Pichi Mahuida se resiste a desaparecer

El paraje al norte de la provincia de

Río Negro parece olvidado en el tiempo.

Sólo hay una docena de habitantes que viven y trabajan en la desolada zona.

20 may 2012 - 00:00

RÍO COLORADO (ARC).- El paraje de Pichi Mahuida es un pequeño pueblo del norte rionegrino que a pesar de las adversidades se resiste a desaparecer.

Pichi Mahuida (Pichi: chico, Mahuida: montaña o cordillera) se originó a principios del siglo XX entre la orilla del río Colorado y las vías del Ferrocarril. Tuvo sus inicios más precisamente con el nacimiento de la estación en 1897 y actualmente sobrevive en el ramal entre Bahía Blanca y Zapala, que dejó de prestar servicios en 1993 y que hasta mediados del 2001, contó con un presidente de la comisión de fomento que era como su intendente. Está asentada al medio de los departamentos de Avellaneda y el ejido que le corresponde a Río Colorado.

Al paraje se puede llegar por distintas rutas de ripio, que en varios tramos se tornan intransitables. Por la ruta provincial 54 donde hay que recorrer 85 km, por la Ruta 22 vieja y caminos rurales donde se deben sortear 16 tranqueras de distintos campos con un trayecto de 110 km y la última es por La Pampa por las rutas 34 y 11 transitando 115 km.

Esta “Cordillera chica” tuvo su desarrollo a lo largo de varias décadas, así como casi todo lo que se fundaba al compás del tren. Algunos registros llegaron a detectar que la población alcanzó los 1.500 habitantes, más otra cifra similar de trabajadores rurales que realizaban tareas en campos cercanos entre Río Negro y La Pampa. También fue un antiguo lugar de paso comercial de aborígenes y mantuvo las mismas características en tiempos modernos. Mantuvo épocas de esplendor económico gracias a la actividad ganadera y comercial ya que varias veces a la semana se embarcaba directamente al mercado de Liniers hacienda vacuna y mayormente ovina. Se llevaban toneladas de leña, se acopiaba sal y lana entre las distintas materias primas del lugar.

Un almacén de ramos generales proporcionaba de todo lo necesario para los pobladores. Se podían comprar alimentos, trajes para ocasiones especiales y hasta un auto 0 km de aquella época. Contaban con servicio de correo, estación de servicios, teléfono público, dos escuelas y por semana hasta dos vagones descargaban sus mercaderías. Los memoriosos del lugar relatan orgullosos que “por estas vías llegaron a pasar 26 trenes diarios, seis de ellos de pasajeros con todas comodidades”.

Pero un día, durante la década del ‘90 los trenes dejaron de pasar, provocando el éxodo de muchos de los habitantes del paraje.

Actualmente Pichi Mahuida conserva la iglesia a la que cada tanto llega el párroco de Río Colorado para dar misas.

La escuela hogar que llegó a tener más de 100 alumnos, hoy continúa funcionando con un grupo muy reducido (ver recuadro aparte).

Varias de las casas pertenecientes al ferrocarril están deshabitadas y casi destruidas. En una de las construcción donde funciona la Funbapa (Fundación Barrera Zoofitosanitaria Patagónica) donde dos empleados realizan verificaciones a vehículos que pasan por el lugar rumbo a los campos de la zona. También puede verse un precario puesto policial ocupado por un solo efectivo, sin comunicación directa con los puestos superiores y sin movilidad. El único guardia permanente es reemplazado semanalmente por otro de Río Colorado o de Valle Medio.

Aún se conserva el cementerio, con medio centenar de tumbas. Y sobre la vía se pueden ver tres vagones -uno es un coche de madera para pasajeros del siglo XX, un vagón de carga y un tanque- que descansan sobre las vías como para hacerle recordar el pasado a todos aquellos que esporádicamente pasan por la zona.

Hoy con una docena de habitantes aunque no parezca, Pichi Mahuida sigue existiendo.

NEWSLETTER

Suscribite a “Noticias del día”Recibí todas las mañanas un correo con toda la información.