Somatoplastia
Columna semanal
PALIMPSESTOS
“¿Y eso con qué se come?”, me dirás, y me darás el pie para hacer valer mi pseudo erudición y hablarte de la etimología de las palabras y bla, bla bla. No haré eso, simplemente la palabra hace alusión a la modificación de los cuerpos por medio de la cirugía plástica y estética. Algunos distinguen ambas, y señalan que la primera busca reparar daños en los cuerpos (casos de quemaduras, accidentes, etc.) y la última provoca modificaciones para mejorar la belleza de los mismos. Aunque si vemos algunos cuerpos sometidos a cirugías estéticas podemos pensar que en muchos casos el concepto de belleza es bastante variable entre las personas.
Argentina figura entre los diez países donde mayor cantidad de cirugías estéticas se realizan, si bien el número de hombres aumenta con el tiempo, es claro que la mayoría de las intervenciones pertenece a las mujeres. De acuerdo con las estadísticas en la actualidad son más numerosas las liposucciones que las cirugías de implantes mamarios, luego le siguen en orden de preferencia femenil las de párpados y contornos de ojos, más atrás la de modificación de la nariz y finalmente los glúteos.
Pero más allá de los porcentajes, someter el cuerpo a cirugías estéticas es una tendencia mundial y ya una realidad cotidiana: ¿quién no tiene una novia, esposa, amante, amiga, pariente y demás que no se haya realizado una cirugía plástica? Esta realidad cotidiana también ingresa al mundo de la literatura, no podía ser de otra manera. En una novela del 2013, “Clínica jardín del este”, la escritora y periodista chilena Elizabeth Subercaseaux narra el desfile por el centro médico de una gran cantidad de personajes de la alta sociedad chilena, quienes recurren a las cirugías para llenar el vacío mundo en el que viven.
Las corrientes de pensamiento feminista tienen posiciones encontradas con respecto a la somatoplastia. Una posición considera a la posibilidad de modificar los cuerpos como un medio opresor que normaliza a las mujeres a través de sus figuras; esta normalización proviene de una matriz machista que establece cómo debe ser el cuerpo femenino en la sociedad. La otra visión concibe a la cirugía como un medio liberador ya que son las mujeres las que deciden lo que quieren hacer con su cuerpo. Detrás de esta tensión es evidente que el problema de fondo tiene que ver con la identidad.
“Sin tetas no hay paraíso” es una novela del colombiano Gustavo Bolívar que retrata la ambición de una niña para abrirse paso gracias a su belleza y sus implantes en el lujoso mundo de los carteles de la droga. La adaptación televisiva convirtió a la historia en un éxito en Latinoamérica y España.
El español Andrés Barba es uno de los narradores jóvenes que ya cuenta con una obra sólida y singular. Muchos de sus personajes padecen ciertas patologías físicas o mentales como puede ser la obsesión enfermiza por las cirugías, el retraso mental, parálisis corporales, etc. Sobre ellos Barba enfoca su lente y disecciona en forma meticulosa sus sentimientos, sus ideas, miedos, deseos, sus taras.
En dos relatos trata el tema de la cirugía estética y los lleva a una dimensión hiperbólica. Dos mujeres que trabajan con sus cuerpos; una, Beti, es bailarina en un cabaret, la otra, Mónica, actriz de cine porno. Beti está a punto de realizarse una nueva operación y así la ve el narrador: “…el perfil de Beti; un perfil al borde de la desintegración más absoluta; los párpados, los pómulos, los labios, todo en ella ha sido modificado, operado, intervenido casi una decena de veces”. Mónica no se queda atrás, tiene, entre tantas cirugías, cuatro de pecho que por su tamaño apenas la dejan respirar, una de labios, una supresión de costillas y otra de pómulos. No conforme con esto y en un alarde de paroxismo quirúrgico decide operarse para ponerse en el medio de la frente un cuerno. Ambos cuentos trabajan sobre esta pulsión descontrolada y exploran mediante la ficción el mundo cada vez más amplio de las cirugías estéticas
Néstor Tkaczek
ntkaczek@hotmail.com