Una amistad que salva vidas: el trasplante, después de 13 años de diálisis, que emociona a Bariloche
Pasó años conectado a una máquina y ahora, Luis espera un trasplante que le cambiará su vida. La Justicia autorizó a Celeste, su amiga, a donarle su riñón y la intervención será el 4 de junio en Buenos Aires.
«¿Me dejarías ayudarte? Quiero donarte un riñón«, lanzó Celeste esa tarde en su casa. Luis la miraba azorado. Lleva más de 13 años en diálisis y su salud se deteriora poco a poco. Ese mensaje tardó en ser procesado: su expresión pasó de la sorpresa a la emoción de saber que finalmente podría mejorar su calidad de vida. El trasplante del riñón que recibirá de su amiga está previsto para el próximo 4 de junio.
Luis Acosta tiene 38 años, es de Buenos Aires, pero vive en Bariloche desde 1999. Desde siempre se dedicó a la hotelería: arrancó como recepcionista en un hostel y pasó por varios hoteles hasta que enfermó y entró a diálisis. Ahora lleva adelante un emprendimiento de impresión en 3D.
Con solo 21 años, lo diagnosticaron con glomerulonefritis, una inflamación de los glomérulos que impide que los riñones filtren adecuadamente los desechos y el exceso de líquidos de la sangre, permitiendo el paso de sangre y proteínas a la orina.

«Empecé con síntomas raros. Los dolores en parte baja de la espalda despertaron las alarmas. Empecé con tobillos hinchados, puntitos rojos en la piernas -pequeños derrames-, entumecimiento en los músculos de las piernas. Consulté con un nefrólogo y arrancaron los estudios. Me hicieron una biopsia», contó. Al confirmar el diagnóstico, le indicaron medicación con inmunosupresores -que disminuyen el sistema inmunológico y así bajan las defensas- para que «el organismo no atacara los riñones«.
«Mi sistema inmunológico atacaba mis riñones y así se disminuía mi función renal. Mantuve los medicamentos hasta que a los 25 empecé con varios síntomas, fui a la guardia y me dijeron que me tenía que dializar», agregó.
El largo camino por la diálisis
Durante tres meses, Luis hizo hemodiálisis (se realizan sesiones en una máquina para limpiar la sangre de toxinas y exceso de líquido) hasta que pasó a la diálisis peritoneal (utiliza la membrana natural del abdomen como filtro). De esta forma, durante ocho años se dializó a diario desde su casa.
«Es mejor para el organismo, pero acarrea otras complicaciones en la vida cotidiana. No podía hacer actividad física, por ejemplo, y tuve varias peritonitis. Con la última, el antibiótico ya no me hizo efecto», relató. Una vez más, debió pasar la hemodiálisis y ya lleva cuatro años.
«El tema es que soy joven y la hemodiálisis no es lo mejor para mi organismo. Con el paso del tiempo, va generando un desgaste. Pero a la vez, al no tener el catéter en el abdomen, pude recuperar la actividad física y en estos años, conocí a Nora, mi pareja», recalcó Luis.

¿Cómo llegó a encontrar una donante? Celeste es amiga de Nora y al conocer a Luis y su largo padecer con sus riñones, sintió que podía ayudarlo de alguna manera. Compartió la idea de una posible donación en su entorno y pese a que algunos le dijeron que ‘estaba loca’, que ‘no avanzara’, decidió hacerse un estudio para conocer su grupo y factor sanguíneo que coincidió con el de Luis. Inmediatamente, pidió conocer el estado de sus riñones y supo que estaban sanos. Recién ahí, la mujer de 45 años le compartió su decisión a Luis.
«Una tarde nos invitó a merendar y ahí me sorprendió con la noticia. Fue emotivo. Para mí era difícil dejarme ayudar. Siento mucha culpa. Esto de necesitar a otra persona para recuperar la salud que perdí en diálisis. Sin un trasplante, el panorama no es muy favorable«, lamentó.
A partir de ahí, el proceso fue engorroso ya que el Instituto de Trasplante de Alta Complejidad de Buenos Aires exige muchos estudios que requieren viajar en varias ocasiones. Pero a la vez, como Celeste y Luis no tienen un vínculo familiar, el trasplante requiere autorización judicial. El caso llegó al fuero de Familia de Bariloche y tras un análisis de las pericias médicas, psicológicas y sociales, la jueza Laura Clobaz autorizó la donación.

