras no teníamos nada».


Los comentarios no las desalentaban. “Estábamos dispuestas a hacer sacrificios, porque después dio sus frutos. Tener tu propio proyecto te da mucho orgullo y libertad”, enfatizó Mara. “No hay duda de que las dos dejamos todo en el proyecto, le ponemos todo el alma y la cabeza a Fera porque queremos seguir creciendo”, añadió Victoria.

El salto a los libros: cómo nació Fera



Pero, ¿cómo pasaron de WildNotes a Fera? Según las emprendedoras, ocurrió cuando el contenido empezó a desbordar el soporte. Sus agendas y cuadernos ya no solo servían para anotar, sino que estaban repletos de citas y frases de autores. «Nuestros productos tenían mucho contenido y el libro era el paso siguiente», señaló Mara.


Sin embargo, el empujón definitivo fue un revés académico, cuando rechazaron a Mara para una maestría de Escritura Creativa. Canalizó esa energía en un curso de Gestión Editorial y, para el trabajo final, diseñó su primer libro: una guía cultural de Buenos Aires.

“Nos gustó tanto la experiencia de escribirlo, contratar ilustradores, chequear fuentes y trabajar con editores que no paramos más”, resaltó Mara. Allí comprendieron que el nombre WildsNotes, asociado puramente a la papelería, ya no representaba la nueva ambición del proyecto. Fera nació para englobar ese universo.


Hoy, además de una editorial independiente, Fera es un ecosistema de mujeres que inspiran a otras mujeres. Con una estructura que definen como “pulpo”, Mara se encarga de la edición de textos y la relación con las autoras, mientras Victoria lidera la pata visual y el contacto con ilustradoras. El sello se convirtió en un acto político: solo publican a escritoras. “Podríamos ser millonarias publicando clásicos de hombres como Drácula o Edgar Allan Poe, pero elegimos visibilizar solo a mujeres”, aseveró Mara.


Ese compromiso por la reivindicación de las autoras y del libro como objeto se traduce en una comunidad fiel que no solo lee, sino que participa de sus clubes de lectura y habita sus libros como rituales. Desde guías de viaje y libros de tarot que son un éxito de ventas, hasta el rescate de clásicos comentados por voces contemporáneas, Fera propone una pausa frente a la velocidad de lo digital. “Nuestra bandera es el amor por lo analógico. Creemos que es necesaria esa pausa de las pantallas”, remarcó Victoria.

Retención en Aduana y la pandemia: los momentos críticos de Fera



Las emprendedoras enviaron ánimo para aquellos y aquellas que están empezando un camino propio. Frente a un contexto de incertidumbre, señalaron que no hay momentos perfectos: siempre hay riesgo y “hay que remar mucho”, sobre todo los primeros años.

Uno de los momentos más duros fue cuando su primera importación de China quedó atrapada en la Aduana por casi diez meses: «Teníamos mucho dinero inmovilizado y a todos los clientes esperando, esa incertidumbre fue terrible», recordaron.


La pandemia volvió a tambalear la estructura de Fera, cuando cerraron los shoppings y las ventas mayoristas se desplomaron. «Decíamos ‘nos morimos’. Tuvimos que sacar herramientas de donde no teníamos e inventar recursos digitales para seguir facturando y sostener al equipo», relató Mara.

De ese obstáculo, nació la academia online y el club de lectura. «Nuestra historia implicó siempre tener mucha versatilidad. Ese es uno de los grandes activos de los emprendimientos: cómo pivoteás cuando de repente te viene un frente que no esperabas», subrayó Victoria.


Las fundadoras de Fera son el ejemplo de que la persistencia vence al escepticismo. «A veces los sueños vocacionales van a contrapelo de la época o parece que no van a ser rentables, pero si realmente lo hacés con pasión y le das el tiempo que necesita, tarde o temprano da sus frutos», remarcó Mara.

«Hay que seguir la intuición y sostenerla día a día», agregó Victoria. Ambas impulsaron a los y las emprendedoras a embarcarse en esta aventura sinuosa, pero tan gratificante.

De mapas, magas y clásicos: así se compone el catálogo

El catálogo de Fera se construyó a través de la curiosidad y el deseo. Todo comenzó con un mapa, “Buenos Aires para desarmar”, el proyecto de Mara Parra para su curso de Gestión Editorial. Pero la esencia de Fera se transmitió por completo con Mujeres Autoras, un proyecto coral donde 45 voces femeninas se unieron para rescatar a sus autoras referentes.


Esa búsqueda se diversificó pronto hacia lo místico y lo visual. Así nació Magas Ilustradas, su primer mazo de tarot: se convirtió en un éxito de ventas con más de 30.000 ejemplares y rompió fronteras al ser traducido al inglés y al francés.


Sin embargo, el gran pilar literario llegó con la colección Mujeres que leen mujeres. En estas ediciones, el libro deja de ser una pieza estática para convertirse en una conversación: autoras actuales como María Fernanda Ampuero o Esther Cross “marcan” y comentan clásicos de Virginia Woolf o Mary Shelley, permitiendo que las lectoras se sientan parte de un club de lectura íntimo y global.


Esa red de complicidades femeninas se expandió recientemente hacia el terror y lo fantástico con las antologías Dantescas y Moiras, donde el género se usa para denunciar violencias.


Hoy, el universo Fera cierra su círculo generacional con Minifera, una apuesta por las primeras infancias con libros diseñados para la etapa de 0 a 3 años. “Apuntamos a que las lectoras de Fera les compren a sus hijos o sobrinos”, señalaron.


El próximo hito es el lanzamiento de un rescate editorial de Vernon Lee (seudónimo de Violet Paget), una autora de la época de Woolf con una obra singular de ensayos y cuentos de terror.


En cuanto al futuro, Mara y Victoria no paran de proyectar. “Estamos todo el tiempo mirando a las mujeres que escriben y soñando con la idea de que puedan integrarse al catálogo. Trabajar con Tamara Tenembaum es nuestro sueño”, confesó Mara.


Fera se adapta, pero sigue una brújula propia: reivindicar a las autoras invisibilizadas. “Nuestra bandera es inspirar a mujeres a cultivar una vida creativa y lo hacemos a través de libros que funcionan como experiencias iniciáticas”, remarcó Victoria.


"No tenemos currículum porque nunca buscamos trabajo", confesó Mara Parra. "Con el título en mano, lo que hicimos fue empezar a pensar en qué podíamos hacer", completó Victoria Benaim. Juntas, crearon Fera, una editorial independiente que desafía la era digital, emplea a once personas y mantiene una bandera firme: visibilizar a las mujeres autoras. A pesar de los pronósticos que auguraban el "fin del papel", lograron consolidar un negocio sustentable e invitan a otros a emprender.

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