«Volver a caminar»: el proyecto solidario en Bariloche que transforma la tecnología 3D en movilidad para animales

Con el proyecto solidario "Volver a caminar", Ricardo y Ana Belén transformaron su taller de impresión 3D en Bariloche para diseñar sillas de ruedas adaptadas para perros y gatos pequeños, articulando su labor con veterinarios locales y sin fines de lucro.

Por Lorena Roncarolo

Ana Belén y Rodrigo llevan adelante el proyecto "Volver a caminar". Foto: Chino Leiva

Ana Belén y Rodrigo llevan adelante el proyecto "Volver a caminar". Foto: Chino Leiva

En 2016, Ricardo y Ana Belén impulsaron un proyecto de impresión 3D en Bariloche, enfocado en la oferta de llaveros y accesorios. Sin embargo, pronto descubrieron que la tecnología podía convertirse en un motor creativo y solidario. Ese mismo año incursionaron en la modificación de una ecografía de una madre no vidente, dándole relieve con la forma del bebé para que, de esta forma, la mujer pudiera palparlo con sus sentidos.

La pareja se autodefine como «bichera» y como tal, ya han rescatado, al menos, a tres perros y tres gatos. En este tiempo, se fueron encontrando con historias fuertes que los interpelaron a buscar la manera de ayudar a algunas mascotas con problemas de salud, a través de su emprendimiento. Así decidieron abocarse a la fabricación de férulas y «carritos» para perros y gatos sin movilidad. El proyecto que llevan adelante ad honorem se llama «Volver a caminar».

«Nos encantan los animales y se nos ocurrió armar sillas adaptadas en 3D para animales con problemas de movilidad. En suma, se trata de poner la tecnología al servicio del cariño. De esta forma, podemos cambiarle la vida al animal y a su familia», definió Ricardo Rodríguez.

Incursionaron en la impresión 3D en 2016. Foto: Chino Leiva

Todo comenzó en una jornada de Año Nuevo, cuando la pareja adoptó a una gata de apenas dos meses que tenía un problema en sus patas traseras. La encontraron en Mitre y Frey. «Pensamos que, a futuro, tendría problemas para moverse y buscamos en internet qué opciones había. Los carritos no se fabricaban en el país. Se podían comprar en el exterior, pero con un alto valor en dólares -que alcanzaba los 40 y 50 dólares, en algunos casos-«, contó Ana Belén Mennichelli.

La pareja comenzó a preguntarse cómo eran los carritos y así empezaron a rastrear fotos de distintos modelos en internet. «En seguida, supimos que los podíamos fabricar y a un bajo costo. Con unos 15 mil pesos, podíamos armarlos. Nos centramos en gatos y perros pequeños y medianos», advirtió Ricardo. Sucede que para los animales grandes, se suelen utilizar estructuras que se pueden hacer con cañería de PVC, como la de agua (caño, codos, uniones). «En el caso de los animales pequeños -acotó- se complica la fabricación. Ahí es donde cuesta que los tutores consigan una solución y a donde decidimos enfocarnos para aportar la ayuda».

«Somos bicheros», admitió Rodrigo. Foto: Chino Leiva

En el caso de las férulas, en cambio, la pareja de Bariloche se adapta a cualquier tamaño.

Las primeras pruebas las hicieron con sus propias mascotas: «A veces, nos miraban como diciéndonos: ‘Basta’«, expresó Ana Belén risueña.

Tiempo atrás, una familia les solicitó un carro para «Coco», un perro sin movilidad en sus piernas traseras. Por ende, se arrastraba. «Le pedimos más información a los tutores y nos contactamos con el veterinario para conocer qué recomendaba. Finalmente, pedimos la medida ideal de la altura y el espesor del ancho del carro y, pedimos más información sobre la casa», comentó la mujer. La entrega del carro fue emocionante, admitieron, no solo por la alegría del animal al recobrar movilidad sino también la de sus dueños al verlo caminar y correr.

El trabajo se consensúa con los veterinarios. Foto: Chino Leiva

Ante cada nueva demanda que aparece, la pareja «siempre consulta con los veterinarios» porque son conscientes de que pueden «suscitarse situaciones en las que los carritos terminen dañando». Recordó el caso de un perro que tenía algo de movilidad en las piernas y solo necesitaba más estimulación. El veterinario, en este caso, sugirió otro tipo de terapia alternativa.

La iniciativa solidaria se fue difundiendo del boca en boca y hoy, la pareja recibe una gran cantidad de pedidos a los que tratan de dar respuestas lo antes posible. «Nos abocamos a un caso a la vez y tratamos de ajustar cada demanda a las de nuestros clientes. Tratamos de hacer los pedidos lo más rápido que podemos y darles prioridad para que los animales no pasen meses esperando. Nunca pasa más de una semana para darle posibilidad a otros casos», remarcó Ricardo.

El trabajo se consensúa con los veterinarios. Foto: Chino Leiva

En la vorágine del día a día, no llevan la cuenta de cuántos dispositivos han fabricado hasta el momento. «Muchas veces, la gente nos quiere pagar los carritos y, lo cierto es que hoy, podemos solventarlos con nuestro emprendimiento. No queremos lucrar con esto. En esos casos, sugerimos que colaboran con alguna organización», dijo Ricardo.

Ana Belén destacó que «cada pieza se diseña desde el cuidado. Al carrito de Coco, por ejemplo, le decoramos su nombre para que quede bien personalizado. Son detalles mínimos».

No llevan la cuenta de la cantidad de dispositivos que han diseñado. Foto: Chino Leiva

Avances tecnológicos

El veterinario Nicolás Ghiglione recalcó que ante ciertas lesiones traumatológicas o neurológicas, muchas veces las cirugías no bastan. En algunos casos, ni siquiera están indicadas. «En ciertas lesiones medulares, se sabe que, pasado cierto tiempo del trauma, ya no hay chances de recuperación posible, por lo que no se indica la cirugía», advirtió.

Con los carritos o las férulas, muchas veces se les brinda a las mascotas la oportunidad de poder desplazarse y, de esta forma también, aumenta el bienestar. «Ricardo y Ana Belén brindan soluciones con sus productos. Pero además, se basan en la recomendación del profesional lo que resulta fundamental», acotó.

Ana Belén y Rodrigo llevan adelante el proyecto «Volver a caminar». Foto: Chino Leiva

Comentó también que hoy, muchos traumatólogos veterinarios «imprimen en 3D los huesos a reparar en tamaño real, desde las imágenes de resonancias y tomografías 3D, para decidir el mejor implante, moldearlo y ganar tiempo en la cirugía».

La pareja adoptó tres gatos y tres perros. Foto: Chino Leiva


En 2016, Ricardo y Ana Belén impulsaron un proyecto de impresión 3D en Bariloche, enfocado en la oferta de llaveros y accesorios. Sin embargo, pronto descubrieron que la tecnología podía convertirse en un motor creativo y solidario. Ese mismo año incursionaron en la modificación de una ecografía de una madre no vidente, dándole relieve con la forma del bebé para que, de esta forma, la mujer pudiera palparlo con sus sentidos.

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