Un año después de la decisión, la fecha del trasplante tiene fecha. La intervención será el 4 de junio, pero en los próximos días Luis y Celeste se embarcarán rumbo a Buenos Aires. Una vez que a ella le extraigan el riñón, se lo colocarán a Luis de inmediato. Siguen algunos días de internación hasta el alta y algunas semanas más -meses, en el caso de Luis- en Buenos Aires para hacer un seguimiento.
«Como tengo un órgano nuevo, para que mi cuerpo no lo rechace me van a dar una dosis alta de inmunosupresores para que ese riñón funcione como si fuera mío. Debo quedarme tres meses en Buenos Aires para ver cómo evoluciono y regular la medicación. Requiero un cuidado específico y una dieta», subrayó.
¿Cómo se prepara para el operativo que le cambiará la vida? Reconoció que siente una mezcla de sensaciones, entre miedo, felicidad e incertidumbre. Mucha esperanza también. «Me va a aumentar la expectativa de vida, voy a recuperar mi salud y proyectar para hacer cosas que hoy no puedo. Me gusta mucho jugar al paddle, pero hoy dependo del día. Muchas veces, no estoy bien físicamente. Muchas veces, no he podido viajar porque dependo de algún centro de diálisis que me reciba», señaló.
Indicó que, muchas veces, termina diálisis algo descompuesto y acalambrado. «Sucede que el trabajo que una persona hace en 2 días, con la limpieza de la sangre constante por parte de los riñones, nosotros la hacemos en 4 horas. Acumulamos muchas toxinas y así te vas limpio, pero el cuerpo se va desgastando. Es como que nosotros solo tenemos riñones cuando nos conectamos a la máquina», dijo.

Para reunir fondos y poder afrontar la estadía de Luis y Celeste en Buenos Aires, habrá dos actividades solidarias. Una noche de rock este domingo, a partir de las 21 en Bowling del Lago y una noche de salsa y bachata, a las 20. La entrada es un bono contribución.
El camino judicial para autorizar el trasplante
Desde el Poder Judicial, explicaron que la ley de trasplantes limita estos casos a vínculos familiares o convivenciales, con la intención de evitar cualquier forma de comercialización de órganos. Fuera de ese esquema, la intervención judicial resulta indispensable.
El Incucai (Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante) especificó que «los trasplantes con donante vivo sin vínculo familiar solo pueden realizarse de manera excepcional y con autorización judicial, y remarcó la necesidad de garantizar la voluntariedad, el carácter altruista y la gratuidad de la donación«. En esa misma línea, el Centro Único Coordinador de la Ablación e Implante (CUCAI) Río Negro destacó que el procedimiento debe cumplir con todos los requisitos médicos y legales vigentes.
En el caso de Luis, los estudios médicos confirmaron que existía compatibilidad con su donante y que el trasplante representaba la mejor alternativa terapéutica. También se determinó que el receptor no presentaba contraindicaciones para atravesar la intervención.
Las evaluaciones psicológicas confirmaron que ambos comprenden el alcance del procedimiento y sus riesgos. En el caso de la donante, decidió con autonomía y «sin interferencias externas». Los informes descartaron la presencia de presiones o condicionamientos que afectaran su voluntad.
Durante la audiencia judicial, Celeste manifestó que su única intención era «mejorar la calidad de vida de su amigo«. En tanto, la jueza Laura Clobaz aclaró que podía revocar su consentimiento en cualquier momento antes de la cirugía, sin consecuencias.
"¿Me dejarías ayudarte? Quiero donarte un riñón", lanzó Celeste esa tarde en su casa. Luis la miraba azorado. Lleva más de 13 años en diálisis y su salud se deteriora poco a poco. Ese mensaje tardó en ser procesado: su expresión pasó de la sorpresa a la emoción de saber que finalmente podría mejorar su calidad de vida. El trasplante del riñón que recibirá de su amiga está previsto para el próximo 4 de junio.
Registrate gratis
Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento
Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora
Comentarios