“¿Sorpresa?”
Hay quienes han manifestado sorpresa ante el cambio de posición de la presidenta y sus funcionarios, en el término de cuatro días, ante la muerte del fiscal Nisman, afirmando que fue un suicidio y luego un crimen. Acotemos que la mandataria cuando habló de suicidio lo puso con signos de interrogación. No hay sorpresa, es la forma habitual de reaccionar del gobierno ante hechos que lo incriminan. La afirmación del suicidio fue parte de la estrategia inicial, intentando desacreditar a quien ya habían silenciado para siempre y, hablando de una conspiración, que con su denuncia pública buscaba cargar a la presidenta y otros el cargo de encubridores de los responsables del criminal atentado a la AMIA. En esa conspiración participaba hasta el hombre invisible que está en todos lados y nadie puede verlo, excepto el gobierno, el infaltable Magnetto. Como esa estrategia comenzó a caerse ante las dudas sobre el suicidio –al ponerle la presidenta interrogante en su carta sobre esta forma de muerte, dejó abierta la puerta para otra estrategia– ahora afirman que fue asesinado y responde a una conspiración de los servicios de inteligencia. Lo extraño es que, desde hace casi doce años, estos servicios fueron un instrumento del gobierno, que utilizó para espiar, presionar y amenazar a quienes denuncian los actos de corrupción de los funcionarios y sus amigos. Emilio Zuccalá DNI 4.492.678 Buenos Aires
Emilio Zuccalá DNI 4.492.678 Buenos Aires