Qué se respiró en Neuquén este invierno: entre el humo de los incendios y la tregua de la lluvia

La directora de Clean Air Data hizo un balance del años y marcó que el peor momento se vivió en Semana Santa. De cara al inicio de la primavera, señaló que, si se cumple el pronóstico, las precipitaciones podrían ayudar a mantener condiciones favorables.

La lluvia contribuyó a limpiar el aire de Neuquén. (Foto: Matías Subat).

Este invierno Neuquén experimentó días con picos de mala calidad del aire, como en el incendio de Sakura en julio y tres momentos críticos en agosto, pero las lluvias contribuyeron a «limpiar todo». La directora de Clean Air Data, Marisa Cogliati, señaló que, si se cumple el pronóstico de precipitaciones que anticipó el Servicio Meteorológico Nacional, existen posibilidades de que la primavera sea «más o menos linda en ese aspecto».

Los monitoreos de la calidad del aire se realizan de manera conjunta entre Clean Air Data y la Universidad Nacional del Comahue. Cogliati comentó que, en lo que va de 2026, los eventos con mayor contaminación se registraron al inicio del otoño, en los primeros días de abril. Recordó especialmente los días de Semana Santa: «Esa semana yo diría que fue el evento con peor calidad del aire que tuvimos en la ciudad. Se habían sumado los incendios en Chile y, a escala regional, se sumaron fuentes externas».

En cuanto a agosto, Neuquén vivió tres episodios críticos, aunque fueron acotados en el tiempo y quedaron disimulados en los promedios mensuales. Según difundieron desde el organismo, el más intenso ocurrió entre el 15 y el 17, cuando el material particulado grueso (PM10) alcanzó un pico de 520 microgramos por metro cúbico, mientras que las partículas más finas llegaron a valores de entre 65 y 70 microgramos por metro cúbico. Luego se registraron otros dos eventos, entre el 18 y el 20 y durante el 24.

Qué se respiró en Neuquén este invierno


Las lluvias frecuentes tuvieron un efecto favorable durante el invierno. «En el momento en que llueve, limpia todo, la lluvia lava el aire. Cuando hay lluvia, la calidad del aire mejora mucho, y eso también nos ayudó”, explicó la directora de Clean Air Data. El agua también aporta peso a las partículas depositadas sobre el suelo, lo que reduce la posibilidad de que el viento vuelva a levantarlas.


Sin embargo, los incendios sumaron una fuente de contaminación. El 9 de julio se prendió fuego el local de Sakura y las ráfagas jugaron un rol clave en la dispersión del humo. «Neuquén tuvo relativamente suerte porque el viento ese día iba hacia el norte, así que se llevó toda la mala calidad del aire, la sacó enseguida de la ciudad, solamente los barrios aledaños fueron afectados ese día», comentó.

Y agregó: «A la tardecita ya cambió el viento y el humo del incendio sí afectó más zona, se fue más para el lado de Plottier. Ahí tuvimos un día donde la calidad del aire fue bastante mala».

El 9 de julio se incendió el local de Sakura. (Foto: Cecilia Maletti).


Agosto volvió a mostrar que la situación puede cambiar de manera brusca en pocas horas. Los monitoreos identificaron tres episodios complicados: entre el 15 y el 17, entre el 18 y el 20 y durante el 24. Según difundieron desde Clean Air Data, el primero fue el más intenso: el PM10 llegó a 520 microgramos por metro cúbico, mientras que el PM2,5 y el PM1 alcanzaron valores de entre 65 y 70 microgramos por metro cúbico. El monóxido de carbono, en tanto, registró un máximo de 2,3 partes por millón.


Los picos estuvieron asociados principalmente con fuentes locales y se concentraron en momentos puntuales, en especial durante la tarde y la noche. La estabilidad atmosférica redujo la dispersión y favoreció la acumulación de contaminantes cerca de la superficie.


Esa característica también quedó oculta en los promedios mensuales. El PM2,5 tuvo un promedio de 9,1 microgramos por metro cúbico y el PM1, de 6,5, valores que no reflejan por sí solos la magnitud de los momentos más críticos. Para Cogliati, observar únicamente esos promedios puede llevar a una lectura incompleta: detrás de una cifra general aceptable pueden aparecer jornadas con niveles muy elevados de partículas, capaces de afectar especialmente a quienes tienen problemas respiratorios.


En el otoño, la neblina generó períodos complejos durante mayo y junio: “Todo lo que se emite queda muy cerca de la superficie, así que esos días la calidad del aire no fue muy buena”. Explicó que eso genera una especie de techo bajo que no deja que el humo de los autos, la calefacción o la tierra escapen hacia arriba, por lo que toda esa contaminación queda atrapada cerca del suelo.
“Pero por otro lado las partículas de agua de la niebla o de la lluvia tienden a limpiar, así que fueron eventos medio cortitos, porque enseguida la misma humedad ayudó a que se fueran las partículas que estaban en suspensión”, agregó Cogliati.


Así, los monitoreos conjuntos de Clean Air Data y la Universidad Nacional del Comahue mostraron dos dinámicas diferentes: durante el otoño, la neblina y la estabilidad atmosférica favorecieron la acumulación de contaminantes cerca del suelo, mientras que en el invierno las lluvias ayudaron a limpiar el aire, aunque no evitaron episodios breves e intensos asociados con incendios y fuentes locales.

El balance confirma que los promedios mensuales no siempre permiten advertir esos cambios repentinos y que la calidad del aire de Neuquén depende tanto de las emisiones como de las condiciones meteorológicas que facilitan o impiden su dispersión.

¿Se puede percibir la calidad del aire al ver el cielo de Neuquén?


El aspecto del cielo puede ofrecer algunas pistas sobre la calidad del aire. Cogliati explicó que la visibilidad y la intensidad del color azul permiten advertir cuántas partículas permanecen en suspensión. «Cuando uno empieza a prestar atención, sale a la mañana, mira el aspecto del aire y medio que se da cuenta», señaló.

Mientras dialogaba con Diario Río Negro, la especialista se asomó a la ventana: «Entre medio de las nubes el cielo está de un celeste rabioso, cuando en Neuquén solemos tener un celeste medio apagado porque siempre hay partículas en suspensión. Cuando está el celeste así, tan fuerte, es porque está bien limpio el cielo».

La diferencia se explica por la manera en que esas partículas dispersan la luz solar. «Cuando tenemos muchas partículas, se dispersa en todas las longitudes de onda y entonces vemos el cielo medio blanquecino; cuando no hay muchas partículas, lo vemos celeste», detalló Cogliati. Así, un azul intenso puede ser señal de una atmósfera más limpia, mientras que los tonos apagados o blanquecinos pueden advertir una mayor concentración de material particulado.


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